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Ayer no más

Ayer no más

Ayer no más, de Andrés Trapiello

Ayer no más

La realidad no existe, todo es interpretación. Y así, como pequeñas vasijas, vamos rellenando nuestro interior con la memoria del ayer, con el pasado que nos sirve para entender el presente, que nos sirve para tomar en perspectiva el futuro. Somos una memoria que elucubra historias, que las enlaza, que nos une a personas y momentos. Pero también somos memoria de la propia Historia, esa que se escribe con mayúsculas, una rúbrica de nuestros aciertos, nuestros errores, para después, cuando el recuerdo es más doloroso que lo que sucedió en realidad, notar que nos golpea fuerte, como un mazo que se dirige directamente a nuestra cabeza para desarmarlo todo, para desarmarnos, porque lo removido tardará en posarse, en, de nuevo, quedarse estancado.

Una historia sobre la Memoria Histórica, un libro sobre darlo todo a pesar de las voces que intentar acallar momentos infames de nuestra existencia, y al fondo, como desdibujado por las lágrimas que tantas víctimas han derramado, el amor, que nace y muere cuando ni siquiera había tenido de germinar.

Siempre que leo un libro sobre la Memoria Histórica, se me viene a la cabeza una pregunta: ¿es recomendable desenterrar viejas heridas o, por el contrario, lo es descansar los recuerdos, las tragedias, las barbaridades que se cometen por la sinrazón? Andrés Trapiello ahonda en esta pregunta, lo hace con una maestría propia de genios de la letra escrita, dando presencia casi física a todas las partes implicadas. No hay culpables, no hay verdugos, o quizá sí los hubo, pero se difuminan entre la línea de lo que son las víctimas y los victimarios. “Ayer no más” no es un ensayo de historia, esta vez con minúscula, porque sin duda la Historia, como dice uno de sus personajes, ha llegado a ser sólo ficción. Nunca seremos capaces de desentrañar del todo las muertes, el horror, la miseria, que provocó una Guerra Civil lejana para algunos, pero cercana en la mente de aquellos que la padecieron. Pero, ¿es sano, es beneficioso recordar, hincar el diente a un recuerdo duro como una piedra? La memoria nos juega malas pasadas, la memoria es un pequeño laberinto al que el autor nos anima a entrar, aunque con ello salgamos salpicados, pensemos en lo que sucedió y sigue sucediendo. No hay una misma verdad, nunca la habrá. Eso es lo único cierto, ya que en esta batalla por la lucha, por la libertad, por la recuperación de un raciocinio que no hubo nunca, ha habido más de dos bandos, más de aquellos malos y buenos que nos enseñaban en la escuela a golpe de apuntes y libros de texto. “Ayer no más” no es sólo una novela, son las voces de todos aquellos que no hablan por miedo y, por el contrario, de todos aquellos que hablan demasiado.

Recuerdo una clase de Historia en la que el profesor nos animaba a defender posturas contrarias a la nuestra. Era una labor de crítica, de poder ponerse en el lugar del otro para entender sus razones, sus por y para qués. Andrés Trapiello nos arruga la piel, nos la encoge entre una familia rota por un encuentro fortuito; nos abre los ojos hacia un nuevo camino, ese que todas las señales nos animan a no tomar, a no transitar. Porque tan malo es frivolizar con ciertos temas, como dejarlos de lado. “Ayer no más” es fortaleza, un alegato contra la indiferencia, pero también un atisbo de lucidez sobre todas aquellas voces que utilizan la palabra para única y exclusivamente ensuciar lo que ya no puede ensuciarse más.

Porque si en un país como el nuestro, el pasado sigue pesando más que el presente, cuando se prefiere apuntar con el dedo a avanzar, ¿qué futuro nos espera a los que vendremos después?

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