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Persiguiendo a Cacciato, de Tim O’Brien

Persiguiendo a Cacciato

Persiguiendo a CacciatoHero of war es una de las canciones más conocidas del grupo estadounidense Rise Against. En ella, un hombre cuenta en primera persona cómo fue reclutado para el ejército y qué tuvo que hacer durante el tiempo en que estuvo destinado en una guerra. El protagonista de esta canción, al igual que los personajes que Tim O’Brien creó unas décadas antes, no se alistó como soldado por convicción, por tener deseos fervientes de defender a su patria. Simplemente, sin saber muy bien cómo, acabó con un arma entre sus manos y terminó asimilando que en los conflictos armados hay que hacer cosas que no se quieren hacer.

Persiguiendo a Cacciato, la novela de O’Brien, sitúa su trama en el año 1968 y cuenta cómo un buen día un joven y tontorrón soldado decide abandonar a sus compañeros destinados en Vietnam con la firme idea de llegar a París a pie. Es decir, emprende una huida con 13 000 kilómetros de distancia por delante. El pelotón al que pertenecía es seleccionado para capturar al desertor y durante esta misión los perseguidores tienen tiempo suficiente para replantearse sus propias aspiraciones.

Tim O’Brien estuvo destinado en Vietnam. Y es algo que se nota. Se palpa en la forma minuciosa que tiene de describir los ambientes, de reflejar el lenguaje y la manera de actuar de los soldados, de desgranar las anécdotas y las ocurrencias menores que van marcando el día a día de los combatientes en territorio enemigo. Y esto es algo realmente relevante, ya que son precisamente esos pequeños detalles, tan poco épicos como verosímiles, los que hacen que el relato te atrape y te afecte. Porque es difícil no empatizar con aquel que está a disgusto en una realidad que no ha elegido vivir.

Y es que, con todo lo que pueda parecer, Persiguiendo a Cacciato no es propiamente una novela de guerra, sino más bien una novela de personas a las que les ha tocado soportar una guerra. Lo verdaderamente relevante de este texto, lo que hace que sobresalga de tantísimas narraciones de este y otros conflictos armados, es la capacidad del autor para transmitir la humanidad de los combatientes, para hacer que dejemos de imaginarlos como soldados y empecemos a verlo como chavales a los que les han puesto un rifle entre las manos. A través de una narración que entremezcla flashbacks con la persecución del soldado rebelde, O’Brien nos permite conocer todo lo que Cacciato y sus compañeros han vivido durante su estancia en el país asiático y cómo esto les ha afectado a nivel personal.

Como digo, la auténtica relevancia de este texto la cobran los soldados y su necesidad de abstraerse, de dejar atrás el conflicto, aunque sea durante unas horas al día a través de una liga de baloncesto, a sabiendas de que al día siguiente les tocará arrasar aldeas humildes y asesinar a civiles inocentes. Se palpan las ganas de escapar, que sólo Cacciato se atreve a materializar. De repente, ese chico aparentemente débil y sumiso es el único que se atreve a dar el paso que tantos otros anhelan.

El juego del gato y el ratón que protagonizan el batallón y Cacciato se hace vibrante por momentos, ya que no son pocas las ocasiones en las que sus antiguos compañeros le pisan los talones, en un largo trayecto que les hace visitar Birmania, Afganistán, Turquía o Grecia. Durante ese viaje somos partícipes de cómo los soldados vuelven a convivir en sociedad, sin armas de por medio y sin un enemigo directo al que asediar o temer. Y de lo a gusto que se encuentran en esa situación, lo que le lleva a más de uno a cuestionarse seriamente el sentido de seguir gastando balas.

Una novela, en fin, que se aleja de lo habitual en su género y que decide apartar el foco del gran conflicto bélico para ponerlo sobre las pequeñas luchas internas. Esas mismas que una vez que las tropas se repliegan y los disparos cesan no hay acuerdo de paz que pueda cerrarlas de cuajo. Son batallas que quedan irremediablemente unidas a aquellos que, muchas veces sin saber cómo, acabaron con un rifle entre sus manos.

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En el lago de los Bosques

En el lago de los Bosques

En el lago de los Bosques, de Tim O’Brien

En el lago de los Bosques

Confesaré algo. Desde que soy pequeña siempre me han incomodado los magos. Es por esa sensación de que continuamente se están quedando con uno o de que al menos no son del todo honestos con nadie. Eso no me gusta. Tampoco lo otro. Que se escape todo tanto a mi control. Con todas esas preguntas que formulan al aire. Sobre todo el cómo. Sin respuesta. Y es que en el peor de los casos no se me da nada bien no saber. Así que los rehúyo si puedo evitarlos. El problema está cuando aparecen por sorpresa. O por arte de magia, en este caso. Y no te queda más opción que asistir al espectáculo.

Porque si algo tiene “En el lago de los Bosques” es que es todo un espectáculo, al menos literario, protagonizado por un niño, John Wade, que soñaba con ser un mago. Aunque eso no es lo primero que te cuentan. Lo primero que sabes es el final. Que el niño, que ahora es adulto, acaba de perder las elecciones primarias y ha alquilado con su esposa, Kathy, una casa cerca del lago. Y que poco después ella desaparecerá. Como en uno de aquellos trucos en los que una mujer se metía en una caja que se tapaba con una tela y después de clavarle muchos cuchillos por todas partes abrían la caja y no había nada. Ni sangre, ni cuerpo. No exactamente así, pero casi. Y a partir de ahí las hipótesis, los testimonios, los acontecimientos, lo que se sabe y tal vez lo que no. ¿Acaso la mató él y escondió el cuerpo? ¿O fue simplemente un accidente? ¿Salió a nadar en medio de la noche y se ahogó? ¿Pudo perderse en aquel inmenso lago? ¿O solo quería huir de aquella vida de la que empezaba a estar cansada? Sigue leyendo En el lago de los Bosques