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Out, de Natsuo Kirino

Pero, ¿quién lee novela negra?

A veces, mientras espero pacientemente a que llegue mi parada, me resulta inevitable observar a las personas silenciosas que, hombro con hombro, se agolpan a mi alrededor. Las miro buscando detalles, pistas, que me revelen algo sobre esos desconocidos con los que comparto el espacio físico del interior del transporte público, la sensación de falta de aire fresco, la frustración ante el atasco, los vaivenes en los frenazos, de los que todos nos recuperamos lo más rápidamente posible, reestableciendo nuestras fronteras corporales como si el contacto ocasional fuese algo absolutamente inapropiado, pero por desgracia, frecuente e inevitable.

Out, de Natsuo Kirino

Rastreo y me detengo ante un reloj, unos determinados zapatos, o un maletín de piel, preguntándome cómo será la casa que ha dejado atrás aquel tipo que resopla bajo el peso del portátil al hombro ¿vivirá solo? ¿Dónde trabajará? Tiene pinta de publicista. ¿Hará el trayecto habitualmente en automóvil, que hoy está pasando la revisión, y por esos parece tan fastidiado?

Es como un pasatiempo mental, un ovillo que mi imaginación saca para jugar un rato, le da unos cuantos zarpazos, saca un hilo por aquí, lo gira, lo voltea, lo guarda, lo vuelve a sacar y le clava una uñita.

Suena un teléfono móvil, y su propietaria contesta, manifiestamente agradecida de tener la ocasión de demostrar a todos lo demás que ella posee una vida real, fuera de aquel lapso temporal que nos transforma en anónimas figura de ceras, que nos despoja de  nuestros invisibles atributos personales.
Sí, es un vicio, empleo mucho tiempo a observar, a examinar, más bien, a la gente con la que me cruzo en cualquier circunstancia. Por eso me inquieta la pregunta que me asaltó el pasado domingo: pero, ¿quién lee novela negra?

El programa de difusión literaria de la televisión pública estatal, “Página2” dedicó en su última edición un extenso apartado en el que aseguran que nos encontramos ante “un boom de la novela negra” (http://pagina2.rtve.es/reproductor.php?v=report35.flv). Y aunque se mencionaron muchos títulos, aguardé algún comentario sobre un perfil lector, que no se produjo, y que soy incapaz de imaginar.

Pues bien, yo leo novela negra. O al menos he leído una recientemente, como suele suceder en muchas ocasiones, casi por casualidad, porque la verdad es que si hubiera encontrado una etiqueta de antemano advirtiéndome: “novela negra”, no me habría internado en sus páginas.
Ni siquiera reparé en que el aparentemente sobrio diseño de la portada era una mancha de sangre sobre un fondo blanco. El título “Out”, tampoco me sugirió nada en concreto, y su autora, Natsuo Kirino, menos.

Quizá sea la mejor actitud con la que enfrentarse a un libro, porque, de inmediato, comencé a espiar compulsivamente a cuatro mujeres que aparentemente no tenían nada en común, excepto que compartían el turno de noche de una fábrica en la que se preparaban bandejas precocinadas de comida japonesa.

Masako lleva una parka vieja, con cinta adhesiva cubriendo los agujeros por los que se escapa el relleno y conduce un corolla abollado.

Yoshi, viuda, cambia seis veces al día el pañal a su insufrible suegra, postrada en cama, y se desplaza en bicicleta.

Kuniko es mezquina, gorda y fea, compra ropas y todo tipos de accesorios de marcas absolutamente fuerte de su alcance, su novio la ha abandonado, y acaba de contraer una enorme deuda con su nuevo Volkswagen.

Yayoi, que conserva algo de la belleza y gracilidad de la juventud, descubre que su marido se ha gastado todos sus ahorros jugando a las cartas y con una prostituta en la que se ha encaprichado. Un día, incluso llega a golpearla, y ella lo mata. Aterrorizada, recurrirá a sus compañeras de turno, que habituadas a trabajar con carne troceada, colaborarán en el descuartizamiento del cadáver movidas por diversos intereses, pero una de ellas cometerá una imprudencia…

Out describe incisivamente la vida cotidiana de estas cuatro mujeres, atrapadas por sus circunstancias, que se ven repentinamente envueltas por otro mundo al que no creían pertenecer. Una crítica social brutal, una creación de personajes, de una riqueza psicológica, que me lleva a afirmar, sin lugar a dudas, que esta autora ha leído, y mucho, a Dostoieski, y ha sabido capturar la genialidad del maestro de Petersburgo en esta obra, que resultó ser, a fin de cuentas,  una novela negra. Fabulosa.

Eva MMJ
eva@librosyliteratura.es

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