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Harley Quinn 4: La llamada del deber, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

la llamada del deber

la llamada del deberYa tenemos de vuelta a la payasa sociópata más sexy del panorama comiquero. Si en el tomo anterior, Entre besos, tiros y puñales, acabábamos con la idea de Harley de formar una banda, aquí ya está montada, con unos cimientos frescos y débiles, dispuestos a combatir el crimen de la ciudad por un módico (o no tan módico) precio y con el visto bueno, previo chantaje (“si es que hay que poner etiquetas a todo”), del alcalde.

La banda tendrá que hacer frente a varios sucesos, de los cuales el que más páginas ocupará será el de un marinero convertido en Popeye malvado gracias a unas extrañas algas alienígenas, que llevarán de cabeza a Harley para poder pararle los pies.

Pero también habrá tiempo de ensoñaciones lisérgicas varias, citas interrumpidas, una misión de rescate en la que se cruzará con Deadshot, y un viaje en caravana junto con Catwoman y Hiedra Venenosa para despedir las cenizas del tío de nuestra pálida majadera.

Y todo con el humor característico y mala leche dosificada de una mujer que podrá o no salir victoriosa de sus enfrentamientos, pero que no se lo piensa dos veces antes de plantar cara y atacar, sea el tamaño que sea el que tenga el rival de turno. ¡Ja! ¡Esta sí que es una wonder woman!

Harley Quinn 4: La llamada del deber tiene muertos, acción, violencia, historias bizarrísimas (incluso veremos un cameo de Bizarro), pérdidas de maletas en el aeropuerto, secuestros, millonarios gordos desnudos en bañeras hidromasajes en medio de una fiesta, sueños con Batman, Joker, Green Lantern, Aquaman…, réplicas ingeniosas (no siempre), y personajes estrafalarios (aunque a muchos de ellos ya los hemos visto con anterioridad).

Los dibujos son muy variados. Los hay de mi gusto y los hay que ya no tanto. En general cumplen su función en un tebeo de estas características y el cambio de dibujantes, a pesar de parecer brusco en el contraste, no reviste mayores complicaciones y la lectura no se resiente, no distrae la atención de la línea argumental.

No obstante, a pesar de ser un cómic que solo piensa en entretener sin más, se empieza a notar un decaimiento. De los cuatro tomos este es quizás el más flojo, el que pega un bajón respecto a los tres primeros. Las historias no son tan frescas y pecan de ser demasiado absurdas. Es normal. Tarde o temprano tenía que pasar; no es fácil mantener el excelente nivel que llevaba la colección hasta ahora. Confíemos en que haya sido algo puntual y que el próximo número nos devuelva a la payasa a la gloria y esplendor de los tomos pasados, que es donde debe estar. Un personaje como Harley puede dar aún muchísmo juego y Conner y Palmiotti pueden con ella, ¡faltaría más!, ya lo han demostrado. Siendo como han sido capaces de lo mejor, mi fe y esperanza sigue con ellos.

Con todo esto no quiero decir que el cómic sea malo. En absoluto. Tal vez la pareja guionista me ha malacostumbrado y me he vuelto exigente. Es mucho mejor que cualquier cómic de humor. (Hay que admitir que la serie de Harley pertenece al género de la comedia y acción). Ya les gustaría a muchos cómics tener la mitad de categoría que tiene este. Es simplemente que, en comparación con sus antecesores, no es el mejor. Ni más ni menos, pero Harley Quinn 4: La llamada del deber sigue siendo un cómic recomendabilísimo.

