
Vivimos e
n una época tan poseída por los demonios que sólo podemos practicar la bondad y la justicia en la más profunda clandestinidad, dice uno de los personajes de Las constelaciones oscuras (Literatura Random House) cerca del final de la novela. Cuando llega ese momento, hasta un firme defensor de la bondad humana como yo asiente, convencido por las casi doscientas páginas anteriores de que aquello no puede ser de otra manera. Tal es el poder envolvente de esta obra de Pola Oloixarac, uno de los más originales de la narrativa del último año, pero también uno de los más difíciles de clasificar.
Las constelaciones oscuras se construye en torno a Cassio, un argentino-brasileño nacido en 1983 que demuestra desde una edad temprana unas dotes extraordinarias y mucho interés por la computación. De carácter un tanto antisocial, se concentra en las máquinas y termina siendo un hacker de alto nivel, cuya maestría le lleva eventualmente a formar parte de un proyecto (gubernamental pero clandestino) que busca dar un paso radical en el control de la conducta de los individuos. Ese es uno de los fuertes de Las constelaciones oscuras: durante toda la novela se nosplantea si más allá de sondear patrones de comportamiento y obtener datos de consumo (¿les suenan las cookies?), se podría llegar a tener la información suficiente como para, directamente, controlar a los individuos. En el completo mundo creado por Pola Oloixarac, el proyecto entronca con la biología y la botánica, y de ellas emergen las dos ramificaciones de la historia principal, que nos llevan a 1882 y a 2024 nada menos.