
Come, reza, ama, de Elizabeth Gilbert

Hay un momento en la vida de toda persona en la que una crisis, más grande de lo habitual, llama a tu puerta. Un instante para realizar aquellos cambios que, hasta nuestro propio cuerpo, nos pide como si le faltara el alimento para su supervivencia. Es entonces, en ese punto de inflexión, cuando nos decidimos a tomar las riendas, a enfrentarnos a lo que nos rodea, y a darle la vuelta a nuestra vida para dar la bienvenida, no sin cierto miedo, a lo que está por venir. ¿Son necesarios esos momentos? Sí. ¿Todo el mundo está preparado para afrontarlos? No, pero de eso se trata. En esta vida, donde la inmediatez, el individualismo, y el consumismo están a la orden del día, y nos entra por los ojos miremos donde miremos, necesitamos un cambio, un revés, un giro de 180º para descubrir que, aquello que nos faltaba, no está tan lejos como imaginábamos.
Elizabeth Gilbert tuvo que hacer frente a un divorcio traumático, a una relación amorosa más cercana a lo obsesivo, y a un trabajo que no la satisfacía. Por ello, tocó fondo. Decidió lo siguiente: emprendería un viaje para recuperar aquello que había perdido, que no era otra cosa que ella misma, a través de tres herramientas: la comida, la oración y, de nuevo, el amor.