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Interiorae, de Gabriella Giandelli

InterioraeLos días pasan, y nosotros no nos percatamos de que vivimos en un mundo rodeado de personas, de gente que tiene historias guardadas en su interior, y que en el momento en el que salen a la luz, pueden desbaratarlo todo. Millones y millones de cerebros que se mueven a un mismo compás, pero que sin embargo piensan diferentes. Y nosotros, curiosos como somos, a veces nos gustaría poder mirar por la rendija de la cerradura de las casa ajenas, para saber de primera mano qué es lo que sucede en aquella casa donde las persianas están casi todo el día bajadas, o qué es lo que pasa con esa pareja que siempre sale de casa por separado, pero que vuelven juntos, de la mano. Porque en el interior de todos nosotros vive un pequeño personaje inquieto que nos anima a querer saber, a inventar cómo serán las vidas de los demás. En cierta forma, eso es lo que nos hace lectores, ¿o no?

Os presento una oportunidad única para mirar a través de las paredes, para entender lo que sucede en un pequeño edificio, donde las vidas de varias personas se cruzan y se descruzan, creando un universo que, a veces, sólo puede ser entendido por seres imaginarios.

 

Mi acercamiento al mundo del cómic o la novela gráfica, viene ya de tiempos lejanos. Quizá me acercaría a la veintena cuando descubrí que, a parte de los libros, había otra forma de contar las historias en imágenes. “Interiorae” es uno de esos relatos que bien podrían ser una novela, que bien podría haber tenido páginas y páginas que llenar, pero que con una sola página nos cuenta en imágenes todo lo que necesitamos saber de los personajes que aparecen en ella. Y es que en esta novela gráfica sobre las vidas que se tejen bajo las cuatro paredes de cada casa, encontramos tantas existencias, que sería imposible describir con precisión la marea de sensaciones que provoca. De hacerlo, es muy posible que caiga en el absurdo más absoluto, pero al menos intentándolo, sólo un poco, sin pretender quitarle ni pizca de brutalidad a su contenido, podría decir que el edificio y los seres humanos que lo rellenan somos todos nosotros transformados en imágenes, en conversaciones que podremos mantener, más tarde o más temprano, con nuestros familiares, con nuestra pareja, con los amigos que aparecen invitados a una cena particular. Y es que en un océano donde nosotros, los peces, nadan sin rumbo fijo, es increíble comprender como las personas que nos rodean pueden esconder tantos secretos, tantos silencios que dicen más que las palabras, y tantas miradas que huyen de una crítica.

Puede que no sepa nunca cuál fue el motivo que hizo a Gabriella Giandelli a escribir esta novela gráfica. Quizá no sea necesario. Porque es muy probable que todos y cada uno de nosotros saquemos una conclusión diferente en nuestra primera lectura, para seguir con otra en la segunda, y acabar con una diametralmente distinta en la tercera. Y es que así como las grandes novelas nos transportan a una vida paralela que podríamos vivir, estamos ante una novela en imágenes donde la nieve que se posa en nuestra ventana podría reflejar nuestras lágrimas, donde un simple baño puede limpiar todos y cada unos de los contratiempos del día, o donde lo que creíamos que era cierto, no lo sea, por el simple hecho de que nuestra mirada no ha sido lo suficientemente limpia.

Vivimos en un mundo donde la curiosidad es un motivo, casi un objetivo por el que nuestros ojos, nuestros oídos, y nuestros sentidos en general, están dirigidos a contemplar. Pero muchas veces, somos nosotros mismos los que no tenemos la capacidad de ver realmente. Por eso, historias como “Interiorae” nos proponen una visión real, una visión sin contaminación, sin las nubes negras que la experiencia nos ha dado, para entender mejor a aquello que nos rodea, sea animado o inanimado, y para comprender, de una vez por todas, que por mucho que lo pretendamos, no estamos solos en este universo que, como si fuera un ovillo de lana, nos hace unirnos a diferentes hilos y a querer soltarnos por el miedo a sentirnos acompañados.

Es esta una historia de lo que podría suceder en cualquier edificio del mundo. Un edificio donde las vidas se quiebran, donde las vidas se unen, donde las vidas desaparecen pero siguen permaneciendo, porque lo más importante, lo que tenemos que entender por encima de todo, es que nunca se vaya nuestra propia esencia.

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