Publicado el

Asesinos en serie

Asesinos en serie

Asesinos en serie, de Robert K. Ressler y Tom Shachtman

Asesinos en serie

Aníbal Lecter en El silencio de los corderos, Jigsaw en Saw, John Doe en Se7en… Son personajes muy conocidos de la cultura popular actual. Tienen en común ser asesinos en serie de conocidas películas. Hay un sinnúmero más de la misma especie en películas, novelas, cómics y otros productos de la industria cultural. Ahora bien, si algún incauto lector o espectador ha adquirido de tales productos todo su conocimiento sobre los verdaderos asesinos en serie, va listo si algún día se cruza con uno de ellos y pretende identificarlo. Y es que los asesinos en serie de la vida real y los de ficción se parecen tanto como un huevo a una castaña. No lo digo yo, sino Robert K. Ressler, probablemente la mayor autoridad mundial hoy día en asesinos en serie –fue él la persona que acuñó ese término, “asesino en serie”, y fue en 1974, o sea, ayer al mediodía–, agente especial del FBI durante 20 años y criminólogo, y autor del interesante libro Asesinos en serie.

Estamos ante una obra de divulgación, y también de educación, pues Robert Ressler va derribando, uno a uno, todos los tópicos y todas las creencias falsas tan extendidas entre la gente acerca de los asesinos en serie.

Por ejemplo, a diferencia de la mayoría de los asesinos que nos pinta Hollywood, los asesinos en serie no son todos superdotados –hay de todo, igual que en el resto de la población–, no son todos muy meticulosos y hábiles en hacer desaparecer sus rastros de la escena del crimen –Ressler clasifica los asesinos en organizados y desorganizados; estos últimos no son capaces de planificar nada ni borrar huellas de su crimen–; son minoría los dotados de un carisma y una capacidad de manipulación capaces de engatusar hasta al FBI, como haría un Aníbal Lecter cualquiera; y su actividad criminal no es algo que surja un día, de repente, sino que en casi todos los asesinos en serie hay un pasado delictivo que va en intensidad y gravedad ascendente, hasta culminar en el asesinato.

Por otro lado, hay algunas características de la inmensa mayoría de los asesinos en serie, difundidas popularmente y que sí son exactas, según nos cuenta Asesinos en serie: por ejemplo, casi todos son hombres –Ressler sólo menciona una excepción por él conocida–; todos han tenido infancias marcadas por el maltrato psicológico y, a veces, también físico; todos tienen alguna discapacidad o inadaptación sexual y no son capaces de mantener una relación afectiva normal con otro adulto; todos mojaban la cama siendo niños crecidos y han cometido actos de piromanía y de crueldad para con los animales; y, en todos los casos, cada asesinato es la realización de una fantasía, en la que se unen en sus mentes la muerte y la satisfacción sexual. Siguen matando, nos dice Ressler, porque la realidad nunca es tan perfecta como su fantasía, así que tienen que seguir intentándolo. Por añadidura, Ressler refuta la extendida idea de que los asesinos en serie desean secretamente ser detenidos; en realidad, su fantasía les empuja a seguir matando, y eso es lo único que quieren hacer.

Asesinos en serie es un resumen de la experiencia y el aprendizaje de Robert K. Ressler a lo largo de toda una vida de lucha contra ese tipo de asesinos. En realidad, Ressler fue el pionero de esta rama de investigación policial –hasta hace pocas décadas, ese tipo de crímenes se denominaba oficialmente “asesinato por desconocidos” y no se investigaba bajo el prisma de un asesinato en serie–, y su principal método para crear y dotar de contenido esa rama de investigación fue entrevistarse con decenas de asesinos en serie encarcelados. Por eso, Asesinos en serie intercala episodios que narran casos en cuya resolución colaboró Robert Ressler con otros en los que refiere la mecánica de sus entrevistas, revelaciones de algunos asesinos y las enseñanzas que incorporó a la nueva ciencia –o arte, como él prefiere llamarlo–, y el increíblemente embrollado entramado burocrático en el que tuvo que desenvolverse para, por fin, ver nacer las estructuras que centralizarían toda la actividad de la policía y del FBI en su lucha contra los asesinos en serie.

