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Las aventuras de la princesa y el señor Fu: la cosa de debajo de la cama

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Las aventuras de la princesa y el señor Fu: la cosa de debajo de la cama, de Patrick Rothfuss

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Este no es un cuento para niños… Porque los llamados “cuentos para niños”, realmente, ¿cuándo han sido para niños? Las versiones edulcoradas que se han vendido al gran público son azúcares con el que hipnotizar a los niños para que duerman más felices. Pero, ¿quién no recuerda esa imagen, del gran cuento Blancanieves, en el que las hermanastras se cortaban los pies para que les cupiera el zapato? Sin duda, imágenes que se han ido perdiendo, pero que, para los que conocemos las historias de verdad, las que nacieron en un principio y debieron mantenerse con su piel original, se han visto relegadas a numerosas interpretaciones, perdiendo su valor inicial. Por eso, la advertencia del principio, la alerta de que no estamos ante un cuento para niños, para alguien como yo, que disfruta con las historias que nos escondieron de pequeños, no puede ser otra cosa que un péndulo que, algún hipnotizador muy avispado, haya dejado delante de nosotros para que no podamos pensar en otra cosa.

La princesa tiene un amigo, el osito de peluche Fu. Con él vive numerosas aventuras, pero siempre que vuelve a la cama, sabe que hay algo debajo de su cama. Por eso deja la luz encendida, para que la oscuridad no pueda hacer salir al ser que habita bajo sus pies. Pero un buen día, la luz se apaga…

Patrick Rothfuss es sinónimo de buen hacer. Lo demostró en sus anteriores novelas y lo ha vuelto a demostrar. Con un lenguaje sencillo, que va directo al grano, y con unas ilustraciones en blanco y negro, realizadas por Nate Taylor, nos envuelve en una historia de las de antes, como si fuera un hermano Grimm perdido que hubiera reclamado una herencia que no le había sido adjudicada. Porque este es un cuento sobre la infancia, y sobre uno de los miedos más universales: ¿hay algo debajo de tu cama? Desde que yo era pequeño, recuerdo que siempre miraba debajo de mi cama para saber si estaba ese pequeño compañero de noches que, sin ser un fantasma ni un monstruo que pudiera describir, sabía perfectamente que estaba allí. Pero, un momento. Si os estoy diciendo que este es un cuento como los de antes, ¿qué tiene de nuevo lo que nos cuenta? Tranquilos, tranquilos, a eso iba ahora. Uno de los aciertos es utilizar esos miedos infantiles para crear una historia, a todos nos atrapa como una mosca en la tela de una araña. Segundo, es una historia sencilla, pero que sin lugar a dudas encierra más, mucho más en su interior. Y por último, crear la posibilidad al lector de elegir su final: uno para adultos demasiado asustadizos, otro para adultos que no le tienen miedo a nada, y por último, el tercer final, un espacio para que seamos nosotros mismos los que creemos el final que más nos conviene, lo que de verdad querríamos que sucediera en “Las aventuras de la princesa y el señor Fu: la cosa debajo de la cama” en forma de hoja en blanco para que, de mayores, nunca perdamos la ilusión por crear historias que nos hagan saltar de emoción o, si lo preferís, sentir escalofríos.

Si todos volviéramos a ser niños por un instante, ¿cuántas veces pediríamos que nos contaran un cuento una y otra vez? Patrick Rothfuss sabe que el miedo nos atrae, que aquello que tememos nos provoca sentimientos encontrados. Pero ahí radica lo importante de este cuento: saber, aunque seamos adultos, que debajo de nuestra cama siempre habrá un monstruo esperando que lo encontremos. Un monstruo dispuesto a comernos… o comérnoslo nosotros a él.

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