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Shakespeare, de Paul Edmondson

Shakespeare

ShakespeareLa primera lectura de un nuevo año es muy importante, al menos para los lectores chiflados como yo. Tenía unos cuantos libros pendientes en la estantería haciéndome ojitos, pero al final me he decantado por Shakespeare. Tengo varios motivos, no os vayáis a pensar. El primero de todo es que empezar el año leyendo sobre un grande tan grande como Shakespeare sólo puede ser bueno. He pensado que a ver si se me pega algo (por qué no, ¿eh?). El segundo motivo es más evidente: conocer más sobre el mayor escritor de las letras inglesas. Algunas obras he leído de Shakespeare, pero no sé demasiado sobre el propio autor y creo que esta publicación de la editorial Turner es una buena oportunidad para adentrarse más en el mundillo shakesperiano. Así  que me dije: “there we go!” y aquí estamos.

Lo primero que quiero aclarar es que este libro no es una biografía al uso sobre Shakespeare. Supongo que habrá miles de ella escritas y que el lector que busque ese tipo de libro lo encontrará sin problemas, pero éste no es uno de ellos. Precisamente eso fue lo que me atrajo en primer lugar. Shakespeare se desarrolla en torno a una pregunta: ¿Por qué Shakespeare? Paul Edmondson, autor de este libro, es un gran estudioso de esta célebre figura de las letras. Esa pregunta, la de por qué Shakespeare, es la que Edmondson lleva planteándose durante toda su vida, la misma que lleva dedicada a estudiar al brillante autor. Así pues, este libro es un libro-respuesta. Entre sus páginas encontraremos respuestas sí, pero también más interrogaciones. No iba a ser todo tan fácil. No creo que Shakespeare lo permitiera.

La primera pregunta que se nos plantea es: ¿Cómo era su vida? Y en este capítulo el autor nos cuenta sobre la época en la que nació el escritor, su vida en Stratford-upon-Avon, sus padres, su matrimonio con Anne Hathaway e hijos. Descubrimos cómo comenzó el autor a ganarse la vida (colaborando en negocios familiares y dando clases a parientes y vecinos) y sus primeras menciones como dramaturgo, allá por 1592. Dos años más tarde, Shakespeare fue uno de los cofundadores de los Lord Chamberlain’s Men, una brillante compañía teatral que representó muchas de las obras escritas por el autor y que viajaría de acá para allá representando las obras teatrales.

La segunda pregunta es: ¿Cómo escribía? Es difícil responder a esta pregunta, máxime si estamos hablando de uno de los autores más originales de todos los tiempos. Shakespeare era una especie de alquimista, lo que hacía era empaparse de lecturas (sobre todo la Biblia y la literatura medieval), recurría a su experiencia personal y con un poco de imaginación creaba sus obras. En algunas ocasiones, Shakespeare también escribía en colaboración con otros autores. Es un capitulo interesante, porque la respuesta de esta pregunta se nos plantea con bastante originalidad. El autor nos habla de los libros que deberíamos leer para poder escribir como Shakespeare, así como de la importancia de los actores en las obras teatrales de Shakespeare. Hay incluso algunas obras impresas, como la edición de 1600 de Mucho ruido y pocas nueces, en la que el autor, en lugar de escribir el nombre de los personajes, escribe directamente el de los actores (Will Kemp y Richard Cowley). Esto es una muestra de la importancia que tenían para Shakespeare sus actores, para quienes escribía los papeles ya asignados.

¿Qué escribía Shakespeare? Pues sobre todo obras entretenidas, desafiantes e innovadoras. La clasificación de género para él no tenía demasiada importancia. Paul Edmondson nos plantea entonces un paseo por alguna de las obras más emblemáticas del autor, mostrándonos fragmentos y comentándolos. Un paseo muy interesante de la mano de uno de los más importantes estudiosos del escritor inglés.

El último capítulo es el que se abre con la pregunta más interesante: ¿Por qué Shakespeare? Esta cuestión es muy personal y lo que se busca, obviamente, es que cada lector dé con su propia respuesta. Yo creo que tengo la mía. Allá voy: Shakespeare porque es un grande. Porque una persona que se dirigió a nosotros en el siglo XVI aún es capaz de dejarnos atónitos con su atemporalidad. Porque después de tantos años sus obras siguen teniendo la misma fuerza y el mismo valor. Porque es Shakespeare, lectores. Porque hay que leerlo y conocerlo.

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Florido granado caduco marchito, de Sara Baume

florido granado caduco marchito

florido granado caduco marchitoA primera vista, con esa portada, podría parecer que este es otro de esos libros de perros. De esos en los que chico encuentra perro, perro se convierte en amigo inseparable de chico, chico y perro van juntos de birras, chico y perro duermen juntos, viven aventuras, ligan juntos, comen perritos y comida no apropiada para perros, duermen juntos, van al veterinario y, con el paso del tiempo, perro muere de forma incruenta o es sacrificado para que no sufra.

