
Formas del amor, de David Garnett

Una ligera y encantadora historia que, evitando al mismo tiempo los lugares comunes del drama y de la novela romántica, hace honor a su título.
No suelo planificar mis lecturas; no soy tan organizado y, además, cada momento y cada estado de ánimo tienen su libro y no es nada fácil acertar con antelación. Sin embargo, ante la cantidad de libros sin leer que se van acumulando, decidí intentarlo y preparé una lista de unos diez libros con la intención de irlos leyendo a lo largo de la primera mitad del año. Llegué hasta el tercero.
Y lo peor es que cuando lo terminé, hace unos días, me encontré con que no sabía qué leer a continuación; la lista estaba descartada, aunque sólo fuera por rebeldía, y sentía una vaga necesidad de leer algo “diferente”, aunque no sabría decir de qué debía diferenciarse. De modo que escogí cuatro o cinco libros que aún no había leído y que me parecían atractivos, entre los que se encontraba Formas del amor, de David Garnett, un título que compré meses atrás sin saber muy bien por qué, siguiendo una especie de intuición, a pesar de que apenas sabía nada ni del autor, uno de los miembros menos conocidos del grupo de Bloomsbury, ni de su obra.
Como aún no era capaz de decantarme por ninguno de los libros que había seleccionado, decidí leer las primeras líneas de cada uno, a ver si alguno de ellos me enganchaba. Abrí el primero y leí un par de páginas: demasiados personajes hablando todos a la vez. Hice lo mismo con el segundo: muy poco diálogo. Entonces le tocó el turno a Formas del amor. Cuando lo cerré había leído más de cien páginas.