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Meridiano de sangre

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Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy

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De los libros que he leído de Cormac McCarthy, Meridiano de sangre sobresale como una obra maestra, probablemente la cumbre de un autor ermitaño, una muestra de pura genialidad.

La historia se remonta a la frontera entre México y Estados Unidos a mediados del siglo XIX, territorio hostil y tierra de nadie, donde la ley del más fuerte gobierna los poblados aislados por montañas, desiertos y una geografía más cercana al infierno que a un lugar terrenal. Es en este escenario salvaje que un grupo paramilitar lidereado por John Joel Glanton es contratado por autoridades mexicanas para exterminar las bandas de indios que aterrorizan los poblados en la frontera. Se inicia así una carnicería en la cual se explora el lado más violento del ser humano, el grupo Glanton asesina y corta cabelleras, toma pueblos enteros, se alejan de cualquier tipo de moralidad para llegar a lo más hondo y oscuro del alma. Es una historia que no solo recrea de una forma detallada una parte del legado violento que existió en la frontera, sino que se adentra en la mente humana y sin tratar de dar una moraleja explora la violencia y la oscuridad que está en todos nosotros.

A pesar de la gran recompensa al leer este libro, McCarthy exige al lector un precio que no creo haber tenido que pagar con algún otro libro. La prosa que utiliza llega a la perfección por algunos lapsos, pero es una prosa difícil de digerir, cargada de descripciones poéticas, enunciados cortos y afilados, diálogos inmersos en la narración que requieren atención y tiempo para poder asimilarlos. El lenguaje que maneja es tan vasto como los paisajes en los que los personajes realizan su aventura épica, cosa que utiliza para describir situaciones y acciones que quedan permanentemente tatuados en la memoria. McCarthy logra con su estilo en su forma más pura, plasmar el relato de una forma que por más que uno continúe leyendo, todo sigue pareciendo un sueño confuso y peligrosamente vivido. Al seguir con su narración al grupo de forajidos no lo hace de una forma ordenada y concisa, sino que intenta que se ponga más atención en lo que está diciendo cada personaje que en saber cuál de ellos lo dice.

Sin embargo, todo lo anterior es hasta cierto punto algo normal que se podría esperar de un escritor talentoso. Lo que realmente cuesta trabajo para adentrarse en Meridiano de sangre es poder soportar la violencia del libro. Violencia en su forma más pura, sin miramientos hacia el bien o el mal, simplemente uno es espectador de los actos que puede llegar a hacer el ser humano.

Las acciones asesinas no se detienen a lo largo de todo el libro, sin duda alguna es la lectura con más horror que he leído. Lo que McCarthy logra con este libro hace sentir otras historias del género del terror como cuentos para niños. No es un libro de horror. Es horror puro.

La forma de la historia sigue las aventuras de un personaje llamado simplemente “el chaval” (the kid), desde su escape de casa en Tennesee hasta cuando llega a la frontera sur con México y eventualmente entra al grupo de forajidos y asesinos comandados por Glanton y el juez Holden. He aquí el otro personaje principal que acompaña todo el relato, el juez Holden, un gigantesco hombre sin pelo ni cejas, polígdota, científico, asesino, despiadado y que se muestra como el líder espiritual del grupo. Por medio de discursos persuasivos va trazando el camino hacia lo macabro y envenenando sutilmente la mente tanto de los personajes a su alrededor, como del lector mismo. Es con este personaje que McCarthy hace de esta historia algo apocalíptico, logra encarnar en el juez a la maldad pura, quien a diferencia de los demás, no actúa improvisadamente sino que racionalmente atrae la guerra y la violencia. El juez emerge en una novela llena de muerte como el verdadero verdugo del demonio, un personaje enorme que fácilmente puede dar pesadillas al más valiente.

La narrativa sigue casi siempre al “chaval”, sin embargo, muchas veces lo utiliza como un instrumento, como simple testigo de la metamorfosis del grupo de mercenarios a asesinos salvajes. Las descripciones del viaje que hacen a través de toda la frontera quedan embebidas en las mismas descripciones de los personajes, usando referencias espaciales que le dan el carácter épico a la aventura. A lo largo del libro se nota una increíble investigación para recrear exactamente la vida y las ciudades de aquella época, todo es contado tan minuciosamente que pareciera que McCarthy viajó al pasado a escribir el libro.

