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Diez mujeres

Diez mujeres

Diez mujeres, de Marcela Serrano

Diez mujeres

Cuando hablamos, necesitamos que nos escuchen, que pongan atención a nuestras palabras y quizás, a veces, que se mantenga el silencio después de lo contado, de lo vivido, de lo sentido. Porque en la vida las personas necesitamos encontrar a alguien que pueda beberse nuestras palabras, degustarlas en la quietud que da no decir nada, simplemente oyendo, y mirando, sobre todo mirándonos, cuando lo que teníamos que decir ya está dicho. Y es que, en el mundo que nos ha tocado vivir, sentirnos parte de una relación es algo vital, imprescindible, lleno de esa gran magia que nos da poder hablar, poder contar lo que nos sucede, o simplemente, decir lo que nos pasa por la mente. Una tarea difícil, pero necesaria.

Diez mujeres se reúnen en una terapia de grupo para contar su vida, sus pesares, sus alegrías y, en el fondo, desnudar sus sentimientos en un ejercicio de liberación. Porque, en definitiva, por lo que todos luchamos es por romper las cadenas que nos atan fuertemente a nuestros temores.

Siempre he sentido admiración por los relatos en primera persona. Me dan la esencia que le falta a las terceras personas, me transmiten una sensación de realidad pocas veces vista y leída, y me hacen reflexionar sobre la vida que acabo de descubrir en las páginas. Así es “Diez mujeres”. Vivir la vida puede parecer sencillo, pero vivirla enfrentándote a ella ya es más complicado. Por eso, que una autora como Marcela Serrano nos permite ahondar en la vida íntima de sus personajes hace que te sientas parte de una historia que, de otro modo, no hubieras podido descubrir por tus propios medios. O a lo mejor es que, en realidad, lo que se cuenta en esta novela, en este conjunto de relatos que se unen en un eje central, es la vida de todos y cada uno de nosotros. No soy de los que opinan que haya una literatura para mujeres y otra para hombres. Creo que la literatura está al servicio de todos y cada uno de nosotros, sin hacer distinciones de sexo. Por eso, cuando me leí “Diez mujeres” la gente a mi alrededor me decía que la literatura para mujeres era siempre igual, siempre lacrimógena, siempre contando intimidades que a nadie le interesaban. Mi respuesta fue la siguiente: la literatura pertenece al momento, a un punto vital en el que necesitas cierto tipo de libros, sentirlos de una manera especial porque, para bien o para mal, te están contando algo que te sucede, que en tu interior pugna por salir y rebelarse. Y así fue cómo me sentí al abrir y posar mis ojos en las páginas que me ha regalado Marcela Serrano. Porque en realidad, se trata precisamente de eso, de hacer sentir especial a cada uno de los lectores, que puedan absorber diferentes matices, diferentes realidades, y que sean capaces de hablar durante horas de un mismo libro que, aun siendo el mismo, para cada uno de nosotros es diferente.

El mundo es algo violento, desgarrador, pero a la vez algo tierno, valiente, y lleno de una magia especial. Por eso, cuando encuentras en algún rincón de tu vida libros como “Diez mujeres” sabes que aunque se termine en un espacio corto de tiempo, su recuerdo, sus imágenes, sus vivencias, permanecerán en ti de una manera u otra, como esos posos de café que se han quedado pegados a la taza durante la noche. Porque así es contar una vida: ir bebiendo, sorbo a sorbo, el café que minutos antes desbordaba la taza y pensabas que, si no hacías nada por evitarlo, te ensuciaría el vestido tan bonito que habías estrenado. Se trata de que nos enfrentemos a la vida, y no que sólo la miremos.

Porque si nos enfrentamos a la vida, ¿acaso no podremos decir, a pesar de haber caído al suelo, que al menos lo hemos intentado?

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