
“Trabajo de negro literario para…”. Esa frase la escuché no hace mucho. Y resultará raro lo que voy a decir, pero no me sorprendió en absoluto. Todos tenemos nuestras teorías, nuestra forma de ver el mundo editorial, y no somos pocos los que entendemos que, detrás de algún que otro título, se encuentra la figura de otro escritor del que jamás se sabrá el nombre pero con el que, paradojas de la vida, disfrutaremos de una buena novela. De esa figura de “negro literario” y del mundo de la literatura en general es lo que nos va a enseñar La fórmula Miralbes. Porque escribir, meterte de lleno en el panorama literario, de vez en cuando te hace darte cuenta de las miserias que se esconden tras lo que se presupone una vida de fiesta y éxito, cuando en realidad no deja de ser un negocio más que, como en todo entramado, teje ciertos pasadizos con los secretos que debieran esconderse bajo las alfombras y nadie tendría que desempolvar. Pero hay advenedizos en todas partes y el éxito, sobre todo en este país, escuece demasiado. ¿Qué sucede cuándo a una escritora de éxito se le descubre un error en su carrera? ¿Qué sucede cuándo, tras tantos años de éxito, ese es el único detalle que se va a recordar de su nombre? Preguntas de un mundo tan ávido de dinero como de apariencias que, como en un juego de luces y sombras, nos enseñará más de un fantasma que no estaríamos dispuestos a reconocer, bajo ninguna circunstancia.