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La sociedad Juliette

La sociedad Juliette, de Sasha Grey

La sociedad Juliette

El sexo, en sus infinitas foras es, por describirlo de una manera certera, una adicción. Y como adicción, posee sus dos vertientes, la positiva y la negativa. Por un lado, refresca la vida, nos pone a tono, nos seduce, y nos libera de un montón de tensiones. Por el otro, recibe de nuestra sociedad un punto de tabú ante el que agachamos la cabeza y nuestras mejillas se sonrojan. Es, por utilizar más comparaciones, como un secreto que se dice al oído y que esperas que nadie se entere. El sexo es algo íntimo, algo de dos, o de tres, o de más personas, no seré yo quien ponga el número exacto, que envuelve un espacio y lo llena de las fantasías sexuales de los presentes, de los conocidos y los desconocidos, de los que saben jugar a él sin miedo a quemarse, o de los que se queman a pesar del miedo que le tienen. El sexo es una adicción sí, y de nuevo, en sus infinitas formas, es algo con sus claros y sus oscuros. Pero, si todos tenemos nuestras fantasías, si todos sabemos lo que es el sexo, si todos tenemos claro que el sexo es una necesidad de nuestro cuerpo, ¿por qué nos empeñamos en negárnoslo? De eso trata “La sociedad Juliette” de cómo el sexo vence, nos vence, y nos hace caer en lo oscuro, para después levantarnos sin ser del todo los mismos.

Catherine descubre un club selecto donde poder explorar las fantasías sexuales que no puede llevar a término con su novio. Será entonces cuando se meta de lleno en una espiral de sexo, placer y fantasías sexuales que la pueden llevar a caer en la boca del lobo, de aquel que se comía a las jóvenes que se perdían en el bosque. Porque se dará cuenta de una verdad absoluta: cuando el sexo entra en juego, ya nada vuelve a ser lo mismo.

Que conste en acta ante todos los presentes: no conozco de nada a Sasha Grey, de hecho, no he visto ninguna de sus películas, no la conozco profesionalmente y simplemente me sentí atraído por su libro porque su campaña de publicidad ha sido magnífica. Se puede decir, de alguna manera quizás poco comprensible, que piqué el anzuelo de aquello que llaman “poner el caramelo en la boca” de las editoriales. Y también, que conste en acta ante todos los presentes, me creé unas expectativas que, precisamente por ser eso, ya me predispusieron a creer que lo que iba a leer no iba a ser de mi agrado. Pero como en esta vida nada es lo que parece, y eso de caer en absurdeces como vilipendiar un libro sin haberlo leído no es lo mío, empecé “La sociedad Juliette” sin miedo alguno, intentando degustar (aunque quizá no sea el verbo más adecuado) sus páginas. Y sí, es cierto, este libro es sexo, es puro sexo, es un sexo sucio, carnal, violento, lleno de descripciones vigorosas y de fuerza en sus palabras a la hora de describir los momentos sexuales que sirven de nexo de unión para la historia que guarda por detrás, subrepticiamente, sin llegar a plantearnos qué es lo que nos va a deparar la vida anodina que vive Catherine hasta el momento de probar las mieles del placer en su estado más puro. Y me vi recorriendo cada parte de su cuerpo con una veracidad tal que ríanse ustedes, los que aquí me leen, de aquellas sombras que planearon durante muchos meses por las listas de los más vendidos.

Sasha Grey sabe de lo que habla. Lo sabe como sólo pueden saberlo los que lo han vivido. Y no me refiero simplemente a su pasado profesional, que también, es ineludible hacer el paralelismo. Por lo que hablo de esta cuestión es porque todo aquel, entre los que me incluyo, que haya tenido algún tipo de fantasía sexual y haya podido llevarla a término (con mayor o menor presteza, no todo es como en las películas o los libros) sabrá el placer que se siente, la verdad que encierra de nosotros mismos la unión de varios cuerpos, de solamente dos cuerpos, replegados únicamente al éxtasis, no se me ocurre otra forma de describirlo, y la autora sabe dónde hincarnos el diente, donde poner la dosis exacta de rebelión, de vivencia, de amor y de muerte, porque el sexo es una pequeña muerte cada vez que se termina, para volver a la vida después de un tiempo de recuperación. “La sociedad Juliette” reproduce los cánones de la novela erótica en los puntos más evidentes. ¿Por qué obviar que es un libro sobre sexo, puro y duro? Pero como decía encierra un punto de innovación: une las pasiones de la autora (literatura y cine) ligados a unas reflexiones sobre la hipocresía de esta sociedad que demoniza pero practica en la intimidad, sobre el mundo tan sacralizado del sexo para hacernos ver que es algo terrenal, del día a día, que quien diga que no nos miente, descaradamente y a la cara, porque a todos, a cada uno de nosotros, nos gusta el sexo, no apetece tener sexo, y nos da esa pequeña dosis de felicidad que necesitamos de vez en cuando. Además, no en vano ella misma en sus agradecimientos dedica este libro a aquellos que se sintieron cómodos con su sexualidad a través del cine y la literatura.

Pero me extiendo hoy más de la cuenta, así que acabaré rápido. ¿Por qué leerse “La sociedad Juliette”? Porque rezuma sudor por sus páginas, porque nos hace oler el placer de una sexualidad bien entendida, y porque nos instruye en la oscuridad de un concepto que muchos denostan, pero que todos prueban, saborean, y mantienen vivos, a base de juntar sus cuerpos con otros cuerpos. Y yo, que me considero un adalid de la ruptura de los tabúes, no puedo encontrar nada más elogioso.

2 comentarios en “La sociedad Juliette

  1. Por poner un par de citas de Sade y a una ninfómana diciendo que mil pollas no le llegan, ya os ponéis to burros…menudo timo de libro. Es una copia de otros tantos…Y no. No a todos nos apetece el sexo de ese libro, a Dios gracias. Sexo repetitivo, falto de morbo y con ínfulas intelectuales para contentar a todos. Pero eso sí, con muchas pollas. Muchas. Porno barato y del muy barato.

    1. Hola Erika,

      Está bien que haya disparidad de opiniones. No a todos nos apetece el sexo que aparece en este libro, esto está claro. Lo que yo resalto del libro es su capacidad de no tener tabúes sobre el sexo, de mostrarlo de una manera que no tenga moralidad ninguna. No sé los demás lectores, pero yo no me he puesto todo burro leyéndolo (de hecho, si te sirve como dato personal, no me va demasiado el sexo heterosexual ni me pone especialmente). Puede ser más o menos bueno para algunos, pero el simple hecho de hablar del sexo sin ningún tipo de cortapisas ya me parece un adelanto.

      Gracias por pasarte para opinar!

      Saludos!

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