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Los impunes

Los impunes, de Richard Price

los-impunesLos guionistas de The Wire son, aparte de guionistas, en su mayoría, también escritores. Richard Price es uno de ellos y Los impunes es su novela más reciente. Como es de suponer, se desarrolla enteramente en el mundo de los policías, uno de los ámbitos profesionales más fértiles en cuanto a novelas y guiones de cine y televisión se refiere. Parece que no sólo su trabajo despierta curiosidad y guarda suficientes historias de interés como para dar lugar a un sinnúmero de relatos de ficción, sino que el desempeño policial, sus inextricables burocracias internas, sus ocasionales elementos podridos, los códigos morales, legales y de autoridad que rigen en el cuerpo, etc. son una fuente todavía más productiva.

Aunque, a decir verdad, no son muchos los autores que logran retratar al Cuerpo, así, a bulto, y a sus miembros individuales bajo una luz favorecedora. De todos los gremios, incluyendo el de los abogados y el de los periodistas, probablemente sea el policial el que sale peor parado. Y esto es cierto incluso en los casos en que los policías son los buenos, eficaces encargados del cumplimiento de la ley y perseguidores de los malos; en la mayoría de las series policiacas, incluso los protagonistas son unos tipos prepotentes, chulescos, arrogantes, cuya única ley es la que ellos mismos establecen, capaces de pisar a cualquiera que se atreva a dudar de su autoridad universal y su posición por encima del bien y del mal. Es duro ser un poli en el mundo de ficción.

Algo más que la reproducción de ese desfavorecedor estereotipo -que no sabemos si es fiel a la realidad o no; yo por lo menos lo ignoro- cabría esperar de todo un guionista de The Wire -ésta sí, serie en la que hay un puñado de personajes del cuerpo que se salvan de la quema; puede que algunos sean unos chulos, pero al menos son unos chulos con buen fondo-, y sí, eso es lo que obtenemos… más o menos.

Una buena novela debe tener como una de sus características la riqueza de matices, la evasión de la coartada fácil del blanco y negro, y, en ese sentido, Los impunes cumple. No es tanto una novela policiaca como un drama sobre policías, con crímenes y dilemas morales y justicieros de fondo. Hay aquí policías arrogantes, policías que se creen -y tal vez han sido- héroes, que -en general, y es importante el matiz- se mueven de acuerdo a unos principios loables, pero no siempre, y el “no siempre” es lo que destaca y nos interesa; también hay policías que se han pasado de la raya y son verdaderamente de temer, policías con graves pecados a sus espaldas y que, sin embargo, son capaces de actos de nobleza y bondad.

Ni los actos malvados -o errores- de los buenos son tan enteramente malvados o, mejor dicho, son tan convencionalmente malvados que no presenten una buena excusa para disculparlos, ni las bondades de los malos son tan conmovedoras que sirvan para perdonarlos. Pero, por esas mismas excepciones, nos sentimos movidos a cuestionar tanto la bondad de unos como la maldad de otros. Por alguna razón, nos cuesta simpatizar verdaderamente con el protagonista, el policía y hombre de familia Billy Graves, y más aún con sus excompañeros policías. No es que sean unos villanos, pero tampoco son personas que destaquen por sus valores, ni por su heroísmo, ni por su entrega, ni por su generosidad, ni por ninguna otra gran cualidad positiva. Son tan comprensibles en su maldad como endebles y vulgares en el plano moral. Héroes perfectamente banales y acartonados, capaces de malear argumentos razonables para justificar sus acciones hasta el punto de hacerlos excluyentes y tapar la visión de todo el resto del mundo que también tiene o podría tener sus razones para acciones parecidas. Tras un tramo final anticlimático -aunque nunca un anticlímax fue tan acertado-, queda clara la relación entre la historia y el título, que se convierte, a partir de ese desenlace, más bien en una pregunta dirigida al lector. Los impunes no es una gran novela, pero es una buena novela en tanto en cuanto huye de estereotipos y tampoco pretende decidir sobre cuestiones que siempre han sido ambiguas y siempre lo serán; y también porque constituye una lectura amena.

La historia principal, que versa sobre una visión muy relativa de la justicia -relativa en el sentido de “personal e intransferible”-, discurre entre episodios que parecen sacados de un capítulo de The Wire, y que van desde lo chusco hasta lo trágico, desde lo absurdo hasta lo conmovedor. En esos pasajes reside, quizá, el mayor verismo de Los impunes.

Leire Kortabarria

@leiresroom

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