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Mujeres, de Charles Bukoski

Mujeres

MujeresDespués de haber leído algún libro que otro sobre la vida de Henri Chinaski, por fin he llegado a esa obra en la que narra su vida como escritor. Si sois asiduos de Bukowski, sabréis que la mayoría de sus libros están basados en la frustración que sufrió antes de convertirse en escritor. Su obra se puede ver clarísimamente diferenciada en dos etapas: el antes y el después. El antes: cuando tenía que aceptar trabajos precarios y odiosos para mantenerse vivo un día más. El después: igual, pero siendo escritor.

El último libro de Bukowski que leí fue Cartero. En él, Chinaski, el alter ego del escritor y protagonista mayoritario de sus obras, trabajaba en Correos mientras veía cómo pasaba la vida. Chinaski vive en la miseria, con la compañía de las borracheras, las resacas y algún que otro cuerpo de mujer. Con esos tres elementos y una máquina de escribir, Chinaski podría alcanzar el nirvana. Para qué más. Pero, ¿a quién no le gusta que se le reconozcan sus méritos? Imagina que dedicas toda tu vida a escribir pero que jamás ves tu obra publicada. Imagina que te pasas los días amando a las mujeres y contemplándolas como seres extraordinarios y que jamás encuentres a una que te corresponda. Así es su día a día.

En Mujeres por fin Chinaski ve sus sueños hechos realidad. Escribe asiduamente (y cobrando por ello) y ha conseguido casarse con alguna mujer. Pero nuestro protagonista es el claro ejemplo de cómo un hombre puede tropezar con la misma piedra dos veces (o veinte). Y cómo, a pesar de tenerlo todo, consigue tirar todo el esfuerzo por la borda.

Chinaski no sabe escribir si no es estando borracho. Bebe una botella de whisky noche sí, noche también. Se acuesta con todas las mujeres que le permiten entrometerse entre sus piernas. Tiene algún que otro hijo, pero no sabe ni cómo se llama. Sigue siendo rematadamente odioso e imbécil y eso es lo que hace que no podamos dejar de leer. Lo mío con Chinaski es como una relación de amor-odio. Me encantan las historias que cuenta, me atrapan sus reacciones, su arremolinada vida y quiero que por fin el destino se porte bien con él. Pero después me doy cuenta de que es un idiota (incluso llegando a ser mala persona) y de que todo lo malo que le pasa, le pasa con razón. Y en el fondo —muy en el fondo, no os vayáis a pensar que me alegro por las desgracias ajenas— no termina de decepcionarme el que su vida sea un auténtico desastre. Ya sabes, por el karma y esas cosas.

En la reseña de Cartero comentaba que las historias de Bukowski empiezan mal, pero acaban peor. El que lee a este autor, ya sabe lo que esperar. Historias crudas, escritas desde las entrañas de una mente extraña y enrevesada. A Bukoswki hay que saberle entender. Pasa lo mismo que con su personaje: o le amas o le odias. Y con razón, pues su narrativa no está hecha para todos los gustos. Y eso, en mi opinión, es de lo mejor que se puede decir de un escritor. Hacer algo que le guste a todo el mundo es difícil, pero asequible a la larga, ya que si tienes éxito, el esfuerzo se verá recompensado. En cambio, escribir a sabiendas de que tu libro le va a gustar a muy poca gente, me parece de un mérito inconmesurable. Y a Bukoswki le da exactamente lo mismo si a mí me gusta su libro o no. Le importa una mierda, hablando claro. Y eso, aunque me cueste reconocerlo, es lo que más me gusta de él.

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Cartero, de Charles Bukowski

Cartero

CarteroHablar de Charles Bukowski es hablar de realismo. Realismo sucio, que podría definirse como el movimiento literario estadounidense surgido en la década de los 70 y que se caracteriza por representar fielmente la realidad —sobre todo en contextos urbanos—, y por no escatimar en las descripciones de los aspectos humanos más sórdidos. Así es la literatura de Bukowski, realista y sucia. Siempre he pensado que es la decadencia hecha palabra. Sus historias empiezan mal, pero acaban peor.

Cartero cuenta la historia de Henry Chinaski, el álter ego del escritor al que suele recurrir para hacer de sus historias obras semi-biográficas. A Chinaski le conocemos de otros libros, como Factotum o Hollywood. No creo que Bukowski tenga miedo de contar una historia biográfica, en la que él sea protagonista. Pero elegir un álter ego que permita ver claramente que es el propio escritor el que está dentro de esas páginas, es un recurso muy inteligente a mi entender. Sinceramente, no sé si compraría un libro autobiográfico de Bukowski, en cambio, me basta con leer el resumen de las historias de Chinaski para decidirme a tenerlas en mi estantería.

Chinaski es un montón de vicios personificado. Bebe incluso más de lo que admite, fuma como si no hubiera mañana, cosifica a las mujeres a través del sexo y le gusta demasiado apostar el dinero que no tiene en el hipódromo. Es una persona desgraciada y la encarnación de los sueños frustrados. Chinaski nunca ha querido ser cartero, sabe que va a ser un empleo temporal, pero ahora necesita el dinero y se conforma con lo que sea. Pronto dejará a ese jefe que le manda a los peores barrios de la ciudad; dejará las calles llenas de perros rabiosos, de vecinos locos que le miran a través de la mirilla y le chillan improperios. Todo eso será pasajero. Ahorrará un poco de dinero y se dedicará a otra cosa; a escribir, por ejemplo. Pero sus borracheras encadenadas, sus apuestas y sus idas y venidas con las peores mujeres de la ciudad, harán que el poco dinero que va ganando acabe en el bolsillo de otro. Sin darse ni cuenta, dedicará más de once años de su vida a ese trabajo que odia y que le hace tan infeliz.

