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Eres hermosa, de Chuck Palahniuk

Eres hermosa

Eres hermosaLa verdad es que no hace mucho tiempo que empecé a leer a Chuck Palahniuk. Todo comenzó cuando entré en la Universidad; un compañero insistía constantemente en que tenía que leer a este autor. Tal fue la insistencia, que cada vez que pensaba en Palahniuk solo se me venía a la cabeza una palabra: obligación. “Tienes que leer a…” nunca ha sido una de mis frases predilectas. No es que no me guste que la gente me recomiende libros, pero cuando se hace con tanta y tanta insistencia, acabo por aborrecerlos incluso sin haber leído una sola página. El chico que os decía sentía verdadera devoción por este autor. Se mostraba emocionado, exultante, cada vez que hablaba de él. Tanto era así que llegó a decirme que si algún día se encontraba en el metro a una chica con un libro de Palahniuk, le pediría matrimonio allí mismo.

Años después, me atreví con mi primera novela de este autor. Me estrené con Condenada. Me horrorizaba y me fascinaba a partes iguales. No sabía si meter el libro en el congelador como en esa escena de Friends o si convertirlo en uno de mis libros de cabecera. Tampoco sabía si quería leer más libros de él o si por el contrario no iba a tocar una de sus obras nunca más. Y mucho menos sabía si Palahniuk era un genio o un demente sin remedio.

Hace unos días me topé con Eres hermosa. Jamás habría dicho que un libro con ese título pudiera pertenecer a Palahniuk, pero ahí estaba. Con esa libélula insinuándose y cuyo significado no podía ni siquiera imaginar. En ese momento, sentí la necesidad de saber qué nueva locura había salido de la mente de este escritor. Quería saber qué situación había llevado hasta la excentricidad y la locura. Jamás hubiera sido capaz de adivinar lo que se avecinaba. Jamás.

Penny se acaba de licenciar en la Facultad de Derecho. Trabaja en un gran bufete; es la becaria. Su vida se pasa entre cafés y fotocopias. Hasta que un día aparece C. Linux Maxwell, cuyas iniciales son C. Li. Max. Sí, “clímax”. Maxwell es un famoso y guapísimo millonario, el deseo de cualquier mujer. Cuando Penny se topa con él, no imagina que su vida se va a convertir, casi literalmente, en un orgasmo.

Vayamos por partes. Lo primero que hay que decir es que este libro va de sexo. Mucho. Página tras página. Pero la verdad es que no es un sexo al uso. Podríamos definirlo como… un sexo científico. Sí, científico puede ser la palabra adecuada. Maxwell lleva años analizando e investigando exhaustivamente cada una de las tribus existentes en el mundo para conocer todas las técnicas sexuales, antiguas y actuales, con un propósito: crear una línea de artilugios que hagan que las mujeres no necesiten a un hombre nunca más, sexualmente hablando. Esa línea se llamará “Eres hermosa”. Maxwell es un meticuloso científico que entiende a la perfección la anatomía femenina. Sabe a cuántas pulsaciones debe estar un cuerpo para alcanzar el clímax impecable, sabe qué hormonas hay que potenciar y de qué manera para que el cuerpo entre en un estado de éxtasis, conoce todas las técnicas necesarias para que una mujer traspase barreras que jamás imaginó. Pero para llegar a convertirse en tal experto, ha tenido que experimentar con cientos, miles, de mujeres. Una de ellas, es Penny.

Con esta descripción muchos podríais pensar que se trata de un libro erótico, pero personalmente no creo que este sea el caso. Un libro erótico busca una complicidad entre la historia y el lector, un frenesí de quien pasa una página tras otra. Eres hermosa, en cambio, es una historia fría, aséptica, apasional. Habla de la obsesión de la sociedad por el sexo. Esa búsqueda incontrolable por el hedonismo, que puede llevar a una marca como “Eres hermosa” a dominar el mundo. Pero, como Penny podrá comprobar, no es oro todo lo que reluce. Y nada, en esta vida, sale gratis.

A Palahniuk se le ha vuelto a ir la pinza. De verdad. Para que os hagáis una idea, uno de sus “conejillos de indias” es la propia Presidenta de los Estados Unidos. No es por nada, pero para atreverse a esto, hay que estar muy mal de la cabeza. Y, otra vez, no sé si estamos ante una genialidad o ante unos delirios de un amante de la vesanía. Lo que sí sé es que esta novela no ha acabado en mi congelador por muy poco y que si mi amigo de la Facultad ve a alguna chica leyéndolo en el metro, tendré boda el año que viene.

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