
Catálogo de besos, de Raquel Díaz Reguera
La vida nos ha proporcionado dos regalos a los que, a veces, no prestamos la suficiente atención: las sonrisas y los besos. De lo primero no hablo, a sabiendas de que yo sonrío mucho pero no ha sido tema de libros todavía, pero de lo segundo sí. Porque, si os paráis a pensar, ¿qué tipo de besos dais habitualmente? Yo, que me considero una persona que regala los afectos a aquellos a los que quiero, voy fluctuando entre un tipo de beso y otros como ese tipo de pájaros que van de nido en nido alimentando a sus críos. Y hete aquí que yo, cuando doy un beso, nunca me había parado a pensar en lo que podían significar. Lo doy, alguien lo recibe y las consecuencias podían ser de lo más variadas. Me gusta besar, el contacto, por que Catálogo de besos es mi lectura de esta semana, quizá de todas, porque ahora, cuando yo dé un beso, cuando lo reciba, cuando lo espere como agua de mayo, cuando alguien se marche y no vaya a volver, cuando un amor nocturno aparezca de improviso y yo me muera de deseo, sabré que lo que doy, lo que recibo, lo que se escapa a través de mis labios es un tipo de beso que requiere su estudio, que requiere su significado, que requiere de la vida de dos seres, quizá de más, que se juntan en un momento determinado y que compartirán un instante que, pocas veces, que quizá ninguna, tendrá punto de comparación. Los besos son un regalo, así que por favor, abramos de una vez ya el envoltorio.

