Demonios familiares

Demonios familiares, de Ana María Matute

demonios-familiaresPensarán que no estoy muy bien de la cabeza cuando lean la tontería que me dispongo a escribir, pero esto de ser sincero es lo que tiene: me resistí bastante tiempo a leer Demonios familiares porque me llenaba de tristeza cerrar un libro de Ana María Matute que sabía que era el último que escribió. Me daba pena porque tenía algo de despedida, y si hay algo que uno nunca debe de hacer mientras le acompañe la capacidad es despedirse de Ana María Matute. Ahora me culpo por pensar en esos términos, uno nunca se despide de un escritor, escritora en este caso, por un detalle literariamente tan liviano como su muerte. Primero porque sus libros perduran y siempre se pueden revisitar, pero también y probablemente con más importancia, porque andar a estar alturas pensando en la muerte de los inmortales es en cierta medida una traición a su memoria, precisamente ella que nos enseño que los seres mágicos viven mientras creamos en ellos. Y yo creo, creo en los duendes de alacena, por poner un ejemplo, pero sobre todo creo en Ana María Matute, que sigue viva y no sólo en mi librería.

No me preocupaba sin embargo el hecho público y notorio de Demonios familiares sea formalmente una obra inacabada. No lo hace porque en primer lugar una escritora como Ana María Matute acaba cada frase, cada imagen, cada personaje, así que cuanto hay tiene sentido por sí mismo, de forma que la única razón por la que se puede pensar en este libro como una obra inacabada es porque desconocemos el desenlace. Eso sería una traición aun mayor, ella seguramente se enfadaría si comprobase nuestra frustración por no poder leer aquello que podemos imaginar. De hecho creo que es un ejercicio estupendo como homenaje a esta gran escritora, dejar vivir en nosotros a sus personajes e imaginarles el final o los finales que seamos capaces de inventarles. Todos ellos serán reales, y todos ellos le habrían gustado porque sean los que sean implican hacer vivir a sus personajes.

Demonios familiares tiene mucho que ver con Paraíso inhabitado, es una novela de infancias infelices, de vidas adultas incompletas. Es una historia a la vez íntima pero que explica una realidad, es una guerra vista a través de los ojos de una adolescente, es un nacimiento de los deseos de libertad, es el surgimiento del amor.

La proverbial capacidad de Ana María Matute para crear personajes y para ponerlos en situaciones de, digamos, infelicidad de baja intensidad, de insatisfacción que ejerce como motor narrativo, es deslumbrante. Su capacidad para retratar lo que ven ojos incapaces de entender todo lo que ven es aún mayor. El recurso en esta ocasión no es tanto la infancia sino la falta de experiencia, la joven que vuelve tras haber estado interna en un convento sin haber vivido realmente ni antes ni durante esa experiencia y que vuelve además a un mundo en efervescencia. Nadie como ella ha sabido escribir la mirada inocente de los niños de cualquier edad.

Sea a través de seres fantásticos, sea a través de seres extraordinariamente reales, Ana María Matute nos legó un tesoro incomparable aun mejor que su obra, y eso es mucho decir. Nos recordó el camino, nos puso a imaginar. Así que estemos a la altura, imaginemos y la mantendremos viva.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

 

2 comentarios en «Demonios familiares»

  1. Algo así me pasa a mi con esta última novela de Matute, me da reparo ponerme a leerla, siendo ya la última. Y eso que el año pasado le rendí homenaje convirtiendo medio curso de literatura que di para americanos en la Universidad de Cádiz en un monográfico de cuentos de Matute. Había leído, además, que esta última novela no rayaba a gran nivel, muy lastrada por el hecho de ser inacabada. Me ha gustado mucho, por tanto, leer esta reseña. Si compartimos el gusto —y encanto— por ella, quizás sí sea el momento de hacerle y hacerme el homenaje con los «Demonios familiares»…

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    • Más que como novela yo la recomiendo como experiencia lectora, como oportunidad de disfrutar de su estilo, de sus imágenes. Claro que habría sido mejor que hubiese tenido tiempo de terminarla pero al menos da la oportunidad de prolongar el hechizo.
      Gracias por tu comentario, no me cabe duda de que los americanos se fueron encantados.
      Un abrazo,

      Andrés

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