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Sí, de Thomas Bernhard

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¿Puede la trama de un libro ser poco importante?  ¿Puede no tener relevancia que les sucede a los personajes? ¿Puede ser algo que quede en segundo plano? Por supuesto que sí, cuando se tiene algo más que ofrecer al lector. Con este autor poco me importa lo que dice la contraportada, sé que va a garantizarme un estilo de escritura tan distinto que uno tiene que respirar profundo y luego lanzarse a la lectura. No me interesó mucho la historia, me interesó como la cuenta. Así se puede leer perfecto de Thomas Bernhard.

Cosas básicas de la trama: el personaje principal no tiene nombre, habla al lector en primera persona y admite vivir encerrado sin contacto con el mundo. Excepto Moritz. Y esta conexión un día lo conduce a conocer a los Suizos: el Suizo y a su señora, la Persa. No sabemos los nombres, pero sí sus empleos, sus actitudes.

Este personaje que cuenta al lector comienza a sentirse cercano a la Persa. Comienzan los paseos y el desvarío de esa voz que habla constantemente sobre su aislamiento, su  pérdida del rumbo y su gran inteligencia ligada a Schumann y Schopenhauer. Reflexiona sobre su música y su filosofía y fluye hasta que conoce a los Suizos.

Es claro que la historia poco tiene de importante, quizás sobre el final, porque lo que nos captura de Bernhard es su narración. No hay pausa alguna, todo está escrito en continuidad donde el signo de puntuación que reina es el punto seguido. Hay que olvidarse de los párrafos porque con Bernhard no existen. Olvidarse también que la repetición de vocabulario es inadecuada, porque a este autor se le permite. Hasta se la agradece.

Si bien El sobrino de Wittgenstein me gustó mucho más –la historia era conmovedora- Sí no me desilusionó en absoluto. Tiene todo lo que yo busco en este escritor y si bien la trama no es lo que más me interesa, lo cierto es que incluso esa infelicidad que embarga al narrador vuelve a esta obra aún  más atractiva.

Es un ejemplar corto, supera las cien páginas pero no hay que engañarse: sus libros no se leen rápido. Cada frase debe ser repasada y si bien Bernhard repite y vuelve sobre la misma idea en repetidas líneas, hay que estar muy atento para no perder la línea de su pensamiento.

Decidirse a leer a Bernhard es respirar profundo, abrir la primera página y lanzarse de lleno a una lección de escritura magistral, a una experiencia extenuante –leerlo realmente lo deja a uno con la impresión que no tiene más saliva en la boca- , y a lo exótico de no involucrarse tanto con la historia sino con la forma de contarla que tiene un protagonista anónimo.

No es una lectura corta, tampoco una lectura ágil. Es Bernhard. Es el punto y aparte que él nunca utilizó.

 

Rosario Arán (rosearan@librosyliteratura.es)

@rosearan

3 comentarios en “

  1. Muchas gracias Rosario por la recomendación de este autor y su libro “Sí”.
    Nunca he leído a Bernhard pero esa forma de escribir que describes en tu reseña me recuerda a Alejo Carpentier, ¿es posible que haya similitudes entre ambos?

  2. Soy una gran admiradora de todos los signos de puntuación, especialmente del punto y coma, así que no sé cómo me va a sentar esta lectura, pero me la apunto. ¡Un abrazo!

  3. De Bernhard sólo leí ” Relatos autobiográficos ” publicado en Anagrama con motivo del veinte aniversario de su fallecimiento. Para mí fué un descubrimiento . Lo recomiendo con entusiasmo ,pero ya lo dice Rosario, no es un escritor fácil aunque estos relatos se leen muy bien,a pesar del desorden cronológico ,son parte autobiográficos y parte novelados,eso lo supe después en un ensayo que sobre el escribe su traductor en español Miguel Sáenz .

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