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Las sinsombrero. Sin ellas la Historia no está completa, de Tània Balló

Las sinsombrero

Las sinsombrero“EXISTO, pero ese yo que existe rara vez puede SER. Según los otros, no tengo derecho a ser yo (…)”. De esta manera describía Ernestina de Champourcín la lucha que ella y las otras nueve mujeres extraordinarias, cuyos retratos se recogen en este libro, libraron por ser ellas mismas en un momento en que la sociedad española se lo impedía.

Jóvenes intelectuales y artistas que protagonizaron ese boom de libertad y creatividad que supuso la famosísima Generación del 27. Sí, la misma. Ellas también pertenecieron a ese movimiento. Pero mientras ellos recibían toda la atención y las alabanzas, ellas tuvieron que pasar a la acción para conseguir atención: cruzar en pleno día la Puerta de Sol sin sombrero -de ahí el calificativo-; un acto en apariencia inofensivo, que fue revolucionario y escandaloso. Nacidas entre 1898 y 1914, tuvieron como centro neurálgico la ciudad de Madrid, y más concretamente, el Lyceum Club Femenino: una asociación donde debatían y trabajaban en favor de una mejora de sus derechos como ciudadanas, y que fue precisamente el lugar donde ellas pudieron expresarse como personas y también como artistas. Por tanto, un espacio para la socialización de mujeres, de clase media y alta, que poseían, o deseaban desarrollar, un talento artístico e intelectual. 

Ha sido realmente fascinante vagar por sus vidas, rastreando sus encuentros y desencuentros, los obstáculos que cada una de ellas tuvo que superar, y por supuesto sus ansias e ilusiones por una vida que se abría ante ellas. A pesar de que son diez capítulos independientes, cada uno destinado a una protagonista (en ellos la autora explica resumidamente la vida, obra y posterior exilio y vuelta de una de ellas), el libro posee una narración continuada. A través de los diferentes apartados, la autora nos ofrece un retrato de la vida cultural del Madrid de los años 20 y 30, reflejando los diferentes lazos que hubo entre ellas.

Uno de los puntos, quizás, más interesantes fueron los grandes obstáculos que se cruzaron en su camino. El primero que tuvieron que afrontar fue a la feroz crítica de los sectores más conservadores, que veían el Lyceum como la casa del demonio, catalogándolas a ellas como unas delincuentes. El segundo, el exilio. Fueron vagando por diferentes países de América Latina y Europa, buscando un hogar donde asentarse y participar en la vida intelectual del país de acogida, sufriendo dificultades económicas. Pero lo cierto es que  lo peor fue el sentir una inmensa soledad y una fuerte melancolía hacía su país, así como también lo que habían vivido y dejado atrás al marcharse, que jamás recuperarían, ni siquiera volviendo. Y tercero, el olvido. La peor de las condenas. Ni si siquiera la democracia las trató igual que a sus pares cuando volvieron (cuando se trataba de volver a empezar, solo se reescribió en masculino y ellas fueron tachadas como “las mujeres de…”).

El objetivo de este libro es recatarlas del ostracismo, en el que la sociedad las obligó a permanecer, y contar sus dramas, devolviéndoles la voz y otorgándoles un sitio en la historia de este país. Con una escritura apasionada y alineada -defendiéndolas a capa y espada-, a la vez que fluida y rápida, la autora, Tania Balló, sabe hacer relucir el ambiente, la ebullición y la ilusión de la época y, desgraciadamente, aquel trágico final (ese “día que se hizo noche”, momento en que la Guerra Civil paralizó el tiempo). Al mismo tiempo, Balló no pretende “descender” al detalle ni hurgar en sus vidas, sino presentar a estas mujeres como sujetos históricos y artísticos, poniendo en valor su obra y alzándola por encima de las cuestiones personales. La autora, directora y productora de cine, nos rescata una parte de nuestra historia con un toque cinematográfico, al aproximarse a estas artistas como si portara en la mano una cámara de video. Además, Tània fue directora del documental Las sinsombreros que se emitió en TVE2 en octubre de 2015. Este libro complementa a dicho documental.

Como suplemento interesante, el libro viene acompañado con fotos. Retratos solitarios y en compañía de sus pares masculinos. Unas fotos bellísimas, como son todas las fotos en blanco y negro, que reflejan la alegría y la solidaridad de camaradería que entonces se disfrutaba. También hay algunos poemas, que manifiestan los sentimientos de estas pensadoras para con su entorno.

Estas artistas que no se contentaron con su papel de madres y esposas, fueron pintoras, poetas, dramaturgas, ensayistas, editoras, impresoras, novelistas, escultoras, traductoras, actrices, filósofas… La mayoría de ellas fueron viajeras empedernidas, que querían aplacar sus ansias de descubrir mundo y adquirir conocimiento.

De todos los perfiles hay dos que me han marcado más: el de Concha Méndez y María Teresa León. La primera, la cual desconocía, por descubrirme a una mujer que llegó a ser una de las intelectuales más importantes del momento sin apenas tener estudios. La segunda, por ser una de las mujeres más activas y combativas contra el fascismo y por su defensa de la cultura como arma social y política.

Quizás el único punto negativo que tiene este libro es que es demasiado corto. Punto que se suple gracias a una extensa bibliografía para paliar nuestra ansia de saber más al acabarlo.

Quiero terminar esta reseña con dos frases que me han marcado. La primera es de la propia escritora: “Ellas volvieron a casa, pero parece ser que la Historia no las esperaba” y con este libro se llena un hueco vacío y negro. Aunque “no están todas las que son, lo sé, pero este es solo el principio”.  Y la segunda es una lamentación dramática que María Teresa León expresó desde el exilio: “Estoy cansada de no saber dónde morirme. Esa es la mayor tristeza del emigrado. ¿Qué tenemos nosotros que ver con los cementerios de los países donde vivimos?”.

 

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