Asesinos en serie es un libro de muy fácil lectura, y cuyo interés no decae en ningún momento. Pero, para mí –y creo que les sucederá a la mayoría de los lectores sin conocimientos especiales sobre el tema–, las partes más interesantes del libro son aquéllas en las que Robert Ressler comenta y da su opinión de experto acerca de los asesinos en serie, como figura colectiva o de forma individual –se analizan casos como los de Charles Manson, Ted Bundy, John Wayne Gacy, David Berkowitz “El hijo de Sam” o Jeffrey Dahmer, así como otros menos conocidos fuera de EEUU–, y, sobre todo, cuando pone todo ello en relación con la sociedad actual, los medios de comunicación de masas, la cultura popular y el poder que todo ello tiene.

Así, citamos a Robert K. Ressler en Asesinos en serie:

“La figura reciente de Aníbal Lecter, un psiquiatra brillante con una capacidad casi sobrenatural: tiene un sentido del olfato muy superior a la media, una vista extraordinaria y una capacidad de percepción increíble. Vamos, es casi un vidente (…). Este hombre diabólico es capaz de evitar ser detenido gracias a su inteligencia. Todo esto no son más que cuentos de Hollywood (…). Los asesinos en serie son pesonas inadaptadas, inútiles. Tienen graves problemas para enfrentarse con la vida cotidiana porque no funcionan bien como individuos, son incompetentes y no tienen las capacidades necesarias para integrarse en su entorno (…). Un asesino en serie es un don nadie que quiere ser alguien, no a través de la fama positiva, sino de la infamia”.

Los verdaderos asesinos en serie son, según nos dice Robert K. Ressler en su obra, pues, inadaptados prosaicos que, si por algo llaman la atención, es por su absoluta incapacidad para funcionar normalmente en la sociedad. Y Robert K. Ressler intenta atacar, así, cierta actitud que está relativamente extendida: la de la idolatría a los asesinos en serie e, incluso, el hecho de tomarlos como modelo a seguir. En ese sentido, Asesinos en serie –obra de 1992 pero revisada por el propio autor en 2003– quiere servir de llamada de atención, y la mejor forma de hacerlo consiste en darnos un baño de realidad.

Sí tengo un pero considerable para Asesinos en serie, y es la conexión que establece entre una naturaleza solitaria y el hecho de ser un inadaptado social o el peligro de ser directamente antisocial y hostil a los demás. Y es que el autor menciona repetidas veces que tal o cual asesino en serie tenía un perfil solitario, introvertido o retraído, que no se relacionaba con sus compañeros de colegio o de trabajo, que no tenía amigos… en un contexto claramente negativo, pues. En mi modesta opinión, y a raíz de lo que el propio libro nos cuenta, estos asesinos en serie no son solitarios o introvertidos de verdad, sino solitarios a la fuerza; sus crímenes no son otra cosa que intentos por conectar con alguien de la única forma en que su cerebro de psicópata lo entiende, derivando en horribles asesinatos.

4 comentarios en “Asesinos en serie

  1. Con relación al párrafo que transcribes y por menos que eso, John el Rojo castigó al Mentalista. Claro que también es Hollywood 😉
    En ABC Murder de Agatha Christie ya hace su aparición un asesino en serie, claro que solo lo es por la suma de asesinatos, no así por su naturaleza psicótica ni nada parecido lo que definitivamente lo aleja del perfil.
    Parece una lectura interesante aunque sea desmitificadora de la figura de la que tanto usan y abusan en las novelas actuales, series actuales y películas actuales, donde cada vez más el asesino se nos presenta casi como un Supermán solo capturable con una gran dosis de kriptonita. Hay otros temas para utilizar como argumentos. Y están ahí fuera.
    Slds.

  2. Vaya, un nuevo comentarista (para mis reseñas), gracias por la aportación 🙂

    “The ABC Murders” (mira que traducirlo como “El misterio de la guía de ferrocarriles”, a mi entender menos sugerente que el original, pero es que el tema de las traducciones de los títulos de las novelas christianas da para otro artículo) es una de mis novelas favoritas de la Gran Dama, creo que ella fue pionera en muchas cosas, y quién iba a decir que también trataría el tema de los asesinatos en serie…

    Concuerdo contigo en lo de la aparente falta de argumentos. Lo del superasesinoenserie ya está muy visto y, además, parece que es bastante irreal, sí.

    Saludos 🙂

  3. como lo descargo, me urge pasenmelo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *