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El club de los corazones solitarios

El club de los corazones solitarios

El club de los corazones solitarios, de Elizabeth Eulberg

El club de los corazones solitarios

Salvo contadas excepciones, la adolescencia es sinónimo de primer amor. Y también, salvo contadas excepciones, ese primer amor se traduce en la primera decepción. Lágrimas, monólogos sobre lo injusta que es la vida porque “con lo que yo le quería, y ahora mira, está con otra”, hormonas disparadas, y una sensación de querer salir fuera de este planeta. Pero, ¿qué sucede cuando se termina la primera relación seria y lo único en lo que piensas es “nada de chicos, nunca más? ¿Quién no lo ha pensado alguna vez? ¿Quien no ha dicho después de un fracaso amoroso: quiero estar solo/a? Y lo que es peor, ¿qué pasa si toda la gente que te rodea, un buen día, piensa lo mismo y se une en tu lucha cruzada contra el sexo opuesto?

Bienvenidos a “El club de los corazones solitarios”. No es un club exclusivo, no se necesitan pases VIP. Lo único que se pide es no querer saber nada de los chicos, nunca más. Así empieza la vida de Penny, creando un club para todas aquellas personas que creen que el amor ya se ha acabado para siempre, y que no quieren sufrir más. Pero, ¿qué sucedería si el amor está más cerca de lo que crees y no pudieras resistirte?

El amor, hoy en día, es muy diferente a cómo nos lo enseñaron de pequeños. Aquel “y vivieron felices para siempre…” nos escama un poco a todos. ¿Felices para siempre? ¿En serio? ¿Hay alguien que pueda vivir feliz para siempre? Elizabeth Eulberg es de las mías. No sólo cree que el amor no tiene por qué ser para siempre, sino que además no lo cree necesario. Pero aunque parezca lo contrario, “El club de los corazones solitarios” no es un libro que hable sólo del amor adolescente. Si fuera así, creo que me hubiera aburrido. Lo que nos ofrece esta historia es un grito atronador sobre quererse a uno mismo, sobre tener muy presente quién eres, seguir adelante con ello, y perseguir tus objetivos como si te fuera la vida en ello. Aderezada con canciones de The Beattles, la vida de Penny que encierran estas páginas, es un soplo de aire fresco a las historias contadas hasta el infinito de amores imposibles, de amores trágicos y llenos de lágrimas, de amores sobrenaturales entre ángeles y demonios. Es una bofetada en plena cara. Recuerdo que cuando lo leía en los viajes hacia casa, me decía a mí mismo que era un auténtico lujo encontrarse con una historia de estas características: una chica que saca fuerzas de las peores situaciones, una chica que lucha por sus amigas, una chica que quiere a los demás y en los que puede apoyarse, una historia, en definitiva, que cuenta la vida misma, pero que te parece algo nuevo, algo que puede enseñarte grandes cosas, o solamente pequeñas, pero que sin duda son importantes. Y es que Elizabeth Eulberg es una autora con cabeza, con dos dedos de frente, que para mí, ha abierto una pequeña brecha en las historias típicas de amor adolescente, que puede disfrutar todo el mundo.

A veces, no se trata de tener una vida extraordinaria, de tener el amor más increíble con una pareja, de depender de nadie para que tus sueños puedan hacerse realidad. Pero, ¿por qué digo “a veces”? De eso mismo trata la vida que vivimos, ¿no?. Por eso, “El club de los corazones solitarios” es una muy buena primera historia, una adolescencia regada de amor, de pequeñas traiciones, y de amistad por los cuatro costados. Es aprender por y para uno mismo, y sentir que eres el protagonista de lo que te sucede. Un motivo para seguir y ver que, en el espejo, aparece una persona muy importante: tú mismo.

Porque, ¿qué necesidad hay en querer a alguien que no nos quiere? ¿Por qué intentar caer una y otra vez en el mismo error, cuando el amor propio puede seguir intacto?

Un comentario en “El club de los corazones solitarios

  1. De primeras no me había llamado mucho la atención este libro, que pensaba que era un libro destinado únicamente al público juvenil, pero después de tu reseña y si dices que está hecho para que lo disfrutemos todo el muno… ¡Tendré que darle una oportunidad!
    Besotes!!!

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