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Bella Muerte 2. El oso, de Emma Ríos y VV.AA.

bella muerte 2 el oso

bella muerte 2 el osoHay veces en las que te cuesta hacer una reseña. No sabes por dónde empezar. Tienes claro que el libro o cómic te ha gustado, pero no te ves capaz de trasladar al papel cuantísimo te ha gustado. Siempre te vas a quedar corto, da igual lo esplendido o imaginativo que te pongas a la hora de buscar adjetivos superlativos porque en tu fuero interno sabes que nunca vas a quedarte satisfecho y te sientes fatal por no poder transmitir a la gente con palabras lo que sientes o has sentido con esa lectura.

Esto es lo que, a medida que iba degustando Bella Muerte. El oso, iba temiéndome. Y es lo que ha sucedido. Si con el número anterior, el primero de esta saga, se notaban los aires e influencias de Gaiman, en este se respiran tanto que no puedes evitar recordarte que no, que aquí ni guioniza ni pinta nada el inglés.

Por supuesto, para entender del todo este cómic es necesario haber leído el anterior. De lo contrario no es que no os vayáis a enterar de nada, pero sí que, a pesar de ser una saga de cómics autoconclusivos, os perderéis algunos aspectos cuya falta no harán de este cómic una lectura redonda. Y también, por supuesto, si habéis leído el anterior, necesitáis aunque aún no lo sepáis, leer este.

En un rancho (recordemos que la ambientación de estos cómics es la de un western combinado con realismo mágico) Sarah es una anciana americana que agoniza en su cama, pero, debido a que conoce a Zorro (personificación amable de la muerte, un tío campechano que a pesar de ser lo que es, no da ningún miedo, –de la misma forma que la Muerte, de The Sandman, tampoco lo da y quieres pasar más tiempo con ella–) y a que su familia ha hecho muchos favores a los suyos (a los que son como Zorro), la hija de Sarah le pide que espere un poco, que no se la lleve todavía, que permita que su hermano, el cual está luchando en Francia en la Primera Guerra Mundial, pueda despedirse también.

Y de ahí vamos al campo de batalla. Un campo lleno de metáforas visuales donde, por ejemplo, las trincheras que cavan los soldados serán sus propias tumbas. Un campo en el que confluirán los personajes ya icónicos para intentar ayudar a Cyrus, el hijo de Sarah.

Esa es la trama grosso modo. Parece simple, ¿verdad? ¡Ja! Una trama, al igual que el número anterior, rodeada de fantasía, belleza, poesía, cuentos ancestrales (el de la buena y la mala suerte), onirismo y personajes bien asentados y definidos, que es preciosa pero que tienes que leer sin prisas y con el primer tomo fresco en la mente.

En cuanto al apartado visual… me remito al primer párrafo. Emma Ríos se sale y nos regala obra de arte tras obra de arte con el añadido además de dotar de misterio, de misticismo, de surrealismo… lo ya de por sí complicado de la narración. El trazo de Ríos unido al color de Bellaire hacen que, –sí, soy un cansino, pero es que no puedo explicarlo de otra manera– el espíritu de la obra de Gaiman y los dibujos de Dave McKean revivan en estas páginas.

Bella Muerte. El oso, es además, a su manera, una crítica a la guerra, un canto a la vida y una advertencia sobre lo rápido que pasa esta, así como un recordatorio de que todos vamos a morir con una frase que parece sacada de la serie Perdidos:

“Todo el mundo muere solo, igual que todo el mundo nace solo”.

Este cómic es de esos que merecen leerse más de una vez, que ganan con cada relectura y que se entienden mejor cuanto más se pasan sus hojas.

Puro divertimento artístico bellamente editado por Astiberri. Una joya elegante e inteligente que combina sabiamente fantasía y realismo y que eleva el noveno arte a los niveles más altos.

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