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Así calló Zaratustra

Así calló Zaratustra, de Nicolas Wild

asi callo zaratustraHace un tiempo, cuando yo era un lector que no entendía mucho de novelas gráficas ni nada por el estilo, me encontré con una historia que supuso lo que algunos llamamos milagro. Algo así como que nos llame tanto la atención que nos abra la puerta a algo completamente nuevo, pero que merece la pena una barbaridad. Esa novela gráfica fue Persépolis. Hablo de ella, o al menos la menciono en mi reseña, por un motivo. Si aquella estaba escrita por una mujer, esta nueva novela gráfica que os traigo, escrita por un hombre, puede considerarse la sucesora de aquella que en su día nos metiera de lleno en Irán. Porque Así calló Zaratustra es una de esas historias imprescindibles que, una vez se meten de lleno en la retina, no se pueden dejar de leer, y leer, y leer, y recomendar. Así que a cada una de mis amistades, a cada uno de los clientes que pasan por mis manos a lo largo de un día y me piden una buena historia que llevarse a las manos, les ofrezco esto, y algunos se me quedan mirando con cara rara, porque les estoy dando algo con dibujos, pero lo que ellos no saben todavía, y entenderán cuando empiecen a leer es que, una vez que entren en la vida de los protagonistas, ya no serán de la misma manera.

 

¿Conocíais lo que era el zoroastrismo? Llamadme inculto, pero no lo había oído mencionar en mi vida. No ha sido hasta que esta novela de Nicolas Wild ha llegado a mis manos cuando me entero de las implicaciones que dicho movimiento ha tenido en un territorio como Irán, un lugar asediado por quizás demasiados sinsabores y no menos injusticias. Pero lo que sorprende a la hora de inmiscuirnos de lleno en lo que nos cuenta Así calló Zaratustra (y no me digáis que ya, con ese título, de por sí, no dan ganas de abrirlo) es que, pese a contarnos las vicisitudes que se desarrollan alrededor de un asesinato, sea el autor en el que nos dibuje una sonrisa, allá donde quizá sólo haya caras serias y ceños fruncidos. No suelo tener la risa fácil, y es raro aquellos libros que me han hecho soltar la carcajada. Y aunque no estemos ante una historia que nos haga reír a mandíbula batiente, creo que la sonrisa que se dibuja ante ciertas reflexiones, es una de sus bazas más importantes. ¿Las demás? Su implicación en la historia, sus momentos de debate que propone al lector cuando observa las costumbres de un país que, aunque pensamos que ha cambiado algo, puede que en su interior no lo haya hecho en absoluto. Quién sabe, no soy quién para juzgar demasiado aquello que nos dibuja el autor, por desconocimiento e ignorancia, pero sorprende, y mucho, que ciertos enraizamientos en las antiguas costumbres no se hayan eliminado, pese a lo entrado que está el siglo XXI.

Por eso, o quizá sea por otra cosa, no lo sé, Así calló Zaratustra es una digna sucesora de lo que la novela gráfica de la que les hablaba en el primer párrafo. ¿Es decir demasiado, cuando todos sabemos que aquélla ha sido una de las más vendidas? Pues es curioso que os lo preguntéis, o que lo haga yo por vosotros, pero lo que me parece relevante es que, a pesar de ser una de las mejores historias (y mejor documentadas) sobre lo que sucede en un territorio lejano como es Irán, puede que sea desconocida para el gran público. Nicolas Wild, autor ya consagrado en el mundo de la novela gráfica, propone con su trazo y sus diálogos, una idea tan fresca, divertida, pero seria a la vez, que casi diría que haya algo en ella que desentone, que chirríe, que esté fuera de tono. Sí, es cierto, lo que subyace a lo que nos cuenta el autor, es el asesinato de uno de los máximos representantes de la cultura zoroástrica de la comunidad iraní, pero no hay nada como no perder de vista el humor que puede suponer el choque de civilizaciones allá donde occidente y oriente se mezclan en un batiburrillo de religiones que muchas veces, para nosotros, son incomprensibles. Y sí, habéis leído bien cuando hablo de humor, porque es lo que se encuentra en estas páginas. Una mirada irónica, una mirada llena de juerga y pocos pelos en la lengua, una mirada que se ríe de sí misma y que nos ofrece la visión de alguien que desconoce completamente el mundo en el que se encuentra. Pero, por otro lado, una visión sobre las injusticias, sobre la falta de dignidad incluso en la muerte, sobre Irán, sobre nosotros, sobre la vida tan diferente que viven las personas, pero siempre rodeados de aquellos a los que quieren. Una nueva oportunidad, una nueva realidad, y un mundo donde las religiones, por mucho que choquen, al final intentan permanecer en un equilibrio. Frágil, pero equilibrio al fin y al cabo.

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