
Liquidación, de Imre Kertész

Una novela desoladora y kafkiana que retrata la sinrazón y la brutalidad humanas a través de las huellas que dejan en sus víctimas.
Cuando, atendiendo a la llamada de una amiga común con una mezcla de sorpresa e intriga, Kerserű acudió al apartamento de Bé, lo que menos esperaba encontrar era que su amigo se había suicidado. Tras sobreponerse a la conmoción inicial que le produjeron tanto la vista del cadáver y como la presencia de ella en el lugar, lo primero que se le ocurrió, siendo su amigo escritor y él su representante y editor, fue poner a salvo sus manuscritos.
Este impulso puede parecer extraño, pero no hacía mucho que había caído el régimen comunista en Hungría y Kerserű, como el resto de la población, aún conservaba los miedos y las precauciones adquiridos durante los años de represión. También la policía seguía fiel a los métodos paranoides del antiguo régimen y era probable que se les ocurriera retener los papeles de Bé por algún motivo irracional y absurdo; sea como fuere, lo seguro es que desaparecerían entre los engranajes de la colosal burocracia del país.
Así que, haciendo acopio de la poca entereza que le quedaba, Kerserű huyó con los manuscritos de su amigo con el propósito de publicarlos, algo que desde hace años intentaba con tanto empeño como el que ponía Bé en impedirlo. Pero si las emociones del día habían sido intensas, las carpetas que con tanto celo ocultaba le iban a deparar una sorpresa aún mayor.