¡Pues no! Ni de lejos. Este no es uno de esos libros de mejores amigos. Es un libro poco convencional. “Una historia de amor entre un hombre y sus libros”, dice la contraportada. Pues que quieres que te diga. Tampoco, la verdad. No lo veo como una oda a los libros. El tío lee, y se nota que sabe cosas, pero son sobre todo nombres de pájaros.

Es un libro acerca de un hombre del que al principio no sabemos su edad, aunque joven no es, que decide adoptar a un perro. Un perro algo agresivo, y además tuerto.

Todo el libro es una descripción, una narración de las cosas que el hombre hace, contadas por él hacia su perro. En ocasiones el hombre parece algo retrasado, no le gusta el contacto con la gente, parece que teme a la comunidad y se retrotrae en su mundo, que no es otro que la casa en la que hasta hace poco vivía con su padre. Es un dejado, un tío muy pasivo, es incluso algo peor que el famoso Nota, de esa obra maestra de los Coen que es El gran Lebowski, es alguien que deja que las cosas pasen:

“No soy una de esas personas capaces de hacer cosas, ¿te lo he dicho ya? Me tumbo y espero a que la vida deje su huella en mí.”

Y aún así, quieres seguir leyendo y ver a dónde te llevará esta historia. Porque está claro que va a algún sitio, y, de este modo, buceando entre recuerdos de infancia y madurez y alternándolos con el día a día y el monólogo interior con Tuerto (así, en un derroche de originalidad nomenclatora, llamará al perro) vamos conociendo a este hombre sin nombre y la opinión que al principio se ha formado uno de él no es que dé un vuelco, pero sí cambia. No, espera, también da un vuelco en un determinado aspecto, uno muy serio, casi lo olvido… y todo por una salchicha… ahí lo dejo.

Bien. No sé qué más contar porque en el fondo es un poco como una road movie. Una road movie raruna sin mayor objetivo ni destino que una huida hacia adelante, como vulgares criminales. Una huida provocada por el miedo a una separación forzosa.

Una cosa que no puedo obviar sobre este libro es que por regla general, no me gustan las descripciones. Ya lo he comentado alguna vez. Me aburren soberanamente las descripciones, sobre todo las largas, que ralentizan la historia, que hacen que el ritmo baje y no recuerdes ya por donde iba la acción principal… En Florido granado caduco marchito las descripciones abundan pero no son largas, son precisas y originales, hasta diría que, ¡ojo!, deliciosas, y no cargan el texto de forma que te hagan perder el hilo, al contrario, son intensificadoras y clarificadoras de la idea que Sara Baume pretende transmitir en cada momento.

Florido granado caduco marchito es un libro difícil de catalogar, fácil de leer y cuya lectura proporciona una sensación final de paz y reordenamiento interior que no he conseguido con muchos libros.

Posiblemente no me haya hecho entender con la frase final, pero no importa. Yo ya me entiendo.

Pasarán días hasta que deje de preguntarme qué estarán haciendo hombre y perro.

Un libro entrañable.

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La montaña festiva

La montaña festiva, de Alisa Ganieva

la-montana-festivaHace unos cinco años y unas doscientas reseñas empecé mi colaboración con Libros y Literatura hablándoles de una prometedora autora rusa que estaba incluida en una recopilación de cuentos de autores jóvenes que se llamaba El segundo círculo y que me había impresionado por su frescura y por el retrato que hacía de su Daguestán natal. Aquellos cuentos los firmaba con el pseudónimo Gula Jirachev, pero se trataba en realidad de Alisa Ganíeva, autora de esta magnífica novela que mantiene esa frescura colorista tan honesta y pegada a la realidad que en aquel momento tanto me gustó. Resulta especialmente gratificante comprobar cómo se van consagrando autores por los que uno apuesta cuando son jóvenes promesas.

La montaña festiva es un retrato realista del Daguestán actual, tan fiel a la realidad como sólo puede serlo la ficción porque el leit motiv de la novela es un punto de partida ciertamente distópico, pero algo me dice que gracias a ello la autora tiene la libertad narrativa suficiente como para permitirse retratar la realidad del Cáucaso. Ese arranque distópico en su literalidad pero sorprendentemente descriptivo como metáfora es la construcción de un muro por parte de Rusia mediante el que aislarse de un Daguestán sumido en una terrible esquizofrenia entre su herencia laica postsoviética y la deriva islamista extremista que tan conocida nos es a todos para nuestra desgracia. Sigue leyendo La montaña festiva