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El último magnate, de Francis Scott Fitzgerald

El último magnate

“Me preguntó cuándo se precipitó todo. Hay momentos en los que parece que nada vaya a suceder, y otros en los que te das cuenta de que todo se precipita y nada en el mundo podría impedir que ocurriera.”

El último magnateEs difícil describir las obras de Fitzgerald, ya que siempre te embargan de un sentimiento positivo y negativo a la vez. Sus novelas son de esas que revelan lo mejor, pero también lo peor del ser humano. De esas que te dejan con una sensación de desesperanza y desesperación por esas personas atormentadas que sufren y aman y que se dejan llevar por sus más grandes pasiones (que puedes ser tú en algún momento de tu vida). Y creo que por eso me gustan tanto, porque a pesar de ser escritas a principios del siglo XX son emociones brutalmente humanas que todos hemos experimentado en nuestra propia piel o en personas que se encuentran en nuestros círculos más cercanos.

Pero vayamos a la obra que nos ocupa en esta ocasión: El último magnate. Y es que creo que no había leído mejor obra del autor desde El gran Gatsby, uno de los libros que más me han marcado en toda mi vida y que es uno de mis libros favoritos. Estamos quizás ante la obra, aunque inacabada, más madura de Fitzgerald. El protagonista ya no es un joven atormentado, que busca el amor y el dinero a toda costa y que necesita ver cumplidos todos sus deseos. Ya no es el personaje prototipo del autor, quizás por ser esta su último libro… Aunque en cierto modo sí que lo es… ¿Acaso no lo somos todos en algún momento de nuestras vidas? Stahr es un productor de cine que ama su trabajo, con el que está obsesionado, y del que están enamorados decenas de compañeros, que o bien le admiran o bien le odian, y cientos de mujeres, que sueñan con estar a su lado. Pero él es incapaz de pensar en los demás, porque solo puede pensar en una persona: Minna Davis.

Aunque esta parezca una premisa sencilla, de ahí parte toda la trama de la novela y nos encontramos ante un personaje con una coraza durísima, bajo la que esconde miles de sentimientos. Dolor, incapacidad de afrontar la pérdida, el amor insatisfecho y el fracaso en una faceta de su vida que le ha obligado a dedicarse por completo a su trabajo y a obsesionarse con él. Un personaje muy complejo que Fitzgerald desarrolla bastante bien a lo largo de las apenas páginas que contiene El último magnate, y que complementa junto a otros personajes y otros elementos que la convierte en una maravilla pese a estar inacabada… Una historia tremendamente humana sobre lo peor y lo mejor del ser humano y que hace tanto disfrutar, como reflexionar y sufrir junto a sus protagonistas. En especial, junto a Stahr, a quien yo al menos, he llegado a comprender y empatizar con él a medida que avanzaba los capítulos.

Y además de ser una historia sobre la pérdida y nuestra incapacidad de superarla, es una historia sobre Hollywood y su gran poder de absorción en los años 20 y 30. Es increíble cómo retrata sus más oscuros secretos y sus curiosidades desde muy dentro. Y esto me ha resultado muy curioso, porque siempre he amado el cine y cómo Hollywood es capaz de fascinar a todo el mundo a través de una máscara, ya que muy pocas personas conocen todo lo que se encuentra detrás de tanta majestuosidad: un mundo lleno de intereses, dinero de por medio y mucha, mucha infelicidad de aquellos que (al menos, un siglo atrás) trabajan y se dejan en la vida en él.

Estamos ante una obra muy, muy interesante, que me ha mantenido pegada a sus páginas desde el principio y que engancha por su historia, sus personajes y los temas trascendentales que trata. Una novela que no es muy densa y que condensa en muy pocas páginas demasiados sentimientos, tanto positivos como negativos. Así que, os puedo decir, que esta es una maravillosa elección para sentir de verdad con una lectura. Y también recomiendo su serie de televisión, con potencial a pesar de haber sido cancelada tras su primera temporada (quizás por no haber sido promocionado como debería o no ser demasiado comercial…). Merece realmente la pena y a mí me ha enamorado, aunque no podría decir que supera a El gran Gatsby. Porque esta es insuperable.

 

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