
Los Restos del Día, de Kazuo Ishiguro

Me tenía que haber leído este libro en inglés. Si alguien me hubiera avisado, ya me hubiese encargado yo de afanarlo de un sitio u otro. Pero ya no hay remedio. Está leído, y está leído en nuestro querido y rico castellano (que no es poco).
Os comento lo del inglés, porque la historia del libro y sus protagonistas se mueven en torno a la alta sociedad inglesa. Una sociedad que se expresa (o se expresaba, que todo decae en esta vida) en ese posh queen’s english que (a mí personalmente) me gusta escuchar y, en la medida de mis posibilidades, hablar. Un inglés adornado con frases condicionales, y futuribles que lo hacen un tanto más educado; de pronunciación lenta y sin muletillas. Entre nosotros, el inglés de Hugh Grant.
Y es que la sociedad inglesa creo que es una de las pocas en las que aún se conserva algo de esas familias de rancio abolengo, de esas superpijas que mandan a sus niños a estudiar a Eton, para que luego se licencien en Oxford o Cambrige. Familias que se mueven en un entorno claramente separado de aquel en el que nos movemos los ciudadanos de a pie. Son las personas que, queramos o no, manejan los grandes hilos de la política y economía mundiales a partir de decisiones tomadas en la sala de té de la mansión familiar de turno, mirando al inmenso jardín. Pues bien, Kazuo Ishiguro mueve a los personajes en ese entorno como a pececillos en agua clara.
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