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Con tal de verte volar, de Miguel Gene

Con tal de verte volar

Con tal de verte volarEn mi calidad de outsider tengo que decir que no conocía a Miguel Gene y que he leído este libro atraída por el título y la siguiente frase que aparece en la contraportada: “Escribo este libro porque no sé fabricar bombas nucleares y, después de todo, algo tendré que lanzarte.” Me gusta el título porque yo soy de altos vuelos, soy una mujer-árbol-mariposa y tengo cuentas pendientes con el cielo. Me gusta la frase que os he copiado porque me atrae la gente directa. Además, puestos a elegir, mucho mejor lanzar versos a la gente que andar lanzado bombas nucleares, donde va a parar.

Si seguís habitualmente las redes sociales de este círculo de la nueva hornada de poetas probablemente os suene el nombre de este escritor. Si no estáis muy puestos, ya os lo explico yo. Miguel Gene es George Mihaita Gane, un joven nacido en Rumanía en el año 1993. Desde el 2002, año en que él y su familia emigraron a España, reside en Madrid. Empezó pronto a interesarse por la poesía y ha participado en varios proyectos literarios, revistas y talleres. Es en las redes sociales donde Gane expone pincipalmente su poesía y, gracias a ellas y a sus seguidores, algunos de sus poemas han adquirido cierta fama y supongo que, gracias a ellas también, Con tal de verte volar ha sido a la luz. Lo cierto es que solo hay que poner su nombre en el buscador de Google para darse cuenta de que tiene bastante actividad en Internet. Es un debate todo este tema de Internet y los artistas, ¿no os parece? Muchos de ellos han salido de ese mundo y prácticamente le deben todo a las redes sociales. Supongo que hoy en día es lo normal y que cada vez lo será más. Lo cierto es que Internet es una de las principales fuentes de promoción y el trampolín a la fama de mucha gente desconocida. En mi opinión, esto tiene sus partes buenas y malas, pero ese asunto ya lo dejamos para otro día.

No sé si Con tal de verte volar es un libro de amor o desamor, aunque quizás eso no importe mucho. Lo que sí sé es que el poeta estuvo (está) profundamente enamorado y este es un homenaje a un amor ya perdido, pero no olvidado. Como os decía, no sé si hay más amor entre sus líneas que desamor, es difícil saberlo cuando estos dos términos tan opuestos se mezclan y confunden en la poesía. No hay amor sin desamor y viceversa. Al menos Miguel Gene lo tiene claro: él solo quiere verla volar. Es una actitud bonita frente a un desengaño. También es cierto que el autor es muy joven (tan solo 23 añitos) y que en ocasiones su visión del amor me ha resultado demasiado idílica. Ya sé que me vais a decir, “que el amor no tiene edad”, “que cada persona es un mundo”. Lo sé, lo sé. Pero ese amor se me antoja demasiado fantasioso, aunque no por ello bonito.

Este poema me parece que condensa la esencia de Gene y de este poemario:

“Estás loca.

Hay que estar realmente loca

para querer perder la cabeza

de esa forma tan auténticamente salvaje

con alguien

o por alguien

que no es capaz de cuidar la suya propia.

 

Eres

valientemente suicida,

atrevidamente kamikaze,

y lo único que te atrae de la vida

es estrellar tu muerte contra el amor

de algo

o de alguien.

Querer es mucho más importante

que las consecuencias.

 

Y qué guapa estás

sonriendo a pedazos;

y qué idiota fui

al querer reconstruirte.”

Un amor loco, casi adolescente y excesivo. Un amor que pide todo y nada a la vez. Un amor que lo tiene todo y al segundo se queda en nada. Así es este amor: efímero y duradero. Gene sabe lo que hace, sabe lo que quiere transmitir, es bueno con las palabras y parece que los versos son su mejor forma de expresión. Habrá que estar pendiente de lo que escriba en un futuro, a ver con qué nos sorprende.

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Un comentario en “Con tal de verte volar, de Miguel Gene

  1. Decepcionantemente meloso, amor objetado y transfigurado, antropomorfizado de una manera racionalmente desagradable. No pude terminarlo, su lectura me resultó un yerro atentando contra el sentido crítico de las emociones. Gane (el autor) sabe entrelazar las palabras y darles coherencia estructural, sin embargo eso no lo hace bueno. Le falta crítica y autocrítica. Le sobra entrega, servilismo y autosometimiento.

    La degradación del hombre por sí mismo, el mártir, la autonegación emocional individual de los canales perceptivos y los sentidos como primer plano para la sensibilización de el exterior. No es una lectura seria, más bien mera utopía, mercancía de cajón.

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