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Oscuridad total, de Renata Adler

Oscuridad total

Oscuridad totalNo siempre ocurre. No, todos los libros. Tampoco todas las personas. A veces, un día cualquiera, empieza con una frase. Entonces lo sabes. Que no necesita grandes preámbulos. Solo un buen comienzo.

Quiero decir que estoy aquí. Y trato de contarle al aire por qué lo necesito para seguir. Que algunas lecturas, pocas y muy de vez en cuando, te atraviesan como una emoción. Es algo mucho más que una buena historia o una buena novela. Por supuesto, tiene que ver con la calidad. Pero también, y esencialmente, con las entrañas.

Oscuridad total de Renata Adler –editada ahora por Sexto Piso, como ya hiciera anteriormente con Lancha rápida– fue publicada por primera vez en 1983. En ella, su protagonista, Kate Ennis, trata de buscarle sentido al amor. O más bien, a la pérdida. Y a partir de ahí, todo lo demás. La angustia, la huída de sí misma y del otro, la búsqueda de identidad, la desconfianza o la aparente necesidad de volverse a encontrar en el mundo.

En medio de toda esta confusión, los interrogantes. También el pasado, que vuelve una y otra vez. Y su voz. Poética, sensible e inteligente. Que nos habla, a veces, con un gran sentido del humor. Y se confiesa. Y divaga sobre la vida y la escritura mientras deconstruye su propia realidad.

Con una narración fragmentaria y descompuesta, Adler no trabaja solo su memoria, que solo se entiende desde la atemporalidad del recuerdo y sus saltos, sino que hurga directamente en el sentimiento. Su novela, que huye de la herida, las causas y su sangre, es un relato de pérdida y de búsqueda. Trata de lo que has sentido y de lo que, sabes, podrías llegar a sentir si apretaran bien algunas tuercas.

Poco a poco, su oscuridad se apodera de ti. Y, como solo ocurre después del amor, hay pasajes de una inquietud sobrecogedora. Aunque su escritura sea más bien la de la belleza de un atardecer en el campo. Es así como, a medida que avanza la lectura, al lector le invade la creciente necesidad de leer también hacia atrás. De volver al momento en el que el sol empezó a descender de las alturas. Recrearse entre las sombras de las comas, las pausas y los puntos finales. Y detenerse allí, mientras de fondo algunos estribillos se repiten, antes de volver al presente, a la frase que avanza, al texto que sigue. Como si los tiempos que manejara fueran en realidad los de la vida. Una realidad sesgada. Que no funcionan nunca en un único sentido.

Elevada por algunos a la categoría de novela de culto, Oscuridad total es una hermosa novela llena de pequeñas y grandes lecturas. Que te atrapa y no solo por su evocadora voz narrativa. Se trata más bien de una cuestión personal. De cómo, algunos, leemos ciertos libros. Como si nos pertenecieran antes incluso que a su autor. Como si Renata Adler consiguiera también abrirse camino en nosotros, del mismo modo que nosotros nos abrimos camino en su texto.

Después llega su final. Y, como ocurre con las grandes historias de amor, uno solo piensa en su principio. Por suerte aquí, solo hay que volver hacia atrás en sus páginas. Una auténtica delicia.

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