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Una revelación brutal

Una revelación brutal, de Louise Penny

Una revelacion Brutal_135X220Si pudiera hacerle una pregunta a Louise Penny, quizá fuera ésta: ¿Son imaginaciones mías, o hay en Una revelación brutal un guiño cómplice a todos los que fuimos y somos rendidos admiradores de la serie Doctor en Alaska? Porque no sólo el pintoresco -quizá demasiado pintoresco- pueblecito canadiense de Three Pines me recuerda a Cicely, Alaska, sino que eso tan delicado y tan difícil de lograr llamado atmósfera me retrotrae por unos momentos en el tiempo y me transporta en el espacio imaginario de las emociones a ese lugar mítico (poblado por mitos y construido, en gran parte, sobre los cimientos de la alegoría y el simbolismo, ambos de contenido y alcance universales). Algo de lo que en Northern Exposure, título original de la serie, era espíritu comunitario e identidad colectiva demarcados por un espacio físico reducido y compartido por los personajes hay en Una revelación brutal, a pesar de que la trama sea esencialmente diferente -surrealismo costumbrista allí, investigación policial de un asesinato aquí-, aunque no tan diferente en sus matices como podríamos pensar: en ambas hay un recrearse -en su sentido más lúdico- en ese inconsciente colectivo, en el ente comunidad cerrada que se crea entre los habitantes de un pueblecito, por diferentes que sean sus procedencias y sus personalidades.

En verdad, un elemento muy interesante de Una revelación brutal (y que también estaba, en cierta medida, en Doctor en Alaska) es justamente ése: el contraste entre pertenecer/no pertenecer, entre miembro de la comunidad/foráneo. En cierto sentido, en esta novela policiaca, se reta al lector a enfrentarse a sus propios prejuicios y a la querencia instintiva que todos tenemos a sentirnos parte de algo mayor que nosotros mismos; algo que nos da seguridad. ¿Quién es verdaderamente el malo de la historia? ¿Es el asesino? ¿O es quizá el foráneo, el distinto, el otro? ¿Por quién nos sentimos más amenazados: por un criminal que es uno de los nuestros, o por un individuo inofensivo pero que es venido de fuera, aunque esté lleno de las mejores intenciones? ¿A quién aceptamos más fácilmente, a quién perdonamos antes su grave pecado?

Pueblo pequeño, infierno grande, y prepárate para lo que te puede pasar si no has nacido en él: este mensaje está bastante explícito en Una revelación brutal.

Que es, aparte de una lúcida y muy sincera reflexión sobre la pertenencia y sobre lo que somos capaces de hacer y dejar de hacer en nombre de ella, una magnífica novela policiaca. En una cabaña perdida en un bosque de Quebec, un hombre cuenta una historia llena de simbolismo y poder alegórico. Una historia sobre el bien y el mal; una historia sobre el oyente -cualquiera que sea- y sobre la codicia, la cobardía, el desengaño, la venganza y el miedo. A la mañana siguiente, uno de esos hombres aparece muerto -asesinado- y todo el pueblo es sujeto de investigación, a la par que sospechoso. Estamos en Three Pines, un encantador y mínimo pueblecito de Quebec, Canadá. Un pueblecito rodeado de bosques, lejos del mundanal ruido y adonde han ido a parar gentes que buscaban paz y sosiego. Y allá va también el inspector Armand Gamache con su equipo.

Ésta es la premisa de Una revelación brutal, de Louise Penny. Una novela y una autora que han resultado, para mí, un hallazgo. Tras un inicio algo lento, con escena familiar costumbrista chez Gamache incluida, a poco que se siga leyendo, uno se da cuenta de que se ha convertido en un habitante más de Three Pines, y que no está ni remotamente tan interesado en descubrir quién ha cometido el asesinato como en cuáles son los secretos que todos los personajes de la novela guardan. Lo malo de los secretos inconfesables (algunos más que otros) es, sin embargo, que son igual que el equipaje: uno no puede dejarlos atrás cuando viaja.

