Harley Quinn 3. Entre besos, tiros y puñales, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

harley quinn 3Parece que han pasado siglos desde que apareció Harley Quinn 2. Apagón, cuando en realidad solo han pasado meses. Meses, sí, pero meses que se han hecho eternos esperando este tercer tomo. Eso habla bastante bien de esta colección, ¿no? A decir verdad, es de las pocas colecciones fijas que tengo y no solo porque el personaje enganche, sino porque sus guionistas, el matrimonio formado por Amanda Conner y Jimmy Palmiotti, que no son sus padres pero parecen haberla parido, le han dado un enfoque nuevo reconduciéndola de villana a antiheroína sin perder (o es más, ganando) en frescura y gamberrismo. Parecen empeñados en que olvidemos que una vez fue una secundaria pegada al Joker y empecinados en demostrarnos tomo tras tomo el enorme potencial que Harley y su particular universo demencial tiene que ofrecer.

Y lo hacen muy bien. Yo daría al matrimonio la custodia compartida con Paul Dini pues han podido dar a nuestra payasa una profundidad, unas motivaciones y unas tramas en las que encaja perfectamente sin necesidad de hacer que parezca forzada. Harley tiene su sitio en esta colección. Se siente cómoda en ella, campa a sus anchas y se ha ganado por derecho propio el ser un icono del cómic con mayúsculas.

En Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales, no tenemos, como en los dos tomos anteriores una historia única sino más bien un, chiste fácil al canto, bat-iburrillo de ellas. Algunos especiales y la continuación de la trama son lo que nos encontraremos.

Las escenas alucinógenas del grupo de la primera historieta (y el dibujo preciosista) son lo mejor. Ese cameo de la cosa del pantano con Hiedra, el reencuentro con Vomitachica… Hilarante.

El especial de Navidad, Juguete peligroso, no está mal, aunque la moralina, en mi opinión, sobra. Y Aparta ese alegre zumbido de mi oído me ha gustado mucho porque me ha recordado a ese libro de Jill Thompson en el que los eternos de The Sandman eran dibujados como niños (aunque aquí Harley también tiene algo de Tim Burton).

Pero si tengo que destacar una historia, es sin duda Me pones murciélaga. Ya solo con el título me descojono. El dibujo más “normalizado” –salvo las partes oníricas–, el humor de Harley, la aparición de Batman, la impagable, ¡¡impagable!! escena de Harley como Robin y el batmóvil sucio (muuuuuy sucio) en la batcueva… De las mejores y más brillantes historias de esta chiflada, sin duda.

El último tramo del cómic nos cuenta como, agobiada como está por sus obligaciones (doctora, casera, jugadora de hockey sobre patines y bienhechora buscando refugio para miles de animales –no sé cómo ninguna protectora no ha usado todavía el personaje como logo o reclamo para alguna campaña porque si Hiedra Venenosa es una firme defensora de las plantas, Harley no se queda atrás con los animales–), decide hacer un casting para contratar a doce mujeres para que la ayuden en sus tareas. Un casting que será bastante particular, como no podía ser de otra forma.

El dibujo también le va como un guante, y eso que hay varios dibujantes y varios estilos, (incluso en una misma historia), pero el cambio en el grafismo no molesta a pesar de ser notorio y la historia no se resiente en absoluto.

Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales se conforma como un grandísimo cómic de entretenimiento, sin mayor pretensión que la de divertir y hacernos pasar un rato agradable incluso burlándose de los propios personajes de DC, como es el caso en esta ocasión, del propio Batman.

No es un cómic con el que te partas el culo porque tampoco es lo que busca, pero sí que en muchos, muchísimos momentos, sonreirás e incluso soltarás alguna carcajada ante las salidas de la paliducha.

Y, por último, quiero subrayar que el nivel sigue igual. Que no baja el tono, que no cae en ningún momento en el humor zafio, que sigue siendo un humor no sé si inteligente, pero sí gracioso, y que no cansa para nada.

¿Qué más tengo que hacer para que quien no haya leído esta jodida delicia de saga empiece de una vez?

¡Harley, Harley, Harley!

Imprescindible.

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