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Matar a papá

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Matar a papá, de Carina Bergfeldt

matar a papáY si, en un momento determinado, se te presentara la opción de matar a alguien que te ha hecho la vida imposible, ¿la tomarías? Los dilemas éticos están a la orden del día y las novelas ponen en evidencia muchas veces lo que se esconde tras nuestros deseos y nuestras necesidades. Una de las preguntas que suele hacérsele a la sociedad en muchas encuestas es si estarían dispuestos a asesinar a alguien que ha cometidos con ellos una injusticia de dimensiones épicas. Y suele suceder que, por miedos, uno siempre responde que no aunque en su fuero interno piense que depende de las circunstancias, que a lo mejor se lo pensaría, que si supiera que se va a ir de rositas puede que lo hiciera. Se le llama: instinto de supervivencia. También llamado: el ojo por ojo. Porque la venganza se disfraza muchas veces de otro tipo de excusas a las que le ponemos nombres rimbombantes para acabar determinando que lo que queremos es que la persona que nos ha hecho daño muera. Tan simple y tan terrible. Porque Matar a papá nos envuelve en uno de esos dilemas de los que hablaba antes, que son los importantes, los que nos describen como personas, los que nos hacen vernos desde lejos y pensar en lo que realmente queremos hacer con nuestra vida. ¿Sigues con el plan o lo dejas pasar? Vosotros tenéis la decisión, y ahora estáis a punto de tener que tomarla.

Un padre que ha sido un tirano toda su vida está a punto de encontrar lo que se merece: la muerte. Una mujer prepara su asesinato, a la vez que un cadáver aparece en la ciudad de Skövde. Mientras la investigación sigue su curso, tres mujeres querrán resolver el crimen por diferentes razones, pero sólo una de ellas tiene otros planes en mente: matar a su padre de la forma más dolorosa que pueda existir.

 

Las novelas policíacas deben reinventarse. Esta es una máxima que llevo manteniendo desde hace tiempo después de haber pasado ratos interminables leyendo y leyendo historias que se parecían unas a otras. ¿Está, entonces, todo contado en el mundo del género negro? Matar a papá se convierte, por derecho propio, en la mejor novela policíaca de este mes por una simple razón (entre otras muchas, claro): es el soplo de aire fresco necesario para entender por qué la novela criminal no está muerta y enterrada. Pero pensaréis que por qué digo lo que digo, y estáis en vuestro derecho de preguntarlo, claro que sí. La primera de las cuestiones sería observar que Carina Bergfeldt tiene la valentía necesaria para tratar un tema como el maltrato como nexo de unión entre todos los protagonistas de su novela, creando unos personajes con los que es difícil que nadie pueda empatizar y entender sus motivaciones. La segunda de las cuestiones es ponernos en la piel de una asesina a la que no vemos como tal una vez que vamos entendiendo las razones por las que hace lo que hace. Es entonces cuando nuestra mente de lector se pone en evidencia y vamos haciéndonos las preguntas que esta novela tiene aparejadas desde la apertura de su primera página. ¿Seríamos nosotros capaces de cometer aquello que se nos está describiendo?. La tercera de las cuestiones es un estilo ágil, directo, sin fisuras, que hace que su lectura sea tan rápida que nos encontraremos inmersos en la vida de los protagonistas sin haberlo pretendido. ¿No es suficiente? Bien, así me gusta, que seáis inquisitivos.

¿Habéis sentido alguna vez esa emoción que se traduce en un suspiro cuando se acaba un libro? Matar a papá nos hace suspirar y, poco tiempo después, un segundo diría yo, ponernos a pensar en lo que hemos leído, en todo lo que hemos leído, y queremos entender cómo es posible lo que ha sucedido, lo que se nos ha narrado, y lo que Carina Bergfeldt ha conseguido con esta primera novela, que se infiltra en la vida de muchas personas que sufren la lacra de los malos tratos y que contribuye, una vez más, como lo hace siempre la literatura, a reflexionar en qué nos estamos convirtiendo, en qué podemos hacer para arreglar lo que se ha roto, y además, en querer salvar aquello que no debe mancillarse nunca: la infancia. No estamos, pues, ante una novela policíaca al uso, porque eso sería demasiado aburrido, demasiado sencillo. Lo que aquí tenemos es uno de eso peldaños que se suben para llegar a la cima de las lecturas, de las buenas lecturas, y que realiza una radiografía extraordinaria del ser humano, de sus luces y sombras, a la vez que nos permite ver la tormenta que, desde lejos se acerca y que puede calarnos los huesos.

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