
El consuelo, de Anna Gavalda

He descubierto a la escritora francesa Anna Gavalda este verano y en estos meses he leído Juntos, nada más, Quisiera que alguien me esperara en algún lugar y ahora le ha tocado el turno a El consuelo. Aunque he de reconocer que me costó unas cuantas páginas entrar en la trama, que no me concentraba, que al principio me hacía un lío con los personajes y que el argumento no me atraía en absoluto, al final he disfrutado muchísimo leyendo esta deliciosa historia que nos habla de amor, de esperanza, de lucha, de no rendirse jamás ante los golpes que nos da la vida, pero también de rutinas, de aburrimiento, de vidas que no se viven, de muerte, de sufrimiento, de dolor, de soledad. Porque El consuelo es esto y mucho más. Es la vida, con sus cosas buenas y sus cosas malas.
Una vez más Anna Gavalda nos acerca a unos personajes que, por encima de todo, son humanos, cercanos y con los que es imposible no sentirse identificado. Así, poco a poco vamos conociendo a Charles Balanda, un arquitecto parisino de 46 años que pasa sus días entre aeropuertos, aviones, obras y estudios. No tiene tiempo para pensar ni para sentir. No vive. Sólo se deja llevar y arrastrar por la rutina. Y así, sin darse cuenta, se irá alejando de Laurence, su mujer, y de Mathilde, la hija adolescente que ésta tuvo con su ex marido.