
Siempre tuyo, de Daniel Glattauer

Hablar de Daniel Glattauer es hablar de amor, eso ya lo sabemos. Lo que pasa es que esta vez no hablaremos del mismo tipo de amor con el que nos atrapó en Contra el viento del norte y Cada siete olas. Y es que en efecto en este nuevo libro el autor nos sorprende llevando el sentimiento al extremo, a lo anormal, a un estado más propio de la paranoia y la locura que no al romanticismo. Pero vayamos por pasos.
Siempre tuyo empieza en un escenario de lo más corriente: un supermercado. Allí un arquitecto simpatiquísimo y de sonrisa perfecta atropella accidentalmente con su carrito a Judith, la rubia y atractiva dueña de una tienda de lámparas. Hasta ahí todo bien. Perfecto, de hecho, pues de ese fortuito encuentro surge una relación que cualquiera podría considerar ideal. Él, Hannes, se enamora al instante. A medida que van pasando las páginas, vemos que realmente siente devoción por ella. La ama, no hay duda. ¿Y Judith? Bueno, ella también, claro. Es inevitable no querer al hombre perfecto, guapo, listo, atento y que además te hace sentir como la mejor y más bella persona del planeta. ¿Qué mujer no sueña con tal príncipe azul?
