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Para llegar al otro lado

Para llegar al otro lado, de Vladímir Lórchenkov

para-llegar-al-otro-ladoEl inabarcable potencial irónico de esta novela junto con el inmenso sentido del humor del autor, convierten Para llegar al otro lado en uno de los libros más divertidos que se hayan cruzado en mi camino últimamente. Sus situaciones surrealistas, sus escenarios exóticos y sus personajes tan peculiares convierten esta obra de Vladímir Lorchenkov en una de las más originales. Su trasfondo, la realidad tan triste como brutal que retrata, eso de lo que realmente habla en un segundo plano de lectura lo convierten en una experiencia terriblemente amarga, tan literariamente gratificante como humanamente doloroso. Uno no puede sino alegrarse de tener un libro como este entre las manos, pero tampoco puede evitar que se le caiga cada vez, y son muchas, que esas manos se las lleva el asombrado lector a la cabeza. Un libro con el que reírse, sí, pero para leer con atril.

El otro lado es Italia, y este lado es Moldavia, la tierra natal del escritor. El desfile de personajes surrealistas y situaciones no menos delirantes que mueven a los habitantes de Larga, un pueblo Moldavo, en su deseo que encontrar una vida mejor en una tierra prometida hacen que el personaje más sensato de todos cuantos aparecen en el libro sea el que dice “Italia no existe”. Y lo queman.

Vladímir Lorchenkov parece querer refrendar en su propia vida esa tesis contraria a las arcadias felices. Si uno lee su reseña biográfica en la solapa observa que, tras ganar no pocos premios en Moldavia y Rusia, emigró a Canadá donde continuó con su exitosa vocación literaria… trabajando como estibador y obrero de la construcción. Es sorprendente que alguien de este desbordante talento, con más de 20 obras a sus espaldas, se vea obligado a subsistir de este modo, por otro lado tan digno.

Para llegar al otro lado es un libro exagerado, ni en su humor ni en su acidez existe el menor dique de contención y es por eso una gran experiencia lectora. Es una caricatura, desde luego, el espejo deformante en el que se reflejan los personajes se convierte por momentos, gracias al talento del autor, en espejo ustorio que devasta la imagen bucólica que los eslavófilos gustan pintar de las zonas más rurales de lo que fue la Unión Soviética.

Éste de Vladímir Lorchenkov es un relato tan mordaz como corrosivo, tan cruel como tierno, y se compone de una serie de situaciones bien hiladas a cada cual más sorprendente que logran un conjunto tan hilarante como amargo. Ninguno de los dos lados sale muy bien parado en este ejercicio de francotirador literario, pero sobre todo las personas que los pueblan ambos y que por él desfilan, dan mucho que pensar. Una obra magnífica de un autor al que, palabras mayores, se ha comparado acertadamente con Vonnegut.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

 

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