Así pues, chalada, espero tus próximas aventuras. A ver en qué líos te meten esta vez…

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Harley Quinn 3. Entre besos, tiros y puñales, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

harley quinn 3

harley quinn 3Parece que han pasado siglos desde que apareció Harley Quinn 2. Apagón, cuando en realidad solo han pasado meses. Meses, sí, pero meses que se han hecho eternos esperando este tercer tomo. Eso habla bastante bien de esta colección, ¿no? A decir verdad, es de las pocas colecciones fijas que tengo y no solo porque el personaje enganche, sino porque sus guionistas, el matrimonio formado por Amanda Conner y Jimmy Palmiotti, que no son sus padres pero parecen haberla parido, le han dado un enfoque nuevo reconduciéndola de villana a antiheroína sin perder (o es más, ganando) en frescura y gamberrismo. Parecen empeñados en que olvidemos que una vez fue una secundaria pegada al Joker y empecinados en demostrarnos tomo tras tomo el enorme potencial que Harley y su particular universo demencial tiene que ofrecer.

Y lo hacen muy bien. Yo daría al matrimonio la custodia compartida con Paul Dini pues han podido dar a nuestra payasa una profundidad, unas motivaciones y unas tramas en las que encaja perfectamente sin necesidad de hacer que parezca forzada. Harley tiene su sitio en esta colección. Se siente cómoda en ella, campa a sus anchas y se ha ganado por derecho propio el ser un icono del cómic con mayúsculas.

En Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales, no tenemos, como en los dos tomos anteriores una historia única sino más bien un, chiste fácil al canto, bat-iburrillo de ellas. Algunos especiales y la continuación de la trama son lo que nos encontraremos.

Las escenas alucinógenas del grupo de la primera historieta (y el dibujo preciosista) son lo mejor. Ese cameo de la cosa del pantano con Hiedra, el reencuentro con Vomitachica… Hilarante.

El especial de Navidad, Juguete peligroso, no está mal, aunque la moralina, en mi opinión, sobra. Y Aparta ese alegre zumbido de mi oído me ha gustado mucho porque me ha recordado a ese libro de Jill Thompson en el que los eternos de The Sandman eran dibujados como niños (aunque aquí Harley también tiene algo de Tim Burton).

Pero si tengo que destacar una historia, es sin duda Me pones murciélaga. Ya solo con el título me descojono. El dibujo más “normalizado” –salvo las partes oníricas–, el humor de Harley, la aparición de Batman, la impagable, ¡¡impagable!! escena de Harley como Robin y el batmóvil sucio (muuuuuy sucio) en la batcueva… De las mejores y más brillantes historias de esta chiflada, sin duda.

El último tramo del cómic nos cuenta como, agobiada como está por sus obligaciones (doctora, casera, jugadora de hockey sobre patines y bienhechora buscando refugio para miles de animales –no sé cómo ninguna protectora no ha usado todavía el personaje como logo o reclamo para alguna campaña porque si Hiedra Venenosa es una firme defensora de las plantas, Harley no se queda atrás con los animales–), decide hacer un casting para contratar a doce mujeres para que la ayuden en sus tareas. Un casting que será bastante particular, como no podía ser de otra forma.

El dibujo también le va como un guante, y eso que hay varios dibujantes y varios estilos, (incluso en una misma historia), pero el cambio en el grafismo no molesta a pesar de ser notorio y la historia no se resiente en absoluto.

Harley Quinn 3: Entre besos, tiros y puñales se conforma como un grandísimo cómic de entretenimiento, sin mayor pretensión que la de divertir y hacernos pasar un rato agradable incluso burlándose de los propios personajes de DC, como es el caso en esta ocasión, del propio Batman.

No es un cómic con el que te partas el culo porque tampoco es lo que busca, pero sí que en muchos, muchísimos momentos, sonreirás e incluso soltarás alguna carcajada ante las salidas de la paliducha.

Y, por último, quiero subrayar que el nivel sigue igual. Que no baja el tono, que no cae en ningún momento en el humor zafio, que sigue siendo un humor no sé si inteligente, pero sí gracioso, y que no cansa para nada.

¿Qué más tengo que hacer para que quien no haya leído esta jodida delicia de saga empiece de una vez?

¡Harley, Harley, Harley!

Imprescindible.

