Suzanne, de Noemí Trujillo

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Si hay algo que nos hace sentirnos idiotas y vulnerables, es el amor. Construimos nuestro futuro basándonos en suposiciones, siempre con las ansias de libertad por bandera. Hacemos planes, nos marcamos fechas y plazos, y siempre prometemos cumplirlo todo con escrupulosa rigurosidad. Hasta que nos enamoramos. Y a partir de ahí se acabaron las suposiciones, las fechas y los plazos, todo. Nuestro cántaro lleno de leche se cae y se rompe en mil pedazos. Ya no somos libres, ni individuales. Pasamos a ser la mitad de un todo maravilloso y en nuestro futuro ya no cuenta el “yo”, cuenta el “nosotros”. Todo este humo romántico confunde y reconforta a partes iguales, tanto que algunas parejas van más allá y deciden dar el siguiente paso, el matrimonio. Hasta que te das cuenta de que tras la puerta del matrimonio se encuentra un mundo desconocido, que quizá no te compense conocer.

En este punto se encuentra Susana, la protagonista de la primera novela de Noemí Trujillo cuyo título evoca a la famosa canción de Leonard Cohen. Susana es una reconocida fotógrafa barcelonesa que viaja por todo el mundo fotografiando aeropuertos. En uno de ellos, Barajas, conoció a Tomás. Su flechazo instantáneo ha durado siete años llenos de intermitencias y largas ausencias por motivos de trabajo. Pero la inminente boda de ambos supone un punto de inflexión. Susana debe decidir entre la aburrida estabilidad que le ofrecen Madrid y Tomás o seguir siendo una viajera incansable con su amada Barcelona como centro neurálgico.

Tanto Susana como Tomás cuentan en capítulos alternos su propia historia de amor y desamor. La autora disecciona siete años de recuerdos para esparcirlos pacientemente durante el relato. Mientras tanto, conocemos qué y cómo piensan los personajes, convirtiéndose en un espejo en el que más de uno creemos sentirnos identificados. Porque todos hemos sentido dentro los efectos, benignos y malignos, del amor. Y es que todos los que estamos enamorados hemos tenido, como Susana y Tomás, una Lisboa pasada a la que volver para recordar nuestros primeros besos, o un Montreal futuro que simboliza esperanza y miedo a la vez. También nos hemos enamorado y apegado fuertemente a nuestras raíces, a ese barrio barcelonés en el que vive Susana. Y algunos, entre los que me incluyo, nos hubiera gustado liarnos la manta a la cabeza y pasar una temporada en las remotas islas Diómedes.

Para mí ha sido un descubrimiento muy positivo este libro de Noemí Trujillo. La narrativa ágil y fresca hace que el libro dure poco más de dos sentadas. Creo que capta y plasma a la perfección las relaciones amorosas, creando dos personajes sólidos y bastante creíbles. Y tengo que romper una lanza a favor de Turpial y su colección “Ópera prima”, que ya me enganchó con Lenta Demolición y que confirma su buen ojo sacando nuevas voces narrativas españolas.

Noemí Trujillo construye en Suzanne una bella historia de amor y libertad entre dos personajes totalmente antagónicos pero complementarios. Sobre Tomás, Susana y el mundo interior de ambos pivota una historia llena de dudas, miedos, engaños y reconocimientos. Una historia de amor verdadero, porque, ¿qué es el amor sino un batiburrillo de todos los sentimientos antes descritos?

César Malagón @malagonc

2 comentarios en «Suzanne, de Noemí Trujillo»

  1. Es una muy buena novela la cual se basa mucho en la realidad y existencia del ser según la siguiente descripcion realizada en la entrada, muy buen contexto, saludos.

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