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Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Tú no eres como otras madres

Tú no eres como otras madresTú no eres como otras madres. Yo tampoco. Ni tú. Ni tu madre, tu hermana o tu mujer. No existe eso de “otras madres”. Todas somos distintas. La maternidad es una experiencia diferente para todos. Y, sin embargo, la maternidad es uno de los conceptos más plagados de lugares comunes que existen. No por usar el lenguaje perezosamente (pérfida envidia, fe inquebrantable o de rabiosa actualidad). Ni tampoco creo que sea porque la maternidad sea un sentimiento tan intenso y complicado que resulta indescriptible. El amor también lo es y aunque a veces sentimos mariposas en el estómago y a veces se nos rompe el corazón, existen muchas representaciones originales que nos permiten comprender mejor las particularidades de esta emoción en la literatura (como Piezas en fuga, de Anne Michaels o Como amigos de Forrest Gander) y en el cine (por ejemplo, El marido de la peluquera, de Patrice Laconte, o Buffalo 66, de Vicent Gallo). La maternidad además de ser una emoción compleja como pocas y por tanto difícil de definir, es una experiencia con tantas implicaciones en la población que parece socialmente interesante que lo que sienta una madre y cómo se comporta con sus hijos sea una respuesta innata, estereotipada y global que se extiende a lo largo de toda su vida. Ni mucho menos quiero con esto desestimar el papel que, obviamente, tienen las hormonas en los mamíferos. Que es esencial, predecible, sí y, por supuesto, evolutivamente interesante. Me refiero a que las expectativas sobre la maternidad están establecidas en la sociedad como algo estático, invariable y generalizado. Se desechan las singularidades, se trivializan los efectos de las motivaciones, la formación o la historia de cada madre. Pues incluso dicho esto, la protagonista de Tú no eres como otras madres, se gana el título del libro a pulso. Estamos a principios del siglo pasado, cuando el margen de respuestas esperables de una madre era muy reducido.

La protagonista, Else, es la madre de la autora. Así que este libro es sobre todo una mirada llena de amor, admiración, curiosidad, asombro y a veces un poco de rencor, de una hija a su madre. Else es una judía burguesa del siglo pasado, una mujer inteligente, sensual y llena de inquietudes, que tiene la valentía de rebelarse ante el futuro que le están preparando sus padres, que incluye un matrimonio por conveniencia con un amigo de la familia. Pero en vez de responder a lo que se espera de ella, desobedece a sus padres y opta por elegir autónomamente y por amor, al que será su primer marido. Esta decisión es solo la primera de las muchas elecciones personales que hace Else a lo largo de la novela. Y no le importa hacer mucho ruido, sorprender o decepcionar a los demás.

La primera parte de la novela se llena de maridos (casi tres), de hijos (uno por marido), de conversaciones sobre arte, música y literatura, de cenas en lujosas mansiones y de salidas por el Berlín dinámico y culto del periodo de entreguerras. En este tiempo Else explora sus deseos que no son siempre convencionales y vive intensamente cada segundo sin sensación de pecado o de peligro. No tiene sensación de pecado porque asume sus anhelos como lícitos y porque se siente avalada por un grupo de seguidores que están atrapados por su magnetismo. No tiene sensación de peligro porque el dinero no es un problema y su vida es solo lo inestable que ella desea.

Pero peligro sí existía y tardó poco en llegar. Cuando Hitler llega al poder e inicia una serie de reformas que le garanticen el poder absoluto, Else y su círculo observan este nuevo orden con preocupación, pero considerándolo poco más que un insulto intelectual y provinciano y no las primeras notas de la obra sombría y terrible que llegaría a ser poco después. Leyendo el libro desde nuestra distancia sorprende que no vieran lo que se les venía encima, porque aquí y ahora vemos que desde el principio había señales claras de que el monstruo crecía. Sin embargo, ellos desprecian la importancia de los cambios que se avecinan y siguen ajenos a lo que se está gestando. Viven en lo que se podría llamar su pasado feliz, dando manotazos en el aire para apartar las moscas molestas pero irrelevantes, tratando de evitar las muestras del espanto que estaba invadiendo todos los aspectos de la vida de los judíos. ¿Cómo no leyeron los indicios con más claridad? Cuesta entenderlo desde lo que ya sabemos que sucedió, cuesta pensar que personas por otro lado inteligentes y sofisticadas, no anticipasen el mal. Pero solo tiene sentido a la luz de lo que sabemos que finalmente ocurrió. Era imposible imaginar tal horror.

Cuando ya no puede ignorar más el alcance de lo que está sucediendo, Else se exilia a Sofía con sus hijas. Estamos en la segunda parte del libro, la segunda y radicalmente diferente parte de su vida. Los años de búsqueda de identidad y de desarrollo intelectual no tienen cabida en Sofía. Se acabaron la seguridad, el lujo, las garantías y las decisiones personales no convencionales. Son tiempos de supervivencia, temor y tristeza. El cambio salvaje de la realidad exige adaptaciones y reinterpretaciones de la misma. Incluyendo la relación de Else con sus hijos, cuyas vidas, aún por hacer, están en peligro (de ser mutiladas, condenadas o incluso, de terminar) y pasan a representar la mayor preocupación de Else, que los sitúa ahora como prioridad casi única.

Tú no eres como otras madres es un libro tan maravilloso como brutal. Conmueve, atrapa, entretiene, enseña, recuerda, estimula, solivianta y permanece. Desde el principio se habla de él en todos los medios y se le compara con los clásicos. No está muy claro qué ingredientes tiene que tener un libro para convertirse en clásico. De las varias definiciones de clásicos que han hecho distintos autores, me gusta especialmente una de las que propone Italo Calvino en Por qué leer a los clásicos: “Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular ya sea cuando se imponen por inolvidables, ya sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.” Si pienso en qué tienen de común “mis” clásicos, creo que la mayoría han sido capaces de transportarme al mundo que ha creado su autor de una manera tan intensa que no solo recuerdo el contexto, la trama o la atmósfera, sino que, sobre todo, el autor me ha hecho partícipe de la evolución de los personajes, cuáles eran sus representaciones mentales de partida, cómo han vivido los conflictos con los que se encuentran y en qué se han convertido cuando ya ha pasado todo. Con Tú no eres como otras madres estoy segura de haber leído un nuevo clásico.

Errata Naturae y Periférica, dos editoriales con catálogos muy escogidos, se han unido puntualmente para recuperar esta historia real escrita originalmente en 1992, cuando Else Schrobsdorff llevaba ya varias décadas muerta. A cuatro meses de su publicación lleva ya seis ediciones. Y esta respuesta de los lectores no es pasajera. Se va a convertir en un libro muy leído y muy regalado, ya que cuando lo has acabado tienes necesidad de compartirlo y, además, sabes que no vas a fallar. Se podría decir que el impacto de este libro está garantizado.

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2 comentarios en “Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

  1. Lo tengo preparado para dejarme golpear por él hasta donde le parezca a la autora jejejej es uno de los que he guardado para leer en invierno, me ha parecido más de chimenea que de piscina 😉 Y por lo que cuentas me temo que he acertado.

  2. Pues sí, mucho más de chimenea. En la piscina puede ser hasta peligroso: es tan absorbente que te expones a un exceso de radiación solar 😉
    Ya me contarás cuando lo leas
    Un abrazo, Susana

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