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Harley Quinn 2. Apagón, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

apagon

apagonYa tenemos de vuelta, poco ha tardado, a nuestra chica favorita. La siempre ambigua, (unas veces heroína, la mayoría villana, pero siempre con la percepción de la realidad alterada), nuestra pirada preferida: Harley Quinn, la chica más pálida que la muerte desde que su pastelito la arrojara a un tanque de lejía. Y es que el amor no entiende de convencionalismos y cada cual es romántico como sabe o puede.

En esta ocasión las aventuras de la arlequín buenorra comienzan cuando el recuerdo de su ex la lleva a acabar detenida por la poli, o algo parecido…; la veremos también siguiendo en las competiciones de patinaje extremo en las que todo vale y no hay reglas para que, como en Los inmortales, al final sólo pueda quedar uno; y además, por arte de la magia del cómic formará equipo con la bien dotada y amnésica a la vez, Power Girl, con quien se establecerá un nuevo “dúo dinámico” y se sucederán unos cuantos chascarrillos a cuenta de la diferencia del volumen tetil de ambas.

Ah, y asistiremos también a un breve reencuentro con su pastelito, el Joker, que acabará de la forma en la que solo semejante “relación” puede acabar.

Muchas aventuras e historietas página tras página pero, sin duda lo mejor de todo este segundo tomo, Apagón, es la visita de Harley a la Comic-Con de San Diego para conseguir que algún editor vea sus dibujos y los publique. Es lo más gracioso del cómic. El cómic dentro del cómic. ¡El metacómic! Ver cómo interactúa con mogollón de frikis, con fans disfrazadas de Batman, Superman, Joker y una tropa cosplayizada a lo… ¡Harley Quinn! Molan también las reacciones de Harley al conocer a Paul Dini y Bruce Timm, sus padres y creadores.

Esto es, grosso modo, lo que nos ofrece este tomo.

Si bien en conjunto es un cómic divertido y sin otra intención que la de hacer pasar un buen rato sin mayores pretensiones, cosa que consigue, sí es cierto que el nivel con respecto al anterior, Calor en la ciudad, ha caído algo, no mucho, pero sí lo suficiente como para apreciarlo.

No obstante, sigue siendo un buen cómic que merece la pena continuar leyendo porque está claro que con un personaje como Harley las posibilidades de hacer con él barbaridades que dejarían a Masacre en calzoncillos son infinitas si el personaje continúa en buenas manos como hasta ahora.

Porque en el fondo, lo que a todos gusta de Harley, es su carácter. Su carisma, su forma de pensar y de ver el mundo y que sea a la vez sexy sin caer en lo soez, y cosas como que sea una tarada que hable con un castor disecado, cuyos orígenes, por cierto, conoceremos en este número, y que ese mismo castor se dirija a ella como “pirada”. Eso, sencillamente, es algo que no tiene precio.

Puede que este número no sea el que consiga enamorarte de Harley, ¡pero, hombre, que para eso ya estuvo el anterior!, pero desde luego estarás tan loco/a como ella si no te gusta, porque en general esta serie está pensada para ser un divertimento ligero, sin ser  para nada infantil o cansar cayendo en el chiste fácil.

Por todo esto, Harley Quinn es una de las pocas series que conviene seguir ahora que parece estar siendo tratada con el respeto que merece el personaje.

¡Viva Harley!

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Harley Quinn 1. Calor en la ciudad, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

calor en la ciudad

calor en la ciudad

¡Sí, sí, sí! Esta Harley sí que merece la pena. ¡Esta sí! Hay que tener mucha suerte con los cómics de esta payasa (y en realidad con todos en general) porque si en tu primer acercamiento eliges bien caerás rendido a sus pies, querrás leer más de ella, pasarás a formar parte de su club de admiradores (que no sé si es muy grande pero que seguro que, con lo que se vislumbra de ella en el tráiler de Escuadrón suicida, crecerá considerablemente), y se hará hueco en tu galería de personajes favoritos.

