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Seconds, de Bryan Lee O´Malley

SecondsHay ocasiones en las que una novela gráfica que, en su concepto, puede parecer simple, en realidad no lo es por todo lo que lleva de trabajo a sus espaldas y por ese halo de perfección que desprende cada vez que vamos viendo sus imágenes. Lo peor de todo esto es que, por mucho que lo intentes, no puedes describirlo a la perfección porque eso sólo puede vivirse cuando se cierra la historia y hemos llegado al final, nos quedamos mirando al horizonte un momento, y después ya nos vamos dando cuenta de lo que acabamos de leer. Seconds, una de esas historias que puede parecer que no llaman la atención, o que pasan desapercibidas en las estanterías de una librería, merecería casi un especial por mi parte, aunque no me extenderé más de lo que suelo en las reseñas, porque lo que lleva dentro es una historia que mezcla a la perfección una historia real con la fantasía más clásica, pero desde una perspectiva que yo llamaría diferente, que te deja hipnotizado en algunos momentos, que te divierte en otros, que crea escalofríos en otra, y que convierte una historia que podría haber sido muy sencilla en una especie de árbol que tiene todas sus ramas entrelazadas y que llenan de significado lo que estamos a punto de leer. ¿Y cuál es ese significado?, preguntaréis. Y haréis bien en cuestionarlo, pero para ello me remontaré a aquellos días en los que yo empecé a leer novelas gráficas y que me metieron de lleno en este apasionante mundo.

Katie parece tener una vida perfecta. Pero todo empieza a cambiar cuando el restaurante nuevo que quiere montar no sale cómo esperaba, su gran amor se acaba y siente que necesita una nueva oportunidad en un mundo no acostumbrado a darlas. Cuando descubre que es posible conseguirla, puede que haya tomado la dirección equivocada.

Ilustración de Bryan Lee O´Malley
Ilustración de Bryan Lee O´Malley

Creo que fue cuando tenía veintitrés años cuando leí la primera novela gráfica que cayó en mis manos. Supongo que, hasta entonces, sólo me había llamado la atención las novelas, los libros que comúnmente se conocen, o quizá simplemente era que, por aquel entonces, el panorama literario no le había dado el peso específico que hoy le dan a este tipo de publicaciones. El caso es que cuando terminé ese título, me puse a buscar casi con voracidad – siempre lo hago cuando descubro algo nuevo por primera vez – todo lo que habían publicado hasta la fecha (aunque no fuera demasiado, todo hay que decirlo). Por ello, con el transcurso del tiempo, fui compaginando este tipo de lecturas hasta llegar a Seconds que ha conseguido que dé las gracias a un autor como Bryan Lee O´Malley por haberla creado. Es cierto aquello que he leído en algún sitio que el creador ha hecho una radiografía perfecta de lo que significa la juventud y querer crecer, uniendo los argumentos más clásicos – a saber: crisis económica, el trabajo, las amistades, el amor – con elementos de las historias fantásticas que tantas veces han endulzado los paladares de los lectores – a saber, en este caso: espíritus, casas “encantadas” o alimentos que nos permiten arreglar cosas del pasado -. ¿Que la historia no es algo novedoso? ¿Y eso qué importa si está contado de forma perfecta?

He tenido que oír, en muchas ocasiones – diría que más de las que me gustaría – que en ciertos sectores del mundo editorial hay que innovar, que hay que hacer llegar al lector historias completamente novedosas y que no se hayan contado nunca. Y sí, estoy de acuerdo en que tiene que haber historias nuevas que echarnos a las manos, pero también es cierto que, en ocasiones, buscamos historias que, aun recordándonos a otras, nos hagan sentir que estamos ante algo completamente distinto de lo que nos habían contado hasta ahora. Seconds se puede ver de dos formas diferentes: una historia que nos entretiene, que nos hace sacar alguna que otra sonrisa, pero que sobre todo nos hace salivar por sus dibujos o, por el contrario, una historia sobre la que pensar, sobre la que contemplar cómo Bryan Lee O´Malley envuelve y desenvuelve una historia – mucho mejor que Scott Pilgrim contra el mundoque convierte el trazo delicado en algo extraordinario y que nos hace pasar un buen momento para reencontrarnos con esas historias que echábamos de menos.

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