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Todos los ríos del mundo, de Dorit Rabinyan

Todos los ríos del mundo

Todos los ríos del mundoAnte todo, este libro es una historia de amor y no solo de amor romántico, profundo y enorme, sino también de amistad, porque a mí me cuesta entender el uno sin la otra. El amor no puede ser un apartado estanco en nuestra vida, no se puede aislar. Y aunque mueva montañas y las montañas parecen lo más de lo más en cuanto a mover algo grande y que parece inamovible, el amor no se salva de los prejuicios y de los conflictos históricos.

Tendré que contaros de que va para que me entendáis. Si os cuento que los protagonistas de esta novela son una chica llamada Liat y un chico llamado Hilmi, que están en sus veintitantos y que se conocen en Nueva York, al principio del milenio, porque tienen un amigo común, os parecerá una historia más bien vulgar. Si os digo que ninguno de los dos es norteamericano, que ella es traductora y él es artista, tampoco os parecerá nada extraordinario. Si os explico que fue un amor a primera vista, a primer olor, a primer sonido, tampoco es tan extraño. Pero si os digo que ella es judía de Tel Aviv y él árabe de Palestina, ahí ya cambia la cosa. Y me da igual que os parezca que eso no importa, que el amor es más importante, que si se entienden y se quieren qué más da de donde seas… pues sí importa y ojalá no fuera así. Ellos están maravillosamente bien juntos, se quieren muchísimo, se complementan, se llenan, respiran a la vez, pero no pueden hablar de política, porque acaban discutiendo. Tienen que tener cuidado de cómo se cuentan su vida antes de Nueva York, porque, sin querer, se hieren. Ninguno de los dos se ha criado en una familia religiosa, pero respetan su propia identidad cultura y forma de vida. Quieren entenderse, intentan ponerse en el lugar del otro, pero vivir toda la vida en este lado de la frontera, hace que solo tengas una perspectiva, que sigas en tu lado del muro.

Está contada en primera persona, desde el punto de vista de Liat, la chica. Sus miedos, sus dudas, su frustración, la certeza de que su historia de amor tiene fecha fijada de finalización. Se conocen en otoño y Liat se tiene que marchar en mayo. En Nueva York son anónimos amantes, es fácil; en su tierra, impensable.

Sufres con ellos y disfrutas con reservas, como ellos. Hilmi es todo pasión, un espíritu noble y bueno, alegre y optimista. Su fiebre o arrebato artístico es pura poesía. A Liat la escuchamos de forma más íntima, por lo que también oímos lo políticamente incorrecto, el intento de esconder una relación que le cuesta reconocer, que no sabe si es vergüenza o miedo. Tiene una lucha interna continua por superar todo lo que ha escuchado y vivido desde que nació, por intentar disfrutar de ese amor enorme que no encaja en sus esquemas ni en los de su familia.

Desde mi humilde opinión, tiene una gran calidad literaria, las descripciones de los sentimientos son preciosas, brillantes:

“… puede entrar y salir de mi mente y recorrer sus muchos recovecos; que puedo mirar sus ojos sabios y ver las ruedas de su mente girar perfectamente sincronizadas con mis pensamientos. La tranquilidad, la satisfacción, la comodidad que me envuelve entonces. La curiosidad y el placer de reflexionar juntos.”

Pero no solo lo sentimental, sino que las descripciones de los lugares y acontecimientos también son muy buenas, ha sido un placer leer muchos de los pasajes:

El invierno baraja los naipes, mezclándonos tanto que ya no nos reconocemos. El frío helado nos hace lloriquear y mima nuestros continuos resfriados y la tos. Hilmi y yo nos parecemos más que antes. En este frío norteamericano, ártico y profundo, los dos somos del este, dolorosamente levantinos.”

La novela fue elegida en 2016 como lectura obligatoria para los estudiantes israelíes, como ejemplo de asimilación, pero el propio Ministro de educación la hizo retirar de forma fulminante en cuanto supo el argumento. Esto hizo un efecto rebote y todo el mundo sintió curiosidad por leer la historia.

Todos los ríos del mundo también es un drama, el de la incomprensión de dos pueblos, el de un conflicto largo, duro e injusto. El de la agresión, el odio, la separación, el aislamiento, la guerra sin fin. A lo que hay que sumar el destino o la suerte, que a veces se retuerce y se confabula en nuestra contra.

3 comentarios en “Todos los ríos del mundo, de Dorit Rabinyan

  1. Tendré que leerlo, lo sé; porque tiene que ser muy buen libro , pero tengo tan pocas ganas de sufrir…

    1. Muy bueno Marta, a mi me ha parecido precioso, pero es mejor estar de buen ánimo porque es algo triste, sí.
      Abrazo.

  2. Es una historia muy bien contada, con descripciones de lugares y de climas que te hacen estar allí, es un ejemplo de que el amor puede mejorar el odio en el mundo y que los conflictos perderían su lugar si se pudiera dejar de lado los problemas sociales, políticos y culturales que dividen a los pueblos. Muy hermosa novela en realidad dramática por su contexto pero que vale la pena leer.

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