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Caída y auge de Reginald Perrin

Caída y auge de Reginald Perrin

Caída y auge de Reginald Perrin, de David Nobbs

Caída y auge de Reginald Perrin

 

Una divertida e irónica novela sobre la crisis vital de un ejecutivo cuarentón que dio lugar a una conocida serie de televisión en los años setenta.

“Disiento.

 

¿Acaso el sol brillaría con menos intensidad si la vida no tuviese sentido?”

 

 

Hace ya algunos años que los mejores momentos de la programación televisiva están reservados para las series.  Es en estas series, procedentes en su mayoría de los Estados Unidos, donde los guionistas y directores más conocidos del momento dan lo mejor de sí temporada tras temporada, convirtiendo algunos títulos en objeto de culto.

Cuando yo era un niño, las series también eran los programas favoritos de la audiencia.  En aquel tiempo remoto, con sólo dos cadenas estatales de televisión para elegir, las series dramáticas eran de producción propia, muchas de ellas adaptaciones de clásicos de la literatura, y las cómicas provenían inevitablemente de la BBC o la ITV británicas.

Con este tipo de comentarios es cuando uno se da cuenta de la edad que tiene; al hablar de comedias clásicas la gente suele pensar en Friends o en House, pero yo me estoy refiriendo a la prehistoria de la televisión, antes de El príncipe de Bel Air, antes incluso de Cheers; estamos hablando de la época de Los Roper o Un hombre en casa y, de aquellos años, una de las series más divertidas que recuerdo era Caída y auge de Reginald Perrin.

Ahora, tanto tiempo después, descubro que la serie estaba basada en una trilogía de novelas de David Nobbs, uno de los más celebrados escritores dentro de ese estilo que podríamos llamar humor british y del que Impedimenta nos viene ofreciendo saludables dosis (Stella Gibbons, Muriel Spark, Penelope Fitzgerald, E.F. Benson) que resultan de tanta ayuda en estos tiempos atribulados.  Con todos estos condicionantes, era inevitable que acabara leyendo un libro que prometía ser divertido y que además me traía tantos recuerdos.

Caída y auge de Reginald Perrin cuenta exactamente eso, la caída y posterior ascenso del bueno de Reggie Perrin.  No, no ha sido una equivocación por mi parte; ya sé que la mayoría de las historias cuentan el ascenso y posterior caída de un personaje, pero en este caso sucede al contrario: Reggie es un tipo asentado, alto ejecutivo de ventas de Lucisol, una próspera (aunque un tanto peculiar) empresa de postres, tiene una buena mujer a la que querer y una buena secretaria a la que perseguir, dos hijos de los que no puede quejarse (aunque también son ligeramente excéntricos) y una suegra que… bueno, del hipopótamo de su suegra sí que puede quejarse.

Pero algo va mal.  Quizá sea la crisis de los cuarenta o la falta de horizontes de una vida monótona y alienante, pero el hecho es que Reggie comienza a comportarse de un modo muy extraño.

Si mi memoria no me falla, la serie de televisión era realmente hilarante.  Quizá fuera gracias a la histriónica interpretación de Leonard Rossiter (que además de protagonizar algunas de las mejores comedias de los setenta apareció en un par de películas de nada menos que Stanley Kubrik); el caso es que yo recuerdo que me partía de risa.  El libro, sin embargo, es diferente, lo cual no deja de ser sorprendente, ya que el guión de la serie corrió a cargo del propio Nobbs.  En el libro la ironía es mucho más fina y sutil, más cruel también.  En ciertos aspectos, la novela llega mucho más lejos, es más profunda, más crítica; a pesar de lo delirante de muchas de las situaciones, el humor escrito deja un regusto más amargo que el filmado.  Mientras que la serie era una sitcom alocada y surrealista, la novela explora el problema de la crisis de identidad del hombre moderno (“el problema de la identidad no es no saber quién soy, sino saber demasiado bien quién soy”) en una sociedad que apenas tolera la diferencia o la originalidad.  Por mucho humor que se le ponga, el vacío vital es un tema que da que pensar y que quizá, junto con la parte más pícara de la novela, tenía poca cabida en la televisión de los setenta.

“―¿Por dónde iba?  Ah, sí.  El progreso, el crecimiento.  ¡Esa es otra!  Tenemos que crecer.  Un seis por ciento al año, o lo que sea.  Más gente transportando más lavadoras en camiones más grandes por autovías más anchas.  Más científicos analizando los efectos de más pesticidas.  Más sustancias químicas para curar la contaminación causada por más sustancias químicas.”

Parece escrito ayer mismo, ¿no?  Ahora resulta que nuestros problemas ni siquiera son originales.  En todo caso, la mejor manera de sobrellevar los problemas es con humor, y Caída y auge de Reginald Perrin les hará pasar un buen rato, y sólo por eso ya merece la pena leerla.  Además, la forma en que pone en evidencia el absurdo y el hastío de una vida precocinada y con una gama de sabores determinada por un estudio de mercado, como los postres de Lucisol, la convierte en una lectura muy recomendable.

Pero no quisiera recomendarla si hacer antes un advertencia: anden con cuidado, porque la idea de dejarlo todo y volver como una persona nueva, libre de convenciones sociales y de ataduras, es muy tentadora.

 

Javier BR
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3 comentarios en “Caída y auge de Reginald Perrin

  1. Yo también recuerdo la serie, y coincido en que era hilarante. He visto fragmentos en youtube y la verdad es que ha envejecido bastante bien. Desconocía a este autor, y la verdad es que el libro me atrae mucho.
    Leonard Rossiter era un actor genial.

  2. Yo también la recuerdo, y eso que soy infinitamente más joven 😉 pero es cierto que he hablado sobre ella con amigos en ocasiones y siempre con nostalgia: ya no se hacen series como las de antes y todo eso (probablemente tan cierto como falso). Recuerdo haberme reído y recuerdo que el planteamiento era muy original, creo que fundó una tienda de basura o algo así. En fin, gracias por traerno el recuerdo de la serie y por la recoendación, tiene una pinta estupenda.
    Un abrazo,

    Andrés

  3. Gracias a ambos por vuestros comentarios. La verdad es que la historia es muy british y muy años setenta, pero el tema de fondo es universal. Un saludo a los dos.

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