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¡Vaya figura!, de Cecilia Campironi

Vaya figura

Vaya figura

Cuando leí de qué iba ¡Vaya figura!, me llamó muchísimo la atención: ¿y si conociéramos a las figuras retóricas en persona? En este libro, la ilustradora italiana Cecilia Campironi ha convertido veintinueve figuras retóricas en curiosos personajes para que, al describir su personalidad, comprendamos de forma divertida en qué consisten cada uno de estos recursos del lenguaje. Qué idea tan sencilla y tan genial. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes?

Las figuras retóricas están ahí todo el tiempo, en lo que escribimos y en lo que decimos, pero pocas veces somos conscientes de que las empleamos, incluso ignoramos su nombre y su significado. Reconozcamos que si a nosotros nos dicen que nos dejemos de lítotes y cleuasmos, que no saben cómo tomarse nuestros disfemismos o que están hartos de nuestras tautologías, la mayoría no tendremos ni idea de qué nos están hablando. Por eso, aunque ¡Vaya figura! está dirigido al público infantil (a partir de los seis años), me parece un libro necesario para personas de cualquier edad, puesto que pone en valor la riqueza de nuestro lenguaje y nos explica muchos de los recursos que tenemos a nuestro alcance y a los que no les hacemos todo el caso que se merecen.

Los nombres de los personajes son una muestra del humor y de la elocuencia que destila este libro. Conocer al señor Lítote, a mamá Juego de Palabras, a monsieur Galicismo, a tío Disfemismo, a su excelencia doña Énfasis, al dúo Ironía y Sarcasmo, a míster Dissimulatio, a señora Enumeración, al profesor Palíndromo, a la diva Onomatopeya, a su majestad la Metáfora, a princesa Símil, al bebé Neologismo, al mago Oxímoron, al maestro Aliteración, a Mimí Reduplicación, a caballero Tautología, a Chema Zeugma, a vuecencia Anástrofe, a don Cleuasmo, a doña Eufemismo, a maese Clímax, a Nadia Sinécdoque, a Diana Metonimia, a señorita Hipérbole, a comandante Acumulación, a tete Holofrase, a Ña Elipsis y a tata Paráfrasis nos saca una sonrisa, tanto si reconocemos a las diferentes figuras retóricas en estos curiosos personajes o las descubrimos por primera vez. ¡Vaya figura! se convierte así en un libro ilustrativo, divertido y hasta poético, al que se puede volver más de una vez, ya que sus explicaciones y sus atinadas ilustraciones facilitan la tarea de comprender e interiorizar la amplia variedad de figuras retóricas que la lengua pone a nuestra disposición.

Con ¡Vaya figura!, de Cecilia Campironi, la editorial Thule suma otro excelente título a su selección de libros infantiles, y por eso no me cansaré de recomendar su catálogo a grandes y pequeños. Me parece una lectura ideal para compartir entre padres e hijos. ¿Por qué no jugar a encontrar figuras retóricas cada día? Una forma amena de que unos y otros aprendan sin apenas darse cuenta y una manera efectiva de enriquecer el lenguaje que empleamos a diario, pues buena falta nos hace. Porque los adultos deberíamos saber diferenciar las figuras retóricas más allá de la archiconocida metáfora y los niños merecen libros que les ayuden a que su vocabulario vaya más allá de la holofrase.

 

 

 

 

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