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En los zapatos de Valeria

En los zapatos de Valeria

En los zapatos de Valeria, de Elísabet Benavent

En los zapatos de ValeriaNo importa quien rompa tu corazón o cuanto tarde en curarse.

Nunca lo superarás sin tus amigas.

Carrie Bradshaw

La vida es dura. Crecemos, sonreímos, lloramos, conocemos gente, nos enamoramos, trabajamos, dormimos, salimos de fiesta, follamos, nos desenamoramos, se crean parejas, otras se destruyen, gritamos cuando necesitamos una caricia, y acariciamos cuando necesitamos gritar. En realidad, visto de una manera lejana, la vida puede que no esté hecha para que los seres humanos la aguantemos. Al menos, no el ritmo vertiginoso que nos imponemos a veces. Pero entre todo ese maremágnum de sensaciones y vivencias, hay uno que supone una balsa en toda esta tormenta que nos azota día a día: los amigos. Siendo sinceros con nosotros mismos, si echáramos la vista atrás, no hay ni siquiera un momento en el que no hayamos necesitamos de una palabra, de una mano, de una compañía ajena que fuera la de esos amigos incansables que te escuchan a las tantas de la noche sobre tu última teoría, sobre tu última conquista (sea sexual o de cualquier otro tipo), sobre el asco que le tienes a tu jefe, o sobre lo triste que te encuentras porque, paradojas de la vida, todos a tu alrededor parecen tan felices. En los zapatos de Valeria mete en su interior cuatro tazas de amistad, una taza de sexo, una cucharilla de lágrimas y ocho pizcas de sonrisas, que la hacen heredera de aquellas antiguas series en las que lo importante eran las relaciones, lo que se cuece entre las personas, y que es la vida misma envuelta en unas tapas blandas y otras tantas letras.

Valeria es como tú y como todos. Ella está enamorada de Adrián, hasta que conoce a Víctor. Pero Valeria no está sola. Porque tiene a Lola, que maneja el sexo como el que maneja un arma, a Nerea, que es doña perfecta, y a Carmen que es insegura, odia a su jefe, y para más inri, está enamorada de su compañero de trabajo. Valeria es como todos. Porque todos queremos ser felices, entre tanta mierda que nos explota en la cara.

 

He transcrito una frase de la protagonista de Sexo en Nueva York con toda la intención. Puede que este libro sea comparado con esta serie que tanto furor causó allá por el año 1998, pero también creo que, aunque sus similitudes puedan parecer evidentes (cuatro chicas en la gran manzana que es Madrid), Elísabet Benavent ha conseguido trasladas todas esas similitudes a un territorio propio que hacen de este libro algo especial. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez de alguien equivocado? Yo lo he hecho en innumerables ocasiones. ¿Quién no ha estado involucrado en una relación que no iba a ningún sitio? Yo recuerda una a la perfección. Y al final siempre se saca el mismo resultado: los que permanecieron allí fueron los amigos, los que de verdad podían abrazarte mientras te decían que eras absolutamente gilipollas por haber estado con esa persona, que no te merecía y que además te trataba como un trapo. El caso es que En los zapatos de Valeria existe por el trabajo de una autora que se lo curró, que decidió un buen día publicarse a sí misma, le salió bien y hoy es posible encontrarla en las librerías. Quizá sólo por eso ya merecería la pena que muchos de nosotros echáramos un vistazo a su creación. Pero obviamente, si sólo fuera eso, yo escribiría solamente un párrafo y aquí la reseña se acabaría. Pero no, esto es mucho más.

Llamadme ingenuo cuando pienso que, en alguna ocasión, cuando uno lee una novela, no necesita que contenga ese tipo de historias académicas, que hacen que tu cerebro eche humo, y que cierras con un dolor de cabeza por todo lo que ha tenido que trabajar. En los zapatos de Valeria no debería ser considerada una historia simple, porque en realidad ninguna historia que se crea de la nada lo es. Lo que deberíamos entender de esta historia es que sentiremos en nuestras carnes las vidas de las cuatro mujeres que campan a sus anchas por las páginas, y nos veremos identificados: nos reiremos porque todos hemos cometido alguna de las estupideces que nos propone Elísabet Benavent, se nos encogerá el puño cuando veamos lo que sufren las protagonistas, y cerraremos el libro esperando mucho más de estas cuatro amigas que luchan entre la jauría madrileña para ser felices, para labrarse un futuro, y para sentirse ellas mismas, incluso cuando la vida es tan puñetera que parece que no hay salida.

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