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Niyomismalose

imagendestacada

Niyomismalosé, de Megan Maxwell

niyomismalose– ¿Qué lees?

– Niyomismalosé de Megan Maxwell

– ¿Un libro para mujeres?

– ¿Desde cuándo hay libros para mujeres?

– Tío, ¡pero si sale una mujer con rulos en la portada!

– ¿Y eso que narices tiene que ver?

– Me vas a decir ahora que esa clase de libros también es para hombres…

– Mmmm, pues sí, ¿tienes algún problema?

Vuelvo a las transcripciones de conversaciones propias porque aún hoy, cuando tomo algún café, me encuentro con este tipo de preguntas que hacen que la bilis se me remueva. El género romántico, por reivindicación propia, es un género pensado para mujeres, vale, pero eso no quiere decir que los hombres no podamos disfrutarlo. Los prejuicios, en cualquier área, son peligrosos, y a mí cada vez que alguien me viene con ínfulas de que sabe lo que cada persona tiene que leer acabo manteniendo una discusión propia de cualquier problema de Estado. A mí me gusta la literatura, me encanta leer, leo de todo (salvo excepciones) y siempre he considerado que para saber hablar de algo hay que conocerlo de primera mano. ¿Que las novelas románticas no son libros para hombres? Supongo que no es su público mayoritario, pero, ¿acaso hay algún problema en que un chico, sea de la edad que sea, acabe leyendo lo que le gusta y además se divierta? Pero yo no estoy aquí para crear debate, o también, pero no es el cometido principal. Hoy he venido, no a hablar de mi libro, sino de uno de Megan Maxwell que, para todo aquel que ose repetirme algo semejante a la conversación anterior, le diré que no sólo me ha gustado, sino que me ha divertido como pocos. ¿Estáis preparados? Pues empecemos a desgranarlo.

El caso es que yo no había leído nada de esta autora. No me he sentido tentado a leer su trilogía erótica más famosa, pero la historia de Niyomismalosé me llamó la atención. ¿Qué sucede cuando tu vida parece caer en picado, pero el destino quiere que encuentres algo maravilloso? Llámenme romántico, llámenme sentimental, pero en ocasiones los seres humanos nos preguntamos esta serie de cosas y se necesitan respuestas positivas para no caer en la mayor de las depresiones. Porque sí, estamos ante una historia de amor, pero también ante una historia policíaca, pero también ante una historia sobre la familia, sobre la amistad, sobre lo que se quiere en la vida y también sobre lo que no se quiere, que me parece más importante, dónde va a parar. Si tuviéramos que decidir qué camino tomar para llevar las riendas de nuestra vida, ¿cuál tomaríamos? Bueno, esas son las cuestiones que se plantea Nora, una mujer a la que abandona el marido pero que, por azares del destino, se ve absolutamente enganchada a Ian, un profesor de gimnasia que, en realidad es un policía de incógnito, investigando una serie de robos y asesinatos cometidos en el club al que asiste nuestra protagonista. Lo sé, he resumido mucho todo, pero el grueso está ahí y los spoilers en las reseñas nunca han sido mi fuerte porque no me gusta destripar el contenido a nadie. Así que aquí tenemos elementos de romance, elementos de misterio, elementos de humor, en definitiva, una novela coral que envuelve y atrapa. ¿Alguien pide más?

Pues como se trata de eso, de que pidáis más os diré que  Megan Maxwell ostenta el título de las mejores escritoras de novela romántica de este país, con una forma de escribir ágil, entretenida, sin cortarse un pelo en llamar a las cosas por su nombre (harto estoy de escenas de sexo edulcoradas), que no se casa con nadie, que vive por y para la escritura, y que nos anima a la lectura a todos aquellos que, como yo, se sentían un poco reticentes a hincarle el diente a este tipo de historias. Puede que, en un futuro, vuelva a caer, quién sabe, lo que sí estoy seguro es de que cada vez que alguien me mira raro por estar leyendo un libro pensado para mujeres (con lo que la democracia en los libros parece que está de capa caída) yo le miro más raro todavía porque piense con una mente tan cuadriculada. La vida está para divertirse, y las lecturas para conocerlas. Por eso, recordad el dicho, nunca vendáis la piel del oso antes de cazarla, os podéis llevar una sorpresa.

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