
La hija del caníbal, de Rosa Montero

Opinión: Una buena historia, bien contada, que con mucho humor me ha hecho reflexionar sobre el paso del tiempo.
Querida Lucía:
Al empezar a leer esta novela de tu vida, he pensado que sería una historia divertida; y lo es, pero lo es porque tú has sido capaz de que así lo sea. Podías haber iniciado el relato desde tu infancia, pero no, tenías que empezar contando cómo pierdes a tu marido en los baños de un aeropuerto el día de Noche Vieja; lo viste entrar, le seguías con la mirada, pero nunca le viste salir. Me hiciste recordar que a mí también me aterra que antes del embarque alguien se escape de mi campo de visión. Cuando te decidiste a entrar a buscarlo el ya había desaparecido.
A raíz de este incidente he ido conociendo tu vida con Ramón, pero también que tuviste un antes y un después a tu vida junto a él.
Me ha gustado que hables en primera persona cuando intentas transmitirme tus sentimientos, pensamientos y angustias, todo eso que llevabas dentro de ti, y lo haces con tanta gracia que casi no me duelen tus tormentos; y en tercera persona cuando te sientes como si fueses la protagonista de tu propia novela.
Hay veces que creemos que llevamos una vida normal, nos acomodamos a nuestro compañero, a nuestra cotidianidad, y vamos dejando que pasen los días, y con los días dejamos pasar los años… y la vida. Has tenido suerte Lucía, los cuarenta son un buen momento para hacer una revisión de lo que tenemos y de lo que queremos; y generalmente nos damos cuenta de que queremos lo que no tenemos (en tu caso ese hijo que no pudo ser), y tenemos lo que ni queremos ni esperamos (una prótesis bucal y cicatrices que dolerán siempre). Te sientes estafada por la vida, pero has llegado a tiempo para poder rectificar. La vida siempre da otra oportunidad.
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