
La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón

Cada libro tiene una historia. Pero cada lector también puede tener su propio relato con ese libro. Yo puedo relatarla con este libro. La recomendación para leerlo llegó a mitad del año 2009, a través de una amiga. Varias veces lo observé en las librerías pero por una cosa o por otra, lo dejaba pasar. Después, me prometí que a ese libro me lo compraría en cierto momento (el precio estaba por las nubes). De a poco, lo olvidé y dejó de ser mi prioridad. Cuando llegó a mis manos el día de mi cumpleaños, como “un libro que yo quería”, ni cerca estuve de adivinar. Hasta que la tapa de La sombra del viento de Carlos Ruíz Zafón asomó debajo del papel.
Un mes más tarde emprendí un viaje muy particular que personalmente fue una experiencia única e inolvidable por varios motivos que harían esto un relato personal más que una reseña. Elegí este libro para acompañarme en las horas de espera en los aeropuertos. Sólo lo empecé pero realmente me enganché a las 5am, cuando volvía a mi país, devorando hojas sin poder dejarlo. Esa semana fue una locura, poniéndome al día y…digamos, que fue una semana olvidable por otros motivos. El libro había quedado parado hasta que decidí volver mi vida a la normalidad (la lectura, es como respirar para mí: necesario para vivir). Y allí me zambullí y me entregué a una historia que me mantuvo encerrada en un mundo tan extraño y tan intenso. Entendí ahí porque todos hablaban de este libro.
Daniel Sempere es hijo de un librero. Su padre lo lleva al Cementerio de los Libros Olvidados, en la Barcelona de 1945. Allí elige un libro, del que se enamora y se obsesiona: La sombra del viento de Julián Carax. Mientras experimenta las primeras sensaciones de atracción por una mujer cuyo puente es su fascinación por Carax, Daniel comienza a averiguar más sobre el autor. Pasan los años y se ve parte de una historia extraña, llena de intrigas, de amor y pasiones en tanto persigue la reconstrucción del pasado de Julián Carax. Una historia de amor que le va a enseñar también a Daniel.
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