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Tenemos que hablar, de Tute

Tenemos que hablar

Tenemos que hablarDice el famoso Quino, el “padre” de la tira cómica Mafalda, en la faja de este libro que «Tute es para mí el mejor dibujante de humor gráfico surgido en los últimos años». Con una afirmación de ese tipo y viniendo de quien viene es normal aceptar que el libro de por sí llame la atención. Tenemos que hablar es la narración desde la ironía del proceso amoroso a lo largo de la vida.

Empezando por la infancia, Tute nos muestra la compleja realidad del amor en pareja en todos sus dibujos. Un niño que comprende que su vida ya a los 5 años es un tango, otro que aparece montado a los hombros de su amigo para ser igual de alto que la niña de unos años más que le gusta o una niña preguntando a su madre si «el bichito del amor deja roncha»; ejemplos todos vistos desde el ángulo de la inmediatez infantil y una inocencia que empieza a desdibujarse de las pequeñas y jóvenes mentes. La niñez pasa y llega la adolescencia y aquí nos topamos ya con la realidad del amor convencional. Tute abandona la chispa de los primeros días para pasar a la realización del aburrimiento y la monotonía que ofrece un amor calmado. Las parejas con Tute nunca se entienden aunque algunas se acepten, pero esta aceptación siempre vendrá surgida de la resignación. Llegamos a la edad adulta y seguimos con ese reflejo de aquello que ya se ha aceptado como tal aunque se sepa desagradable. El amor en Tenemos que hablar no es algo que guste pero sí algo que pasa, y como pasa se acepta. El amor pasa, te toca y tú tienes que darle la mano, acompañarle y seguir. Con risas siempre mejor. Acabamos en la vejez, donde las parejas de antes siguen juntas y la convivencia es ya una extensión más de la rutina diaria. Ojos a medio cerrar, gestualidad cansada y expresiones agotadas son los complementos de unos personajes ya entrados en años.

Tenemos que hablar empieza con amor: dos niños imaginándose una vida juntos. El libro acaba, sorprendentemente, con amor: dos ancianos queriéndose como el primer día. El amor es una cuesta, como indica la portada. Y el interior de este libro es la muestra de las etapas que contiene tal ascenso. Subir o no es cosa de cada uno, aunque todos alguna vez seamos golpeados por el amor. Pero en esta subida, como en tantas otras que hay en la vida, cada uno puede escoger la forma de caminar: con quejas, lloros, gritos o reprimendas; con risas, sonrisas, alegría y carcajadas. Yo prefiero escoger la segunda, y qué mejor opción para reírse que hacerlo con – y por – un libro.

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