Cartero habla de los sueños frustrados. Del círculo vicioso que se forma cuando tu vida es depresiva y no puedes salir de ella para perseguir tus metas. Habla del conformismo, de la inseguridad de un personaje que podría aspirar a mucho, pero que al final no llega a nada. Habla de lo fácil que es vivir con los vicios como únicos amigos, de lo bonita que se ve la vida detrás de una copa de vino y de lo amarga que sabe cuando la resaca llama a la puerta.

Chinaski siempre me ha recordado un poco al niño de El guardián entre el centeno, pero ya crecidito. Cuando lo leí también tuve esa sensación de angustia; lo pasé mal al ver cómo un personaje con una mente excepcional estaba echando su vida a perder por culpa de sus vicios. Como decía al principio: la imagen de la decadencia. Bukowski te plantea una historia que comienza mal, te presenta a un personaje desgraciado, hundido y, más que sin futuro, sin presente. Cuando empieza a desarrollarse el libro, esperas que al pobre protagonista le empiecen a ir mejor las cosas. Piensas “ya es hora, a ver si consigue dejar ese trabajo de mierda y hacer algo con su vida” (Ojo, no estoy diciendo que el ser cartero sea un trabajo horrible. Eso lo piensa Chinaski. Él te hace creer que ser cartero es una de las peores cosas a las que podría aspirar una persona estadounidense). Pero las páginas se suceden y ves que la vida del protagonista no va a mejor, que empieza a caer en picado y sin remedio. Y llega un momento del libro en el que te das cuenta de que Chinaski está destinado a ser un fracasado toda su vida. Y no puedes hacer más que apenarte por esa mente brillante tirada a la basura.

Lo admito: me encanta Bukowski. Me gusta que sus historias no sean perfectas, que muestre la vida de personas que todos conocemos, pero de puertas para afuera. Que enseñe lo fácil que es dejarse llevar por los vicios y las consecuencias desastrosas que suelen llevar aparejados. Me gusta ser cómplice de la sensación que tiene una persona cuando sabe que lo ha perdido todo. Me conmueve entenderle y a la vez me enfada verme a mí misma pensando que él se lo ha buscado. Como decía un buen amigo mío, “Bukowski tiene la extraordinaria habilidad de convertir la resaca en un arte”.

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Gatos, de Charles Bukowski

Gatos

Gatos

Si la combinación Bukowski y gatos no les estremece, no les pone la piel de gallina y les hace dar saltitos de emoción mientras aplauden cual adolescente, entonces no entiendo nada de literatura. O quizás sean ustedes los que no entienden nada. En cualquier caso, sepan que este libro está hecho para los fieles amantes de Bukowski y para los grandes admiradores de ese animal tan maravilloso que es el gato. Si este no es su caso, quizá éste no sea su libro. Pero como soy un poco cabezota, voy a darles algunos motivos para leerlo. Si después de esta reseña no he conseguido convencerles, “dejemos que corra el aire y digámonos adiós”, como dice la canción de Iván Ferreiro.

Bukowski fue un poeta sucio, muy sucio. Este escritor estadounidense, fallecido en 1994, ha sido uno de los autores más prolíficos y extravagantes de la literatura universal. Quizá el adjetivo extravagante se quede corto. Tampoco es que quiera yo faltar al respeto, pero Bukowski fue un tío raro de narices, para que me entiendan. Su excéntrico carácter y sus declaraciones en entrevistas así lo demuestran. Les invito a ver en Youtube alguna de estas entrevistas televisadas para que puedan ver con sus propios ojos a lo que me refiero. Pero Bukowski, afortunadamente, es mucho más. Es uno de esos autores que no pertenecen a ninguna generación (por mucho que intenten encasillarle en la Generación Beat). Escritor independiente y gran representante del realismo sucio, Bukowski es y será siempre una gran influencia para todo tipo de escritores. Y eso ya es mucho. Sigue leyendo Gatos, de Charles Bukowski

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Hollywood

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Hollywood, de Charles Bukowski

 

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Hollywood.  Es más que glamour, gente bella, alfombras rojas, premiaciones, rumores, etc.  Puede que la mayoría de las cintas no se suba a la ola de las grandes productoras y se vea limitado a un presupuesto pequeño. Me encanta ver las películas, analizarlas con mi mejor amiga y tengo una profunda admiración a todos aquellos que se dedican a trabajar en esa industria. Y personalmente, los guionistas se merecen mis más profundos respetos. Yo misma lo tengo como mi sueño no confeso (hasta ahora), el convertirme en una. Hasta que me interioricé con libros relacionados al tema, programas para la computadora y por eso, quise devorar Hollywood de Charles Bukowski.

Chinaski es escritor. En su vida se cruza un amigo, también director de cine, que quiere que haga un guión que él se encargará de llevar a la pantalla. A regañadientes, Chinaski accede, un poco empujado por su esposa Sarah. A partir de aquel momento, Chinaski tendrá que lidiar, aunque lo hace con cierta indiferencia, con una industria que maneja sus propios tiempos, sus particulares códigos y personajes extravagantes.

En primer lugar, Bukowski nos descubre el proceso de escritura, levemente. No ahonda en el momento, sino en las relaciones con aquellas personas involucradas en el proyecto para que consiga la producción necesaria mientras comienzan a presionarlo aún cuando confían en su trabajo. Así nace el guión para un film sobre un borracho.

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