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El hombre de arena

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El hombre de arena, de Lars Kepler

el hombre de arenaEl juego del gato y el ratón en las novelas policíacas siempre ha hecho que los lectores se sientan adictos por saber más y más de la historia que nos están contando los autores. Es algo que vemos en muchas novelas, pero sólo unos pocos consiguen que se nos quede la boca abierta. Desde que, hace ya unos años, las novelas negras se hicieran tan famosas y coparan los primeros puestos en las listas de más vendidos, hemos visto cómo, desde todas las partes del mundo, van apareciendo novelas y más novelas del género. Y yo lo agradezco, puesto que me siento un admirador del género y veo cada día propuestas nuevas que suponen una nueva forma de escribir historias que hielen la sangre. Ese es el objetivo, ¿no?. Por ello, tras leer El hombre de arena uno se queda pensando, o al menos yo me quedo pensando, que cada vez que me encuentro con una novela nueva en la que los crímenes hacen acto de presencia, a mí me encantaría poder tener la imaginación suficiente para armar un argumento sólido que no flaquee por los cuatro costados. Se dice, además, que la primera página o el primer capítulo, tiene que tener ese efecto que deje al público, a los espectadores, a los lectores, sentados en su sillón y con las manos agarradas a las pastas del libro. Y así es como veo yo esta historia: con una sensación de sentirte cogido por la garganta, pegado al sillón, y sin poder dejar de leer hasta que la solución llega tras la última página. Una solución que, me temo, no nos gustaría ver venir aunque sea lo real.

Jurek Walter es uno de los peores psicópatas que hay en la actualidad. Se encuentra encerrado en un una cárcel de máxima seguridad. Cuando parecía que sus crímenes habían parado, uno de sus antiguas víctimas, que llevaba años desaparecido, aparece desorientado y desvela que hay otra víctima que está viva. Empezará entonces una carrera contrarreloj para salvar la vida de una persona que sólo tuvo un error en su vida: cruzarse en el camino de uno de los peores asesinos de la historia.

 

Lars Kepler, aunque ya sabemos todos que tras el pseudónimo se encuentra un “agradable” matrimonio, convierte sus historias en una especie de torbellino que arrastra hasta la más baja de las hierbas. No queda ni un sólo elemento en pie que no se haya visto influido por la cantidad de elementos que contienen sus historias. Hay que decir que, a pesar de que la acción ocurre, esta no es una novela de grandes explosiones ni de grandes aspavientos. En su primera parte, nos encontraremos con un estudio pormenorizado de la psique humana, de esas reflexiones que se dan en situaciones extremos, de todo lo que un padre puede hacer por su hijo, y de los secretos que se guardan por el temor a que algo malo les suceda a las personas que queremos. El hombre de arena es una especie de laberinto del minotauro en el que debemos ir con una cuerda para no perdernos, para saber donde está la salida, porque corremos el peligro de quedarnos atrapados en su interior y no salir de todo este remolino de sensaciones. Es curioso, cuando empecé esta historia creí que encontraría una historia más, de las tantas que leo, pero no. Resulta que, a pesar de haber leído ya las anteriores entregas de los autores, me parece una historia mucho más solida, más argumentada, mejor estructurada, y con más saña, con más detalles que la hacen merecedora de un gran puesto en el ranking de las novelas negras.

¿Cómo seguir hablando de El hombre de arena? Diré que espero una cuarta. Diré que no me parece justo haber llamado a Lars Kepler sucesor, o sucesores, de Stieg Larsson porque ya sabéis lo malo que me parecen las comparaciones. Los autores han ganado su puesto por méritos propios, en un mundo literario donde nacen y mueren muchos competidores, permanecer durante tantos años en la cumbre cada vez que sacan novela nueva. Pueden no convertirse en un clásico en un futuro, pero desde luego uno sabe que va a pasar un buen rato, o malo si nos ponemos a hablar seriamente del asunto, porque su lectura convierte la experiencia en una carrera contra el mal, así, sin ambages, sin remordimiento alguno, pensando en lo que decía al principio: la imaginación que desborda este thriller es impagable. Una suerte y una especie de chispa que hace que la bomba estalle y nos salpique desde las páginas. Así es esta novela. ¿Una novela policíaca más? No. ¿Algo muy a tener en cuenta? Desde luego.

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