
De Profundis, de Oscar Wilde

Tal vez algún día exista, si es que ya no lo han inventado, alguna máquina extraña que devele los pensamientos más profundos de las personas. Esos que nadie se anima a contar por vergüenza, orgullo y miedo a la humillación. De todas maneras, un siglo atrás, Oscar Wilde ejercitó las posibles funciones de esta máquina imaginaria cuando expresó en De Profundis sus sentimientos más personales de dolor y desamparo.
Se suele conocer de Wilde que su vida privada fue un tema particular. Si bien nació en el seno de una familia acomodada y contó con una carrera destacada, murió lejos de los lujos del reconocimiento, afectado por una reprobación por parte de la comunidad conservadora de la época. Es que Wilde pasó tiempo en cárcel luego de que se conociera la relación que él llevaba con lord Alfred Douglas, un estudiante de Oxford. El escándalo que suscitó este acercamiento lo convirtió en un hombre pobre económicamente y lastimado en espíritu.
Tal vez por el dolor irrefrenable que cargó Wilde por este revés en su vida, es que decidió escribir esta larga carta que se convirtió en uno de sus libros, De Profundis. En el texto, Wilde le escribe a Douglas y le expresa, con el tono más terrible posible, la desesperación y la decepción que le había causado aquel joven, arrastrándolo a la condena moral de la sociedad.
