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Solos, de Paloma Bravo

solos

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Las dudas asaltan a cada instante. Bien sea porque no paramos de preguntarnos o porque esta vida es lo suficientemente caótica que invita a ello, lo cierto es que vivimos en un concepto de duda constante. Nos cuestionamos a nosotros mismos, a los demás, convertimos un simple detalle en toda una historia que nos viene bien a nosotros, para ser más reales, o incluso más ficticios, lo mismo da, pero en el fondo no deja de ser una invención ideada para que nuestra mente pueda decir: “¿ves?, yo tenía razón”. Mensajes contradictorios, un ir y venir de sensaciones, el sentimiento de soledad que a veces atraviesa el cuerpo, el amor que buscamos sin piedad, o el simple reconocimiento frente a un espejo que no es el del baño sino el de la vida misma. Paloma Bravo podría haber escrito una historia amable, una de esas obras en las que unos amigos se reúnen y empiezan a hacer balance de su vida, cerrándolo todo con un final tan feliz como almibarado para aquellas personas que necesiten encontrar en los libros un cierre de oro a una vida de mierda. Pero ella no lo hace así, porque eso no sería real, no sería verdad, siempre y cuando la verdad exista. Y es que, aunque lo cierto duela, aunque a veces sea cruel, aunque en ocasiones el eterno retorno a esas ideas imaginarias se ejecute con toda la mala leche de la que es capaz, al menos habremos sentido algo y no permaneceremos anestesiados.

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Entrevista a Paloma Bravo

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Entrevista a Paloma Bravo, autora de “La Piel de Mica”

paloma bravoSon pocas las ocasiones en los que una novela te toca, quizá demasiado, y que lees con una voracidad propia de un naufrago que necesita de historias para convertirse en lo que es (sea lo que sea). La novela de Paloma Bravo supone un grito desgarrador, y como he dicho en la carta – reseña, un puñal que se clava dentro. Lecturas que se leen con avidez, que se leen en un par de horas porque las páginas son como un pegamento que no te dejan separar las manos de ellas. Y esa sensación se merece, por lo menos, ampliar con las palabras de la autora lo que significa esta novela. Así que aquí la tenéis, respondiendo mis preguntas, para que todos vosotros podáis leerla y comprenderla.

Con vosotros, Paloma Bravo.

Para empezar, nos gustaría conocer un poco más tus gustos a la hora de escribir:

 1. ¿De día o noche? En cualquier minuto que tenga libre. Tengo otro trabajo que es el que me da de comer, y una hija, amigos y otros animales que me exigen tiempo y me lo compensan, así que he llegado a llevarme el portátil en el autobús para ir adelantando. Pero, vamos, al final es casi siempre por las noches, cuando debería estar durmiendo para conservar la poca salud mental que me queda.

 2. ¿Un cigarrillo al lado? No fumo. Me encantaría fumar si el tabaco no dejara rastros de olor, sabor y enfermedad. Es muy bonito lo de echar humo y muy cómodo lo de tener algo en las manos. Sin cigarrillos, mordiéndome las uñas, dando saltos en la silla por puro nervio…

3. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida? Espero que no. Yo, por si acaso, siempre llevo papel y boli encima, y, de hecho, en el trabajo pienso siempre haciendo esquemas sobre hojas de papel reciclado. Pero reconozco que para hacer literatura no podría sin ordenador: necesito borrar y releer, guardar versiones, cambiar la tipografía y… enredar para luego abrir salidas.

4. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando? La inspiración a mí me llega viviendo (y, además, dejando que el mundo me entre, que me afecte, que importe).

5. ¿Quién es tu mayor crítico? ¿Aparte de mí? Nadie, o cualquiera. Tengo una timidez que suena borde y eso se nota al escribir, así que siempre hay algún lector (sobre todo del blog de EL PAÍS) que me llama chulita. No es el caso, ya me gustaría: yo sólo sé que no sé nada, y además lo sé de verdad.

6. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro? No me interesan demasiado los personajes, me gustan las personas, los lectores: gente inquieta, inteligente, comprometida. Gente a la que le importen los demás.

7. ¿Qué libro(s) estás leyendo ahora? Acabo de leer “Karoo”, de Steve Tesich (Seix Barral); estoy leyendo “Cómo ser mujer”, de Caitlin Moran; y me esperan Luisgé Martín; “Capital”, de John Lanchester, y, en cuanto tenga un rato de paz, los “Diarios” de John Cheever.

8. ¿Qué libro guardas como el más valioso? Uno que escribimos mis hermanos y yo con mi padre: una historia de indios y vaqueros que inventamos e ilustramos nosotros (mis hermanos no saben que lo guardo yo, no se lo digáis).

9. ¿Qué usas para marcar las páginas? La faja cuando la hay, aunque la suelo perder. Tarjetas de visita, peines, teléfonos, bastoncillos de oídos…

10. ¿El mejor lugar para leer? Nada como un espacio en paz, pero yo leo hasta en la cinta del gimnasio: con el kindle sobre el cuentakilómetros y la letra muy grande.

Y ahora que sabemos un poco más de tus gustos como escritora, metámonos de lleno en lo que nos cuentas en tu libro…

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La piel de Mica

la piel de mica

La piel de Mica, de Paloma Bravo

la piel de micaEstimada Paloma:

Te escribo, a ti, directamente pero también indirectamente, porque las palabras me salen mejor si mantenemos un diálogo. Aunque sea unidireccional, que a veces son los mejores diálogos, para qué nos vamos a engañar. Micaela, tu protagonista, somos todos, pero a eso iremos luego. Lo que quiero decir es que tu novela no es una novela, es una vida, quizás LA vida, así con mayúsculas, como un puñal de esos que se clavan dentro, que hay que sentirlos para que hagan daño, porque el dolor también libera, ¿cómo no lo iba a hacer si a veces estamos anclados en él? Y es curioso, porque precisamente tus palabras, la vida de tu protagonista invita a mirarnos por dentro, que es lo más difícil, quizá lo imposible si no tenemos una ayuda profesional delante, llámese psicólogo o amigos, o quizá una familia que te haga una radiografía, pero no del cuerpo, sino de los sentimientos. Tu novela es una dosis de droga en plena vena, de esas que se clavan con aguja, y no te sueltan, así es “La piel de Mica”, como un pequeño virus que se introduce en las células y te hace no ser igual, al fin y al cabo, las lecturas están para eso: para cambiarnos, para hacernos diferentes, o incluso, en el peor de los casos, caer en los mismos errores.

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