Mientras el grupo Glanton pasa de matar indios rebeldes a matar todo lo que se cruza en su camino, se va delineando poco a poco el protagonismo del “chaval” y el antagonismo del juez, quien llega a declarar que la guerra es Dios. Así, en una historia llena de sangre, los forajidos se ven inmersos en un viaje permanente entre ser cazadores y ser perseguidos a la vez.

Finalmente, es difícil interpretar el mensaje del libro, sobre todo con el desenlace ambiguo que nos ofrece, pero claramente hay una intención en el autor al presentarnos las cosas así, como una declaración pesimista en cuanto a la maldad y el hombre.

Con esta novela basada en hechos reales (el grupo Glanton sí existió), McCarthy cuenta una odisea ambientada en un escenario al más puro estilo western, pero llevado al límite del gore y el horror. Es un viaje hacia las penumbras menos visitadas de la mente, rincones perturbadores que también forman parte de nuestra especie. Sin dejar un mensaje específico, es uno de esos libros que no puedes borrar de la memoria, que sigue causando ecos en el interior y que una vez terminado, comienza a tener interpretaciones en niveles profundos del razonamiento. Si la grandeza en un escrito se mide a partir de los nuevos caminos que deja abiertos su lectura, entonces Meridiano de sangre tiene la grandeza de los mejores clásicos de la literatura, pero sin olvidar algo, en su lectura está encerrada la brutalidad, la barbarie y lo salvaje de nuestra historia.

Es considerado como la obra cúspide en la carrera de Cormac McCarthy y definitivamente vale la pena leerlo, una vez terminado fácilmente entiendes por qué es considerado de los libros élite del siglo pasado.

 

5 comentarios en “Meridiano de sangre

  1. Bienvenido a LyL!
    Muy buena reseña aunque confieso que me encuentro en el medio: si lo leo o no.
    Las razones a favor, están en el último párrafo y el hecho de que digas que su narración es excelente. Además que probar a McCarthy es algo que debo hacer.
    En contra: que parece ser muy violento, en cuánto decís que los libros de horror no son nada con la violencia que se presenta acá.

    Quizás deba aventurarme con otros libros y en algún momento, agarraré este.

  2. Me sumo a la bienvenida.

    Extraordinaria reseña de un libro extraordinario. Es una novela de esas que no se olvidan nunca, no solo por lo que cuenta, sino también por como lo cuenta.

    Un saludo,

    Javier

    Rose, si quieres comenzar con McCarthy y te asusta un poco “Meridiano de sangre”, prueba con “Todos los hermosos caballos”.

  3. La obra maestra de McCarthy, en eso coincide la crítica. Este novelista es el digno heredero de Faulkner, su prosa es poesía pura, e imagino que habrá que leerlo en inglés para poder apreciarla mejor. Además es un escritor “ético”, a la manera de Conrad y de Melville. Sí es cierto que hay mucha violencia, pero no es como para espantar a los posibles lector diciendo que es “horror puro”. Es una épica, y como tal, la violencia es parte de la historia, como en “La Ilíada”, pero no me parece un libro de horror, es una novela histórica y su tema es la lucha entre el bien y el mal. Saludos.

  4. Pues la verdad es que un libro con tanta violencia no es precisamente lo que me gusta mas, por lo que cuentas parecera una novela similar a las periculas del oeste, y eso me parece muy vista ya, no se me lo pensare, pero no parece que este libro pase a mi biblioteca.
    Un saludo

  5. Casi en total acuerdo con Luis S. No es un libro sobre el Oeste. Es heredero directo de “La Iliada”. Retrata el alma humana, su violencia natural. Pero discrepo del artículo en cuanto que lo considera “gore”. No creo que se regodee en la violencia; simplemente la constata. Sus descripciones son de una plasticidad surrealista (las sombras de los caballos al atardecer que semejan arañas). El horror del libro radica en reconocernos y en vernos condenados a repetirnos infinitamente. McCarthy ya nos ha condenado, desnudado y despellejado pese a que nos creamos mejores. Es un libro en el que no cabe la esperanza. Al contrario que en “La carretera”, donde McCarthy deja un resquicio de salvación.

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