Harley me gusta desde hace mucho y me gusta mucho más cuando cae en manos de buenos guionistas como ocurre en el cómic de hoy. Es sexy, graciosa, inteligente, carismática y sobre todo está como una cabra. ¿Puede ser como la versión femenina y sin factor de curación de Masacre? Tal vez, aunque yo no diría tanto. Si me dieran a elegir entre ellos dos lo tendría difícil, pero ganaría Harley. Tiene algo más, no sé…

A lo que iba. Decía que “¡sí, sí, si, esta Harley merece la pena! “porque, comparado con el decepcionante “Preludios y chistes malos” que hace poco salió al mercado dentro de la colección de novelas gráficas de DC, este primer tomo es una maravilla. Y no he leído ningún cómic de Escuadrón suicida, ni siquiera opiniones, pero si quieres engancharte a un buen personaje femenino (¿hay pocos personajes femeninos, no? Y menos aún con serie propia. ¿O solo me lo parece a mí?) hay que leer Mad Love, su primera aparición y, sin falta, este Calor en la ciudad pero ya. De cabeza.

(Mmmm… haciendo memoria, en Sirenas de Gotham, la verdad, no recuerdo que Harley brillara especialmente, así que… si  tenéis más recomendaciones, ¡no dudéis en sugerirlas!)

En Calor en la ciudad el comienzo es brillante. Harley en un almacén de esos que usan los yanquis como si fuera un trastero, medio tumbada comiendo pizzas y chupachups y hablando con un castor disecado que la acompañará a todas partes, (¿qué ha sido de sus hienas?) preguntándose si no molaría tener su propio cómic…

“¿Verdad que molaría tener mi propio cómic? Los inadaptados sociales harían cola para recibir mi último número…”

Este primer arco es una sucesión de dibujantes, cada uno con su estilo, que Harley va desechando, y eso que son buenos (Panosian, Simonson, Jim Lee, ¡el propio Bruce Timm!, ¡Adam Hughes!, Darwyn Cooke…) hasta dar con uno, Chad Hardin, que le gusta y que la editorial puede permitirse.

Si no conocías a este personaje con estas primeras páginas ya te has enamorado, y si lo conocías te habrá ganado un poco más.

El arranque es muy bueno, repito, pero es que el nivel se mantiene, y eso es lo chungo, porque su humor ácido, sus paridas y salidas de madre no llegan a cansar a pesar de estar repartidas por todo el cómic y tampoco cae en el humor sin gracia. Es humor inteligente, humor del bueno y frases memorables:

“Mami tiene que sacarle a alguien los sesos a golpes”

Lo que nos cuentan en este número básicamente son dos tramas: por un lado Harley hereda un edificio de un antiguo paciente suyo de Arkham. El ático será para ella y se convertirá en la casera de sus vecinos y de los bajos comerciales. Pero sus inquilinos no son lo que se dice ni ricos ni normales y Harley tendrá que buscarse dos curros: psicóloga de una residencia de ancianos y miembro de un equipo de patinaje en el que dos equipos luchan y donde lo que prima son las hostias y que tu equipo gane a base de ellas.

En la segunda trama, que transcurre simultáneamente, tendrá que librarse de asesinos que periódicamente intentan cargársela porque alguien ha puesto precio a su cabeza. ¿Pero quién querría cargarse a semejante monada?

Resumiendo, por si no ha quedado claro:

Muy muy buen cómic. Muy muy divertido, entretenido y salvaje. Acción, humor…El dibujo bueno, aunque mejorable, y el guión perfecto. Pero sobre todo, lo que hace bueno a este cómic es la protagonista, su forma de ser, su carisma, su locura y su todo. Es la polla.

Esta es la serie que se merece Harley, la que te conquistará y te dejará un buen sabor de boca. Al menos eso parece por su comienzo.

Bien por Conner y Palmiotti. ¡Que siga la fiesta!

PD: ¿Y la portada? ¿Qué me decís de la portada? ¡Para enmarcar!

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