Una revelación brutal nos invita a responder a varias preguntas. Además de la que indicábamos anteriormente, hay muchas otras. Nos invita a reflexionar sobre lo que nos mueve, sobre el afán de poseer, sobre las muy diversas formas en que un ser humano puede destruir a otro de dentro afuera. Y ello lo hace Louise Penny con una prosa elegante, llena de pinceladas sensoriales, muy plástica, que nos hará sentir espectadores de la trama en el mismo Three Pines, comiendo sopa de pepino y otras delicias quebequesas mientras oímos refunfuñar a la poetisa Ruth Zardo (que bien podría ser una Ruth-Anne con mala leche de Doctor en Alaska) y nos reímos de las ocurrencias de Gabriel, el dueño del bed and breakfast local, o admiramos los cuadros de Peter y Clara Morrow (qué casualidad que se llamen igual que el actor protagonista de la serie), matrimonio bien avenido y sin embargo rivalizando en talento artístico…

Además, Una revelación brutal es, en una lectura más profunda, una alegoría que encierra otra alegoría (o varias) sobre… bien, sobre esa revelación brutal, que no vamos a revelar aquí para no estropear la lectura a quienes sigan esta recomendación de llevarla a cabo. Baste decir que la novela es una pregunta abierta sobre qué puede ser esa revelación brutal; algo a lo que incluso el Dios de la Montaña teme; algo peor que la muerte; algo peor que todo. Algo que puede llevar a una persona a matar a otra, o incluso más que eso.

Novela llena de humor y, sin embargo, turbadora, con un poso más pausado, reflexivo, y que demuestra el acierto de la editorial Salamandra con su sello dedicado a la novela negra y policíaca, apartándose de la senda rutinaria y atreviéndose con autores poco conocidos en España.

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Un comentario en “Una revelación brutal

  1. Estoy completamente de acuerdo con que Three Pines recuerda poderosamente a Cicely, Alaska. He leído la primera novela de la serie y a medida que avanzaba no he podido evitar establecer también el paralelismo. No solo es que sea una pequeña comunidad en la que se ha refugiado urbanitas hastiados con la ciudad y que tienen cada uno de ellos dotes artísticas o un título en psicología, es que además hay dos gays que tienen un Bed and Breakfast, como en la serie, una librera psicóloga que hace las veces del locutor de radio Chris Stevens y una poetisa malhumorada de nombre Ruth Zardo (o Kemp, su verdadero nombre), que recuerda a veces, no obstante, a Ruth Ann, la tendera de Cicely (también hay un tendero, pero en la primera novela no aparece apenas).
    Lamentablemente, como suele pasar en España, han comenzado la serie por la cuarta novela (The Brutal Telling)/Una revelación brutal) y no por la primera, Still Life, que en este caso viene a significar Vida mansa, y no Naturaleza muerta, el significado habitual de “still life” al hablar de pintura). Si ya desde el primer volumen de la serie la comparación con Cicely y sus personajes excéntricos es inevitable, me imagino que será aún mayor en los siguientes.
    En cualquier caso, no creo que la comparación desmerezca a las novelas de Penny, muy al contrario, creo que es todo un hallazgo. A mí por lo menos, me ha encantado la primera novela y seguramente seguiré la serie. La personalidad y la psicología de los personajes está muy construida y el tipo de trama policiaca es el tradicional de la escuela inglesa al estilo de Agatha Christie o incluso Michael Innes, al que Penny cita en la propia novela.
    Teniendo en cuenta la doble influencia de la novela policiaca situada en una pequeña comunidad en la campiña y una comunidad de excéntricos a lo Doctor en Alaska, no me extraña que ya se hayan hecho las primeras adaptaciones a la televisión de las primeras novela. Seguramente llegarán a nuestras pantallas muy pronto, incluso antes de que se publiquen las primeras novelas de la serie en español.

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